Yo, Argentina, la madre tierra, tengo una larga vida. Me homenajean por que hace 200 años terminamos con uno de los coloniajes europeos iniciado en 1516 cuando Solís entró en el río color de león.
Mi vida es milenaria. Nací en las pampas inmensas, entre mar y ríos. Me adornaron con paisajes de maravilla, dicen que cuando Dios creó la tierra me dio lo mejor de su creación, aunque no voy a agregar lo que algunos dicen de este gesto, porque no lo creo.
Fui la mujer de las eternas y múltiples pariciones. Podría armar una pirámide a partir de las primeras generaciones hasta las actuales, las de abajo van sosteniendo a las nuevas que contienen los de las anteriores y forman un compacto de argentinitos.
Me duelen sus destinos . Una madre se siente muy mal cuando sus hijos sufren. Como mis pilagá en Formosa, por ejemplo, que siguen siendo masacrados, aplastados por los diferentes gobiernos que buscan sus tierras para negociarlas. No puedo creer que pasen los tiempos y sigan pobres, con hambre. Y eso que cuando eran chicos les di la tierra para que la gozaran no para que la sufrieran.
Tengo otros chicos ellos sufren de negritud. Su piel es marrón o castaña, sus cabellos renegridos y gruesos, la gente los rechaza, porque no son blancos puros, no son rubios y encima vienen de lo más hondo de mis entrañas. Les di la luz al pie de la inmensa cordillera en muchos casos, pero parece que del otro lado los rechazan y eso que todos son mis hijos. Le llaman cabecitas negras. Se ganan la vida en las minas, en el levante de las cosechas, van de provincia en provincia de un lado al otro, dejan los pueblos sin hombres. Menos mal que estoy YO para sostener a esas madres del abandono y en muchos casos de la prostitución. Mi mirada los sigue con dolor. Los ve sentados con las piernas colgando en los acoplados sin contención, rumbo a sus diferentes destinos, en Misiones, en Santiago del Estero, por ejemplo. Los ve en medio de la selva semidesnudos, esperando la vianda provincial que les amaine el hambre. Les dicen vagos, no los veo así, si en cuanto encuentran una changa enseguida se anotan para conseguir moneditas. Por mediados del siglo XX se apostaron en uno de mis costados el que se apoya en un puerto que - entre nosotros- me da mucho trabajo por que quiere quedarse con todas las ganancias que dejan las entradas y salidas de sus barcos; y eso no puede ser. Los muchachos llegaron en camioncitos cargados de sus muebles y arriba de ellos mis choznos. Buscaban trabajo. Algunos los consiguieron, otros se amontonaron en las villas miserias, que le llaman. Una de mis hijas, convertida en mito les llamó “mis grasitas” y les entregó un certificado de “Dignidad”. Les cuento que yo adopté hijos, los hijos del corazón, los inmigrantes. Hice los trámites en diferentes épocas. En la colonial los españoles dejaron esa tonada que con el tiempo se fue yendo: se confundían las voces y tonadas de los nacidos de mí y de los llegados de afuera, en muchos casos luchaban juntos sin diferencias de voces.
Mucho después vinieron en aluvión, como decía mi hijo José Luis Romero, europeos y algunos asiáticos y tuve que hacer esfuerzos para alimentarlos a todos, aunque se dieron maña y salieron adelante.
Y siguieron llegando, sobre todo después de cada una de las dos terribles guerras mundiales del siglo XX y otra vez, yo les abrí mis brazos y los defendí cuando los discriminaban mis propios hijos. Les decían galleguitos, gringos, turquitos. Como ahora, en este Bicentenario también les dicen “paraguas”, “bolitas” “chilotes” a los que como nosotros son latinoamericanos.
La gloria
Tuve hijos célebres y otros que no figuran en ningún libro, ni en monumentos, ni en nada.
Los más antiguos los originarios son recordados en algunos lugares, por suerte, junto a sus lanzas o artesanías. Con el paso del tiempo José Francisco es llamado El Libertador, comandó ejércitos, como Manuel, que lo mandé a España a estudiar Leyes y terminó combatiendo en los campos de batalla. Martín Miguel, pobre, murió joven, en mi norte, no dejó pasar a ningún maturrango. Gracias a ellos mis nuevos hijos me vieron en Libertad. Tuve escritores que nos ayudaron a organizarnos mejor, como Juan Bautista, aunque estuvo poco conmigo porque anduvo más por Europa. Eso de que los hijos se van… Como Julio que me mandó desde París su rayuela, o Atahualpa, siempre de gira o Astor que volvió para morir.
Y qué decir de mis nobeles, más conocidos por sus apellidos que por sus nombres de pila: Saavedra Lamas, Houssay, Leloir, Milstein, y el más reciente Pérez Esquivel siempre comprometido, siempre en la militancia por la paz.
