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domingo, 28 de septiembre de 2014

El inmigrante alemán



El inmigrante alemán
La región del sudeste bonaerense se fue poblando desde fines del siglo XIX, luego del alejamiento de pueblos indígenas. En ese entonces había una base de criollos ubicados en el caserío alrededor de los tres arroyos y en las estancias. Junto a ellos iban instalándose los extranjeros arribados de Europa y algunos menos de Oriente cercano.
Conocemos sus historias, también los lugares de origen. Entre ellos hubo alemanes. Y aquí me detengo.
¿Por qué? En el diario La Voz del Pueblo del sábado 20 de setiembre de 2014 leo que a la biblioteca inaugurada en Villa del Parque se la denominó Luis Meister, "en honor a esta gran persona que brindó más de 35 años de su vida a la función municipal en Paseos Públicos y Viveros, logrando dentro de sus obras nuestro querido Parque Miedan" la crónica concluye con que "hoy Don Luis está totalmente olvidado y su obra ignorada".
Concluida la lectura fui a mis archivos y de allí rescaté una entrevista que realicé a la hija del citado profesional, en octubre de 2001 y al capítulo 14 "La suburbanía" del libro de mi autoría "Construir la identidad" (Primera edición-2006).
En aquella ocasión visité a la señora Meister de Bach en su casa de la calle Pringles al 200, por la vereda del sol. Allí vivieron sus padres.
Sentada en un cómodo sillón del amplio living comencé a reconocer a don Luis a través de sus relatos.
En cierto momento se retiró a buscar una serie de grandes carpetas y la mesa se llenó de planos del Parque Cabañas, del Miedan, de la Plaza Italia y muchos más. Todos realizados en tinta china, con una precisión lograda de esa experta mano, con detalles referenciales, hitos importantes, señalización y algún dibujo de hojas de árboles. Mi padre -decía la señora Bach- "vivió para Tres Arroyos, exclusivamente para su labor. El trabajaba en la Municipalidad como director de Paseos Públicos, allí cumplía no las 8 horas sino 10 ó 12 horas por día. Luego se llevaba las carpetas a casa para seguir trabajando de noche, donde dibujaba y tenía más tranquilidad que en la Municipalidad".
Más adelante relata: "Mi papá era ingeniero en botánica. Fue el que proyectó toda la Plaza España...".
Nos detenemos a seguir con la mirada los vericuetos del proyecto privado del Parque Miedan ¡qué diseño magnífico! "Yo iba al Miedan cuando era jovencita, mi papá lo dirigía. Era muy lindo. Me acuerdo del dueño Amadeo Miedan y de sus hijos, del puentecito, de la rueda para sacar el agua", recordaba.
Meister lo trazó y fue inaugurado el 6 de enero de 1934. En Tres Arroyos, revista mensual, Organo de la Liga del Comercio e Industria (año VIII-N° 129. Marzo de 1934), se lee que "comprende dos hectáreas donde se han plantado más de doscientas variedades botánicas de árboles y arbustos, cuyo riego se efectúa por medio de acequias de mampostería con agua del arroyo extraída por medio de una rueda con cagilones cuya fuerza motriz la constituye la corriente del mismo arroyo. Cuenta este paseo con la siguiente ornamentación: una pérgola, un lago y arroyos artificiales, un alpinum, un puente rústico y una hermosa fuente de mármol de Carrara". Años después, en 1937 se levantó la casa de fin de semana a cargo del constructor Tersano.
"Los árboles alrededor de la Plaza Italia los trajimos mi marido y yo de Bell Ville, mi papá los puso en el Vivero Municipal y los plantó tiempo después, ¡mire qué arbolazos! Creo que son acacias, ahora están levantando el terreno". Y continúa con sus recuerdos "Remodeló la Plaza San Martín, es decir cambió todo el trazado, asfaltó los caminos interiores, todo nuevo, los planos con su firma deben estar en la Municipalidad...". "Diseñó hasta los bancos de madera de las plazas que ya no existen más".
Diría yo que fue el hombre que puso la ciudad color clorofila, árboles en varias calles, en la parte de adelante de la Chacra de Barrow, en la plaza de Orense, alrededor de la Plaza 3 de Febrero, en el Barrio Obrero, el cementerio, el club de La Previsión, en parques de varias chacras y muchos más diseños que pasaron por su afán.
Todo ello lo convirtió en un eficiente trabajador de la estética urbana y el medio ambiente durante más de tres décadas en emprendimientos públicos, debido a su cargo, y también privados. En su relato su hija dice que "él siempre sufría porque no tenía suficiente personal para mantener más lindas aún las plazas. Sufría mucho cuando de noche le robaban los rosales, las plantas enteras de las plazas. Eran tiempos difíciles aquellos".
Durante su gestión el Parque Cabañas recibió una inmensa cantidad de árboles, y él las señalizaba en el latín originario. El lugar se pobló de araucarias, palmeras (phoenis canadienses), acacias australianas, aguaribay, braquiquito, fruto precioso para ikebana (brachychiton). Hay muchas más especies que sería largo enumerar. Para allí inventó un sistema de riego "cascada, motores y bombas... mi papá era múltiple, para armar un parque así se necesita regar, entonces hay que pensar en el 'como'... no se ven las cañerías, en aquel tiempo los chicos de los alrededores se bañaban en el arroyo". En honor a él a la calle principal la denominaron Meister, como indicaba el cartel señalador en el trayecto. ¿Sigue colocado?