Mis anónimos construyeron casas, hicieron sus ladrillos, cubrieron de montes la llanura, aprovecharon las aguas de los ríos, fueron maestros, poetas, jardineros, músicos, pescadores, deportistas, ovejeros, enfermeros, médicos, chacareros. Tantas cosas que sería largo enumerar, lo mismo que los millones de mujeres con sus trabajos visibles e invisibles.
Yo soy así
Soy latinoamericana, de mis hermanos me quedan los dolores de los genocidios europeos, aunque no nos pudieron sacar todo, la raza aparece en cada instante. También como ellos sufrí dictaduras infernales, que nos llenaron de miedo. Yo trataba de darle fuerza a mis hijos aunque espantados se iban allende el Atlántico a buscar seguridad y yo me quedé acá entre miedos y dolores. No sé cómo he podido superar tantas crisis. Pero sigo pariendo nuevas generaciones que al ritmo rockero y de las marchas de la bronca vuelven a hacer vigentes sus pensamientos liberadores, las nuevas esperanzas. Entonces yo me desperezo en mi largo lecho de tierra y agua y siento que no todo está perdido y le mando guiños a los “hacedores” y a los “creadores” que vuelven a resurgir en sus herederos, envueltos en el mundo de la tecnología, de las nuevas ciencias, de la modernidad que algunos le llaman “líquida”.
Sé que mi nombre definitivamente tiene su fuerza. Ya no soy más la gobernación o el virreinato de las tierras de la plata. Después de un largo trayecto me impusieron el nombre definitivo, el de pila, el que me faltaba, el de República Argentina. La cosa pública, la que organiza, la que exige la renovación de sus gobernantes, la comunicación de los actos de gobiernos. YO, le aseguro, que cuido y cuidaré a mis descendientes para que no se corrompan y para que no le teman a los sacrificios por una vida mejor. Los apoyaré si, con el compromiso de volver a construir, deciden destruir lo que hicimos. YO, la madre tierra, la pacha mama voy a sostenerlos como siempre. Creo que así voy a poder recorrer tranquila los caminos de la libertad sin miedo al desengaño.
viernes, 15 de abril de 2011
sábado, 12 de febrero de 2011
Un brindis por el Farolito
UN BRINDIS EN EL FAROLITO
No me fue difícil encontrar la paz.
Aseguro que la encontré a orillas del mar, ese mar de “sirenas y endriagos”, como diría Georgie.
Creo que es posible alcanzarla. Es el mar quien la ofrece.
La paz tiene presencia entre las olas de murmullo interminable y nada en las aguas espumosas, revuelve caracoles en la arena, aspira sal, se nutre de sabor a pez, de imágenes de pescadores y de catorce caballos arrastrando las lanchas.
Mira el cielo encapotado, lluvioso o resplandeciente. Cualquiera de ellos, no interesa, porque la simbiosis agua y espacio la fortalece.
Esa paz se halla en la nocturnidad que envuelve las casitas “de abajo”, ahí en la playa, en los bares portuarios o en las copas del tinto como las del “Farolito”.
¡Cómo me nutro con ella!. Porque ayuda a recuperar la memoria de la madre tierra y me hace sentir la fuerza que da la pertenencia a un lugar. Me enriquece la selección de circunstancias que generan reminiscencias de seres anónimos y notables, quienes durante su
vida rescataron el transcurrir del pueblo marítimo. Y siento que no deben olvidarse, porque
son nutricios.
La paz se sienta en el médano a la sombra de un tamarisco o se alimenta de recuerdos de una estancia grande devenida en escuela y después en tapera.
La paz se nutre de los vientos. Se refugia en el faro, en los árboles, se bambolea en la bandeja de un mozo, salta en las cascadas del arroyo que transita entre la aldea marítima.
Por todo esto, la paz puede ser varón o mujer, ya que la eternidad no hace distingos de género, se corporiza y hasta tendría un nombre significativo: Aníbal, porque es el que más fácilmente se asemeja al mero mar de Almejas y sus gentes.
No hay otra designación para que la paz me llegue. La trae aquel caminante infatigable, de paso tranquilo. Aníbal Paz, un hombre de paz. Tal vez su anonimato resalta más esa virtud.
Persona que fue servicial, colaborador sin búsqueda de recompensas y que por sobre todo llevaba en sus entrañas el amor a su tierra.
¡Había que seguirlo en sus guiadas en el Museo!. Tenía una historia cierta para cada una de las fotografías, un hotel de madera sobre la arena, grupos de veraneantes con trajes de baño de los años cuarenta, lanchas de pescadores, piedras enormes en la costa, nueve chalés, igualitos, uno al lado del otro. La paz se reflejaba en sus decires de naufragios y de vidas robadas por la insolencia de las marejadas.
Investigador paciente, su trabajo se evidenciaba en los planos, en los mapas cronológicos, en la clasificación que realizaba de los elementos
El mar estaba sereno dentro de las cuatro paredes del museo. El pasado contenido en él.
Yo sentía mi identificación con el lugar porque acentuaba mi pertenencia a otras
distancias . Me crié junto a una bahía blanca que iluminaba mis veranos y me volvía contemplativa en los inviernos, por eso no tengo anécdotas de Almejas que me gratifiquen con sus recuerdos; pero sí soy del agua, de la sal, de la turbulencia de las olas.
Cuando llegué a la orilla de ese mar y mis pies descalzos recibieron el cosquilleo del agua, renació en mí lo marítimo de la infancia y la sensación de inmensidad de entonces me colmó totalmente. Ya no pude dejar de amar ese paisaje infinito y sus gentes. Me detuve a valorar las historias cotidianas de algunos de sus pobladores, dado que muchos de ellos llevan esa sensación interminable que crea la simbiosis de sal y agua.
Por eso pretendo rescatar imágenes de Don Aníbal Paz, seguirlo con la imaginación en sus diarias caminatas mañaneras por la costa, con la mirada puesta en el vuelo de las gaviotas; cruzándose quizás con el dinamarqués Cristian, solitario pescador convertido en mito o acodado en su adorado bar El Farolito presto a servir a sus fieles parroquianos.
¡Cuántas veces don Aníbal se habrá inclinado para devolver al mar los caracoles que las mareas dejaban!. Joven Aníbal Paz trabajando de mil cosas en los pueblos aledaños. Niño curioso oteando la vida de los estancieros, sin broncas ni resentimientos.
El museo de Almejas, que lleva su nombre, fue trasladado a un espacio de la terminal de ómnibus. Su ubicación está lejos de ser lugar de llegada, de encuentro, de búsqueda, de gozo. Diría Sarlo, es un “no lugar”, con las implicancias de una sala de espera.
Y bueno, don Aníbal, aquí va mi recuerdo y mi agradecimiento por su ayuda en mi trabajo. Y a través de usted incluyo a tantas vidas silenciosas que yugan entre la arena y el vendaval, en la pesca riesgosa, en el manejo de máquinas. Sembradores de vegetación, laburantes de sol a sol, habitantes eternos de la costa.
Soñadores de la soledad que sólo añoran la paz
No me fue difícil encontrar la paz.
Aseguro que la encontré a orillas del mar, ese mar de “sirenas y endriagos”, como diría Georgie.
Creo que es posible alcanzarla. Es el mar quien la ofrece.
La paz tiene presencia entre las olas de murmullo interminable y nada en las aguas espumosas, revuelve caracoles en la arena, aspira sal, se nutre de sabor a pez, de imágenes de pescadores y de catorce caballos arrastrando las lanchas.
Mira el cielo encapotado, lluvioso o resplandeciente. Cualquiera de ellos, no interesa, porque la simbiosis agua y espacio la fortalece.
Esa paz se halla en la nocturnidad que envuelve las casitas “de abajo”, ahí en la playa, en los bares portuarios o en las copas del tinto como las del “Farolito”.
¡Cómo me nutro con ella!. Porque ayuda a recuperar la memoria de la madre tierra y me hace sentir la fuerza que da la pertenencia a un lugar. Me enriquece la selección de circunstancias que generan reminiscencias de seres anónimos y notables, quienes durante su
vida rescataron el transcurrir del pueblo marítimo. Y siento que no deben olvidarse, porque
son nutricios.
La paz se sienta en el médano a la sombra de un tamarisco o se alimenta de recuerdos de una estancia grande devenida en escuela y después en tapera.
La paz se nutre de los vientos. Se refugia en el faro, en los árboles, se bambolea en la bandeja de un mozo, salta en las cascadas del arroyo que transita entre la aldea marítima.
Por todo esto, la paz puede ser varón o mujer, ya que la eternidad no hace distingos de género, se corporiza y hasta tendría un nombre significativo: Aníbal, porque es el que más fácilmente se asemeja al mero mar de Almejas y sus gentes.
No hay otra designación para que la paz me llegue. La trae aquel caminante infatigable, de paso tranquilo. Aníbal Paz, un hombre de paz. Tal vez su anonimato resalta más esa virtud.
Persona que fue servicial, colaborador sin búsqueda de recompensas y que por sobre todo llevaba en sus entrañas el amor a su tierra.