Pero ¿Quién era Meister?
Fue un inmigrante alemán llegado a la República Argentina en 1923. Vino huyendo de los horrores que dejó la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Dice su hija que "Alemania quedó muy deprimida y vinieron malas cosechas. No había trabajo. Entonces se decidieron por venir a la Argentina. Primero fueron a Entre Ríos, entonces mi mamá no aguantó el clima, venía de zona fresca, en el límite con Austria y aquí no aguantó".
El currículum que trajo de Europa lo indica graduado en la Escuela de Botánica y Agronomía. "Antes de lanzarse de lleno al ejercicio de su profesión quiso practicar los conocimientos del aula y actuó en carácter de voluntario, en el vivero de Hut, considerado uno de los más importantes de Alemania... Actuó en las construcciones de parques y jardines en diversos establecimientos de Weisbaden y Leipzig". Siguió en lo suyo como jefe de repartición del Parque Inglés y el vivero oficial del estado de Munich, hasta que la Primera Guerra lo lleva a los campos de lucha.

El alemán criollo
El pueblo natal de Meister estaba en la parte sur de su país. Sólo un río lo separaba de Austria, bastaba cruzarlo y ya estaba en ese territorio. Pero tuvo que emigrar de su tierra con mucho dolor en un viaje interminable a un país desconocido. Allá dejó a su hija, a la que recién pudo traer cuando ya estaba instalado y podía darle un hogar. Quiso mandarla a un colegio bilingüe inexistente, por tanto la pequeña hizo su primaria en la Escuela N° 1 frente a esa Plaza San Martín que estaría remodelando su padre.
Nunca dejó su lengua natal. De puertas para adentro, en su hogar, se hablaba alemán, fuera de ella: el argentino.
Pocas distracciones, trabajo y trabajo. En algunos de esos respiros iba con su esposa al Bar Munich en la calle 9 de Julio. Allí se reunía un grupo de inmigrantes de la misma nacionalidad y en el salón de atrás los hijos bailaban. Más allá en Independencia (hoy Yrigoyen) 170, el Bar Alemán daba cuenta de la existencia de algunos inmigrantes de esa nacionalidad.

Un creador
Como señalo en "Construir la identidad", "atrás de todo el verde hay una figura que hay que mantener en el recuerdo pues mucho trabajó en la zona, es la de Luis Meister. Así como Carlos Thays es nombre puesto en infinidad de parques, plazas y jardines del país, desde el Jardín Botánico de Buenos Aires hasta -por ejemplo- el Parque General San Martín de Mendoza, así también Meister está presente en el sudeste bonaerense".
Sin duda, las veredas de la ciudad guardarán los pasos de este hombre, mediana altura, de cabellos rubios y una cicatriz en la sien recibida cuando fue combatiente en la Gran Guerra de 1914-1918. Siempre vestía de traje jaspeado marrón y verde (qué casualidad ¿no?) cuando estaba fuera de servicio. Hombre de pocas palabras, tuvo una muerte trágica en 1959, el año de los festejos del 75° aniversario de la fundación de Tres Arroyos, la ciudad que ayudó a embellecer.