¡Había que seguirlo en sus guiadas en el Museo!. Tenía una historia cierta para cada una de las fotografías, un hotel de madera sobre la arena, grupos de veraneantes con trajes de baño de los años cuarenta, lanchas de pescadores, piedras enormes en la costa, nueve chalés, igualitos, uno al lado del otro. La paz se reflejaba en sus decires de naufragios y de vidas robadas por la insolencia de las marejadas.
Investigador paciente, su trabajo se evidenciaba en los planos, en los mapas cronológicos, en la clasificación que realizaba de los elementos
El mar estaba sereno dentro de las cuatro paredes del museo. El pasado contenido en él.
Yo sentía mi identificación con el lugar porque acentuaba mi pertenencia a otras
distancias . Me crié junto a una bahía blanca que iluminaba mis veranos y me volvía contemplativa en los inviernos, por eso no tengo anécdotas de Almejas que me gratifiquen con sus recuerdos; pero sí soy del agua, de la sal, de la turbulencia de las olas.
Cuando llegué a la orilla de ese mar y mis pies descalzos recibieron el cosquilleo del agua, renació en mí lo marítimo de la infancia y la sensación de inmensidad de entonces me colmó totalmente. Ya no pude dejar de amar ese paisaje infinito y sus gentes. Me detuve a valorar las historias cotidianas de algunos de sus pobladores, dado que muchos de ellos llevan esa sensación interminable que crea la simbiosis de sal y agua.
Por eso pretendo rescatar imágenes de Don Aníbal Paz, seguirlo con la imaginación en sus diarias caminatas mañaneras por la costa, con la mirada puesta en el vuelo de las gaviotas; cruzándose quizás con el dinamarqués Cristian, solitario pescador convertido en mito o acodado en su adorado bar El Farolito presto a servir a sus fieles parroquianos.
¡Cuántas veces don Aníbal se habrá inclinado para devolver al mar los caracoles que las mareas dejaban!. Joven Aníbal Paz trabajando de mil cosas en los pueblos aledaños. Niño curioso oteando la vida de los estancieros, sin broncas ni resentimientos.
El museo de Almejas, que lleva su nombre, fue trasladado a un espacio de la terminal de ómnibus. Su ubicación está lejos de ser lugar de llegada, de encuentro, de búsqueda, de gozo. Diría Sarlo, es un “no lugar”, con las implicancias de una sala de espera.
Y bueno, don Aníbal, aquí va mi recuerdo y mi agradecimiento por su ayuda en mi trabajo. Y a través de usted incluyo a tantas vidas silenciosas que yugan entre la arena y el vendaval, en la pesca riesgosa, en el manejo de máquinas. Sembradores de vegetación, laburantes de sol a sol, habitantes eternos de la costa.
Soñadores de la soledad que sólo añoran la paz
lunes, 29 de noviembre de 2010
HIPOLITO YRIGOYEN Y EL TANGO
HIPOLITO YRIGOYEN Y EL TANGO
Tenemos el honor de invitarlos al acto de presentación del libro que el musicólogo Mario Valdéz y el Doctor Pablo Darío Taboada titularon "Hipólito Yrigoyen y el Tango", que se hará el 02-12-2010 a las 19:00 la Capital Federal,en el Comité Provincia UCR, Paseo Colón 669 (entre MéJico y Chile), en donde a los dos investigadores acompañarán la Licenciada Edit Gallo, prologuista de la obra; el Dr. Diego Barovero, epiloguista del
trabajo; el eminente constitucionalista Alberto González Arzac; el Contador Gustavo Calleja, de La Plata; la Licenciada Stella Gil de Jiménez, de Tres Arroyos; el Psicólogo Social Carlos Taboada, deAvellaneda, y los Doctores Eduardo Bouzas y Hugo Perri, del Barrio
porteño de Flores. Luego del acto se presentará un Recital Yrigoyeneano en el que actuarán conducidas por el Maestro Mario Valdéz
dos intérpretes de lujo como lo son la temperamental Florencia Presedoy la exquisita Livia Comerci.
El escrito sobre Tres Arroyos se titula “Antonio Maciel , el tresarroyense”
Será un gran honor, reiteramos, tenerlos presentes en este acto de Historia y de Tango.
Stella Maris Gil de Jiménez
Tenemos el honor de invitarlos al acto de presentación del libro que el musicólogo Mario Valdéz y el Doctor Pablo Darío Taboada titularon "Hipólito Yrigoyen y el Tango", que se hará el 02-12-2010 a las 19:00 la Capital Federal,en el Comité Provincia UCR, Paseo Colón 669 (entre MéJico y Chile), en donde a los dos investigadores acompañarán la Licenciada Edit Gallo, prologuista de la obra; el Dr. Diego Barovero, epiloguista del
trabajo; el eminente constitucionalista Alberto González Arzac; el Contador Gustavo Calleja, de La Plata; la Licenciada Stella Gil de Jiménez, de Tres Arroyos; el Psicólogo Social Carlos Taboada, deAvellaneda, y los Doctores Eduardo Bouzas y Hugo Perri, del Barrio
porteño de Flores. Luego del acto se presentará un Recital Yrigoyeneano en el que actuarán conducidas por el Maestro Mario Valdéz
dos intérpretes de lujo como lo son la temperamental Florencia Presedoy la exquisita Livia Comerci.
El escrito sobre Tres Arroyos se titula “Antonio Maciel , el tresarroyense”
Será un gran honor, reiteramos, tenerlos presentes en este acto de Historia y de Tango.
Stella Maris Gil de Jiménez
miércoles, 10 de noviembre de 2010
¿Qué nombre le ponemos?
En el Bicentenario
¿QUÈ NOMBRE LE PONEMOS?
Escribe Stella Maris Gil
e
PONER LA MIRADA EN ALGO COTIDIANO NO GENERA INTERÈS, EN ESTE CASO EL NOMBRE DE LAS CALLES. SIN EMBARGO, TODO TIENE SU SIGNIFICADO.
Muchas veces se eligen denominaciones por decisiones políticas, como el primer nombre que tuvo la plaza San Martìn: Màximo Paz por ese entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires. Es cosa de seguir hurgando y muchas de este tipo de situaciones se van a repetir.
En otras ocasiones la sola palabra inspira respeto. Jorge Luis Borges en su cuento “Funes el memorioso” ponderaba los gloriosos servicios que “don Gregorio Haedo, mi tìo…había prestado a las dos patrias en la valerosa jornada de Ituzaingò”. Ahì aparece nuestra calle, esa como también decía el escritor “del arrabal sudamericano” en este caso ferroviaria, fundacional, orillera en su momento. Lugar de fondas, de sonidos de carros, de casas centenarias, de lugares de festejos, de fiestas de trigo, de murgas, de artesanos, de mùsicos.
Ituzaingò fue la batalla que puso fin, en 1827 a la guerra que sosteníamos con el Imperio de Brasil. Ahì salieron victoriosas las “dos patrias” , los rioplatenses de las dos bandas guiados por Carlos Marìa de Alvear secundado por militares como Lavalle, Paz, Lavalleja, Brandsen. Ganamos en las tierras de Rìo Grande del Sur, pero los diplomáticos no respetaron el triunfo y perdimos la Banda Oriental que fue declarada independiente, siguiendo la política de los “estados tapones” impulsada por Gran Bretaña.
En honor a esta jornada se compuso la marcha Ituzaingò que fue declarada atributo presidencial, por tanto, sus sones anuncian la presencia de nuestros jefes de Estado.
Grande el nombre para esta calle custodia de una estación de Ferrocarril a la espera de un resurgimiento esencial para el desarrollo del país. Serà otra batalla para no perder.
Los antiguos vecinos tresarroyenses Hay lugares donde aun quedan registrados en alguna chapa los antiguos nombres, como Piedras, hoy Sebastiàn Costa, pionero local. Los recuerdos de antiguos pobladores, existen. Pedro Nolasco Carrera es uno de ellos. Istilart tiene su calle desde julio de 1934, año de su muerte, justo en la calle que èl tanto recorrió. Se inicia con el ex Banco Comercial, al que salvò de la quiebra en la crisis de 1930 mediante acuerdos con los accionistas y una clara postura empresaria. A media cuadra la Biblioteca Sarmiento parece recordar a su benefactor.
Betolaza director de La Voz del Pueblo y político vivìa al 200 de esa arteria y casualmente en la primera cuadra fue objeto de un atentado en enero de 1917. Eran épocas de duros enfrentamientos, de portación de armas, por si hubiera algún encuentro desagradable, de duelos por ofensas infringidas. Nada tranquilo el ambiente. Falleciò al mes siguiente. Poco después se impuso su nombre a cambio de Lucio V. Lòpez que en ese entonces se extendía también hasta Gûemes.
En 1952 tomò el nombre de Eva Peròn, mientras que la actual Lucio V. Lòpez pasò a llamarse Peròn. El golpe militar de 1955 restituyò las anteriores denominaciones.
Y sigue la lista de los nombres locales, pero hubo otros cambios.
El bulevard Norteamèrica pasò a llamarse Almafuerte, aquel poeta-docente autor de versos como este: “No te des por vencido ni aun vencido, no te sientas esclavo ni aun esclavo, trémulo de pavor muéstrate bravo y acomete feroz ya mal herido”.