lunes, 8 de septiembre de 2014

El señor tecnología

EL SEÑOR TECNOLOGÍA
ESCRIBE STELLA MARIS GIL

Freedy era un estudioso de las creaciones tecnológicas que la mente humana iba generando a través del tiempo y sobre todo en las últimas décadas del siglo XX y la primera del XXI.
En su mesa de noche los libros técnicos eran parte de sus lecturas. Estudiaba y estudiaba, pensaba y creaba. Buscaba siempre la aplicación práctica, la utilidad.
En su enorme taller de Saenz Peña y Sargento Cabral pasaba parte de sus días, armaba televisores, reparaba artefactos, siempre atento a las últimas novedades que el mercado internacional ofrecía.
Su hijo Ariel  acota: “Mi viejo era tecnología pura…todos los hermanos nos criamos entre los cables”
Había nacido en 1937. Descendiente de inmigrantes alemanes, su infancia transcurrió  en el campo, en La Carlota, hasta que la familia tuvo que dejar el campo y debió empezar a trabajar para ayudarla, a pesar de sus 12 años, causa que luego le impidió completar sus estudios  en  la Escuela Industrial.
Con Mirta Iberlucía formó su hogar, tuvo sus hijos, disfrutó de sus amigos y su querido mar, allá en Claromecó.
No fue indiferente a las necesidades de la comunidad. Estaba inserto en los problemas cotidianos y allí acudía cuando lo requerían o cuando se enteraba de que alguien tenía dificultades.
Un 17 de agosto
Fredy era un devoto cristiano, llegó a ser Apóstol de la iglesia de la Religión Cristiana Argentina, cuyo templo está en Pellegrini 450.
Un 17 de agosto partió a las 5 de la mañana para Temperley en colectivo, con un grupo de fieles,  como eran muchos  agregaron dos combis más.
Era un fin de semana largo, con Feria nacional de Artesanos, festejos en honor de San Roque. En Rosario actuaban Les Luthiers y en Tres Arroyos lo hacían  Enrique Dumas y Silvio Soldán con el espectáculo “Las estrellas del tango” en el Teatro Municipal. Ulises Sanguinetti lograba  el subcampeonato nacional de media maratón y el tandilense Del Potro sumaba 19 victorias internacionales en fila.
La gente del campo se preparaba para retomar sus protestas junto a las rutas a raíz de la Resolución N° 125 y más allá de todo, el mundo seguía andando con enfrentamientos, invasiones y apetencias imperialistas. Rusia abandonaba su invasión en Georgia a pedido de la Unión Europea pero no sacaba sus tropas de allí.
Fue en ese día, que el colectivo, con los fieles de la Iglesia, se incendia en la ruta nacional N° 3, en las inmediaciones de la ciudad de San Miguel del Monte y fue también en ese momento donde se pudo apreciar la  dimensión de un hombre.
Fredy no se bajó del infierno en que se convirtió el ómnibus, se dedicó a ayudar  a los pasajeros para que bajaran rápidamente y salvaran sus vidas, uno a uno. Salvó a diez personas en total. Semiasfixiado cae en el pasillo y muere calcinado. Corría el año 2008 y la ciudad perdió uno de sus  hacedores.
Los caminos tecnológicos
Y sin embargo los caminos que hizo en el mundo de la electrónica y en el de su vida personal no se perdieron.
Para muestra tenemos el armado de los famosos tubos fluorescentes Por ser un estudioso de todo lo nuevo, fueron una de sus primeras experiencias técnico-comerciales .
El invento surgido en Estados Unidos fue patentado en 1927  y adquirido después por la General Electric quien lo sacó al mundo comercial en 1938. En Tres Arroyos Freedy prestó su atención a ellos.
  Su hijo dice “eran algo novedosos y papá llegó a armarlos aquí , a ensamblarlos, a ponerles el gas”.                                                                                                                                                               El camino de las comunicaciones. “Inventó un sistema de comunicación por radioteléfonos que después se convirtió en una Central. Estaba en el edificio Cosmos en la parte Sur. Mezclaba un transmisor con un teléfono y de esa manera lograba que se comunicaran desde el medio del campo a un teléfono fijo” o entre las lanchas pesqueras y desde ellas también a la costa. Durante el proceso cívico-militar iniciado en 1976 fue clausurada por fuerzas llegadas desde Bahía Blanca. Entre tantas intromisiones atacaron las comunicaciones porque era una vía de intercambio de ideas. “Mi viejo no lo usaba con ese sentido, le cerraron La Central de comunicaciones, tenía tres empleados, un lío grande”. Finalmente pudo demostrar que no era subversivo “y recuperó la licencia para trabajar como radiocomunicador”. La Central pudo seguir en funcionamiento. Junto con Ballone actualizaron el sistema hasta la llegada de  los celulares que  utilizó de inmediato. El sistema de radioteléfonos ya no tenía sentido y  no fue indiferente a su practicidad.
 “- ¡Atento Central!. ¡Atento Central!” y/o “-¡Habla fulano de tal del campo tal!”. Las voces se acallaron y Freddy siguió nuevos rumbos.
El camino de la televisión: No es el objetivo de este artículo hacer una historia de la televisión en Tres Arroyos, pero sí lo es, reconocer la intervención de Freedy en la misma.