El bulevard Sudamèrica cambiò su nombre por el de Florentino Ameghino en su centenario. El naturalista, paleontólogo, escribió el libro sobre el origen del hombre bonaerense. Sus `propuestas siguen siendo tenidas en cuenta y que mejor que su mención en esta tierra que guarda en sus entrañas los restos fòsiles de antepasados milenarios, como es el caso del Yacimiento de Arroyo Seco.
Repùblica pasò a ser Gûemes , Victoria: Olivero Duggan y Comercio: Estrada quien fuera un protagonista activo y pleno de propuestas en la Legislatura Nacional, polemista, inquisidor, ferviente católico y por tanto adversario de las medidas tomadas por los gobiernos de ese entonces, en plena Generaciòn del 80, como por ejemplo la Ley de Matrimonio Civil y la Ley de Educaciòn Comùn 1420. Representò al país como diplomático y dejó libros que reflejan el pensamiento de esa época. Falleciò un 17 de setiembre . Por eso el dìa del Profesor se festeja en esa fecha.
Otra calle que cambiò de nombre fue Buenos Aires. Durante el primer gobierno peronista, se convirtió en avenida del Trabajador fiel reflejo del paso de los obreros que iban y venían de las fàbricas en esos años de esplendor industrial tresarroyense.
Josè Fèlix Uriburu, cabeza del golpe cìvico-militar de 1930 a quien se recuerda como pionero de los gobiernos de facto que asolaron al país hasta 1983 tuvo su calle, su equivocado homenaje. Hasta que el 25 de junio de 1948 se restituye el nombre de 1810.
A Hipòlito Irigoyen lo tenìan a mal traer. Lo cambiaron por Independencia, a partir de su derrocamiento como Presidente de la Naciòn, castigo completo. En 1948 vuelve su nombre a la calle.
La lista puede extenderse pero aquí la dejamos y pasemos a una incógnita.
20 DE ABRIL
No se sabe a ciencia cierta cual es el motivo de su nombre, tal vez algún ciudadano pueda aclararlo.
Nace en la avenida Moreno a una cuadra de la Estatua de la Libertad. Pero ¿a què se debe tal denominación?.
Ese dìa en diferentes fechas nacieron el pintor Joan Mirò, Mahoma y Adolfo Hitler. ¿Serà por los dos primeros pues el tercero es innombrable?. Nadie sabe dar alguna explicación y menos los archivos.
Algunos estudiosos de Tres Arroyos como el profesor Nicolàs Sabatini o el periodista Bernasconi suponen que puede ser por Juan Josè Carrere.
Fue periodista y director de la Voz del Pueblo, político y por sobre todo Poeta . ¡Y què poeta!.
Tenìa un carácter fuerte, inconformista al decir del Dr. Ricardo Fernàndez en su artículo de La Voz del Pueblo en 1977.
Habìa nacido en Benito Juarez pero desde niño se radicò en Tres Arroyos. Tuvo grandes amigos, entre ellos Betolaza y Juan Bautista Istilart. Justamente con este, realizaba largas caminatas por la ciudad. Ese sábado 20 de abril de 1918 luego del habitual recorrido los amigos se separaron en la esquina de la casa de Istilart, hoy Club Municipal. A los pocos minutos se oyò un disparo. Otro atentado pensó el industrial y corrió desesperado. Era tarde, Carrere se había disparado un tiro en el corazón. Tenìa 29 años.
El 30 de marzo poetizaba “Hoy que es un dìa de julio húmedo y frìo, melancólico y gris; meditando en los juegos de la vida, he sentido deseos de morir…”. No pudo esperar a julio.
Los vecinos amigos y adversarios llevaron en andas sus restos desde su residencia en Chacabuco 22 hasta el cementerio.
Còmo expresaba Fernàndez ¡Merecìa ser llorado; por hombre y por poeta!.
Dejemos las suposiciones y salgamos de la ciudad cabecera
LOS PUEBLOS DEL MAR
En ellos el paisaje se mezcla con los nombres de las calles
Reta utiliza números. Hubo una primera numeración y luego de l segundo loteo una renumeraciòn según consta en Catastro. Sin embargo los vecinos utilizan algunos nombres que aparecen en los planos. Està la avenida Stella Maris, patrona de los marinos. De la rotonda de Los Junquillos y la avenida del Pescador, salen en dirección al mar .
Hacia el Norte están Los Limoneros, Los Naranjos y Los Nogales. Toda una nomenclatura que se mezcla con perfumes, leyendas e historias de antiguos pescadores.
En Punta Desnudez, el balneario de Orense la vegetación genera denominaciones. De la plaza de La Concordia salen Los Sauces, Las Cortaderas, Los Cedros, Los Cardos, Los Aromos y las rodean Las Acacias, Los Eucaliptus, Los Alamos. Hacia el Este están Las retamas, Los Cipreses, Los Cedros, las Algas Marinas y Los Lìquenes. Hay mezcla de verde y mar, hay identidad con la tierra.
Claromecò también posee numeración, pero algunas han sido bautizadas al decir de Anibal Paz. Juan Bellocq es la 28 que se cruza con la 11: Alonso Nieto. La calle màs vieja que tiene nombre es la 9: Leopoldo Mulazzi. Màs cerca en el tiempo la 26 se llama Emiliano Garcìa “un buen trabajador de la Sociedad de Fomento”. El Pasaje Bernardo Delgado no tiene número “Fue un obrero de la época del `30 –comentaba-, pionero, trabajaba en la Sociedad de Fomento, tenía un chalet abajo, de los primeros, trabajaba con la pala de buey, no habìa màquinas, no habìa nada. Todo està autorizado por el Consejo Deliberante”. Un reconocimiento a los pioneros.
Asì entre nombres y números los pueblos se identifican y muchas veces se reconocen en sus decisiones.
¿Y vos dònde vivìs?.
stellamarisgil12.blogspot.com
Imàgenes
1) Colòn y Lucio V. Lòpez (luego Betolaza) en épocas de la fundación de La Perseverancia
2) Esquina de Brandsen y 1810 (en un tiempo denominada J.F. Uriburu). La Comisiòn de Patrimonio trabaja en el relevamiento de los bienes de dicha arteria).
3) Calle fundacional Ituzaingò guarda sonidos e imágenes de inmigrantes y trenes.
4) En 1935 la calle Maipù se perfilaba como una importante arteria comercial.
5) Vista de la avenida Moreno tomada desde la calle Maipù cuando era arbolada en su centro.
6) El City Hotel en la esquina de 25 de mayo y Lavalle
El misterio de los zaguanes
EL MISTERIO DE LOS ZAGUANES
Escribe Stella Maris Gil
Tres Arroyos posee casas con zaguanes de una riqueza inestimable. Algunos están bien conservados, otros han sufrido el paso del tiempo pero mantienen su encanto. Es interesante asomarse a ellos.
“Los zaguanes antiguos eran espacios íntimos, de dos, tres, cuatro o más metros de largo, por uno y medio o dos de ancho…Los zaguanes eran como túneles comunicadores entre la vida callejera, el bullicio, y la vida interior, lo recoleto. A pesar de su angostura podían ser profundos e internarse prácticamente hasta el centro mismo de la casa, o de la manzana, según donde terminaran los patios” (Mempo Giardinelli. “El Santo Oficio de la Memoria”).
Hasta la puerta cancel se llega. Más allá está la intimidad de la casa.
En realidad son lugares fríos, sin calefacción.
Los deslices del amor
En las ternuras del amor el frío no se sentía; había mucha ebullición de la sangre que tornaba agradable la temperatura. Despedida y llegada del novio y nada más que novio, los amoríos circunstanciales no tenían acceso.
Como dijimos, estaba el momento único de la despedida de los novios, de las caricias en solitario, prestas a desaparecer cuando la puerta cancel se habría abruptamente y mandaba a la calle al candidato apasionado. La vigilancia de los mayores era estricta. “Basta de hacer zaguán, se acabó el momento de “pelar la pava” –se decía- dicho que marca el tiempo que lleva desplumar a dicha ave, suficiente para la despedida de los jóvenes. Una estancia mayor se suponía peligroso. Se cuenta que en la provincia de Entre Ríos se dictó una resolución policial que prohibía a las parejas estar en los zaguanes después de las 22 horas. ¿Sería tan peligroso, me pregunto?.
No se por qué será pero hay muchos vecinos de antaño que cuando se les dice ¡Oh los zaguanes! sonríen con picardía ¡qué recuerdos le traerá!.
Momentos de antesala
El zaguán, palabra de origen árabe-hispano: istawán, es el lugar de la casa destinado a pasajes, a pocos instantes. Diría Mac Auge, los no lugares.
En realidad no eran tan de paso.
Era el lugar de las confidencias, de lo que nadie tenía que saber, de los secretos. Sitio ideal donde las paredes no oyen.
Espacio de risas infantiles, del juego a la payana o a las figuritas cuando los chicos no podían salir al patio por alguna inclemencia del tiempo. Ruidos que generaban la alteración de los mayores si se producían a la hora de la siesta. Ahí estabas a resguardo de tus mayores y de las intromisiones de la calle. Desde allí podías ver toda la casa. Si no estaban colocadas las cortinas de macramé, tu mirada llegaba hasta el jardín. Hasta la puerta cancel se llega. Más allá está la intimidad..Alguna muchachita pasaba horas acurrucada en el piso, atormentada por una pena adolescente en esa semipenumbra solo iluminada por la banderola de la puerta de calle en rechazo de la luz que generaba la lámpara del techo.
Eran el acceso de muchas casas construidas en las primeras décadas del siglo XX. Tenían diferentes decoraciones según el caso. Después de la crisis del 30 se simplificó la construcción y ya no hubo más paredes revestidas con mosaicos con aves o sobre relieves de colores, altos techos con imágenes, lámparas de bronce y cristal.
Testimonios
Testimonio de S. –Cuando hay una persona que no conozco, la atiendo en el zaguán-.
Testimonio de J.: -En mi época ibas con un muchacho a tomar una copa o un café a La Perla y ya eras novio. Si a vos te gustaba alguien que estaba separado ¡listo! morías. En los zaguanes había besitos, nada más. Después aparecía el ogro del padre y el candidato salía disparado-.
Testimonio de V: - En la década del ´50 nos encontrábamos en el zaguán de las hijas de Borton en Chacabuco 529 y de allí partíamos para el centro, dábamos vuelta a la rambla de Moreno que era un poquito mejor ambiente que la “vuelta al perro”. La casa del encuentro se vendió; tuvo diversas intervenciones pero el zaguán sigue conservando los mosaicos azul Tiziano.
La mirada
Caminar y caminar por las calles de la región y percibir lo que hay hacia adentro, ese es el desafío para encontrar bellezas escondidas que sorprenden por su estética o los vestigios de otras, semidestruidas o las que fueron sometidas a sucesivas intervenciones.
jueves, 8 de abril de 2010
Bienvenidos
Gracias por compartir mis inquietudes.
Ayer una alumna del C.R.E.S.T.A. me regaló un libro escrito por su yerno Horacio Bollini "MISIONES JESUÍTICAS. Visión artística y patrimonia". Voces y emnlemas en las reducciones jesuíticas-guaraníes (1609-1768) de editorial Corregidor,parece muy bueno
Se refiere a mitos, alegorías, la construcción urbana y su trascendencia, etc.
El es ensayista y artista plástico
Cordiales saludos
Stella
Ayer una alumna del C.R.E.S.T.A. me regaló un libro escrito por su yerno Horacio Bollini "MISIONES JESUÍTICAS. Visión artística y patrimonia". Voces y emnlemas en las reducciones jesuíticas-guaraníes (1609-1768) de editorial Corregidor,parece muy bueno
Se refiere a mitos, alegorías, la construcción urbana y su trascendencia, etc.
El es ensayista y artista plástico
Cordiales saludos
Stella
martes, 6 de abril de 2010
Llegar a la escritura
Yo querìa escribir historia principalmente historia nacional y mezclarme un poco con la sociologìa, y "el hombre y su medio".
Estuve viendo a personas que se dedicaran a ello, en aquel momento fue el Decano de Humanidades de la Universidad de La Plata.
Fue muy claro, todavìa Internet estaba en pañales y la bùsqueda en los archivos se mostraba lejana y costosa. Por tanto, èl me decìa, què bueno serìa que se dedicara a la Historia regional con documentaciòn a mano.
Y aquì estoy haciendo algo. Me guiò Fèlix Weinberg de la UNS. Implacable, estricto con el tratamiento de los documentos, minucioso. Aprendì mucho de èl.
A veces salgo de la rigidez de las fuentes y sin perder la veracidad de los hechos busco amenidad y facilidad de lectura.
Me di cuenta que tenìa que dominar mejor el lenguaje escrito a pesar de mis dos libros publicados. Encontrè a Sandra que me ayudò mucho y la extraño cuando dudo como armar una oraciòn.
En fin todo es apasionante.
Los espero en este lugar
Estuve viendo a personas que se dedicaran a ello, en aquel momento fue el Decano de Humanidades de la Universidad de La Plata.
Fue muy claro, todavìa Internet estaba en pañales y la bùsqueda en los archivos se mostraba lejana y costosa. Por tanto, èl me decìa, què bueno serìa que se dedicara a la Historia regional con documentaciòn a mano.
Y aquì estoy haciendo algo. Me guiò Fèlix Weinberg de la UNS. Implacable, estricto con el tratamiento de los documentos, minucioso. Aprendì mucho de èl.
A veces salgo de la rigidez de las fuentes y sin perder la veracidad de los hechos busco amenidad y facilidad de lectura.
Me di cuenta que tenìa que dominar mejor el lenguaje escrito a pesar de mis dos libros publicados. Encontrè a Sandra que me ayudò mucho y la extraño cuando dudo como armar una oraciòn.
En fin todo es apasionante.
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