Era un apasionado de las imágenes y trasmisor de saberes, lo atestigua su hijo Ariel que es “el primer camarógrafo de un canal de TV en Tres Arroyos” para quien su padre fue como un maestro.
Freedy intentó abrir un Canal de aire que iba a ser el primero en la región, repitiendo Canal 9 de Bahía Blanca e incorporándole programación local. Lo iba a hacer junto a otros socios. Nunca pudieron salir al aire. Fue una inversión fallida.
Cuando se instaló Tel3, la Repetidora local, en la década del ´60 se hizo cargo de ella. Incansable, atendía los envíos del Canal 7 de Bahía Blanca que permitía a los vecinos ver sus programaciones. Instaló la antena y “después le hacía el mantenimiento casi a diario en Irene…o sea si se cortaba el canal en medio de la noche”  tenía que ir a arreglarlo sea la hora que fuera.
Instaló los primeros canales satelitales que se veían en la región: en Claromecó, Oriente, la Cooperativa de San Francisco de Bellocq, etc. Eran unas antenas muy altas con una especie de parrilla arriba. Algunas todavía quedan. Dice Aymonino que fueron anteriores a la repetidora y que según el tiempo se podía mirar Canales de Mar del Plata o de Bahía Blanca...de acuerdo al tiempo.
Tuvo mucho que ver con el inicio de Canal 2, Televisora Color  de Tres Arroyos. Fue en 1984 junto a inversores económicamente fuertes de la ciudad, los hermanos Antonio y Alberto Maciel y los Fossati, entre otros. Aportó sus conocimientos técnicos que comenzó a aplicar dos años antes de la salida al aire. Arrancaron en la calle Falucho 650 hasta el año 1996 en que lo compró Multicanal. Fue el primer videocable de Tres Arroyos.
El camino del comercio: “Fabricaba los TV, no los compraba, compraba las piezas, los tubos todos los componentes y los fabricaba con un soldador y estaño”. Todo lo hacía en su taller “avanzadísimo para la época, tenía sistema de iluminación, botonera electrónica, todo inventado por él”. Atendía junto a su esposa a los compradores. Algunos dicen “-todavía anda el Televisor que me vendió Freedy Wolfram-”. Era la época de las válvulas, aun no se usaban los transistores. Se veía en blanco y negro                                                                                                         Dice Ariel que “el primer TV color de Tres Arroyos lo tuvimos nosotros porque mi padre viajó con los directivos de La Voz del Pueblo a Estados Unidos como técnico asesor”y de allí lo trajo para la familia.
El camino del Parque Industrial: también lo tuvo realizando instalaciones necesarias para su mejor marcha. No pudo terminar su obra a raíz de la muerte. Pero se lo recuerda con mucho afecto, por su eficiencia, inventiva y además su habilidad para la reutilización del material  que allí había y  evitar mayores compras,  reduciendo los gastos.
El camino de La Voz del Pueblo “Su relación con el diario había comenzado allá por la década del 70, en los tiempos de los linotipos y la tecnología del plomo, realizando diversas tareas referentes a la parte electrónica como la recepción de noticias y radiofotos, antes de que se generalizara la utilización de satélites”.
“Cuando la transformación tecnológica tornó imperante la necesidad de modernizarse, Alberto y Antonio Maciel (padres) lo contrataron para instalar el sistema computarizado”. (Diario La Voz del Pueblo 18/8/2008). Viajó con ellos, como indicamos anteriormente, como técnico asesor y así siguió siempre presto para  guiar, ejecutar y atender a todos con su bonhomía y esa mirada penetrante de sus ojos azules.
Dejó rastros
Lo hizo en su vida doméstica donde estaba siempre buscando elementos que le dieran más confort a su familia.
Lo hizo en la comunidad, ayudando al Hogar del  Niño del Ejército de Salvación.                                                  También en su paso por el Rotary.
 Cuando veía carencias humanas, ahí estaba presente, como fue el invento motivado por la presencia de un niño sordomudo que siempre llamaba a su puerta para pedir limosna. No solo lo ayudó en sus necesidades básicas sino que al darse cuenta que el muchacho no era sordo se puso a buscar la solución para ese problema. Y ahí surgió el invento: un aparato que le iba a permitir oir sonidos. Tiempo después lo dio a la Escuela 502. ¿Dónde estará aquel niño zarco con un mechón blanco en la cabeza?.
Freddy era muy reservado pero sus palabras eran indicadoras de una sensibilidad especial. A sus hijos le decía: “Ustedes pueden saber mucho o poco, no importa, lo que importa es que lo que hagan, lo hagan con amor”.
Él lo hizo así. Freedy Wolfram fue un verdadero lujo para sus compueblanos.


miércoles, 30 de julio de 2014

Crónicas difíciles



La memoria

Crónicas difíciles
Escribe Stella Maris Gil
-Hay una certeza muy asumida que dice “Pobres habrá siempre”. Preocupa la misma y a veces es mejor no pronunciarla por todo lo que ella implica sobre todo en la infancia.
Vasta solo una mirada en el tiempo y en nuestro espacio y un sacudón nos agita.
Así me pasó cuando ojeaba la Memoria y Balance de la Municipalidad de Tres Arroyos en 1933. La comparto. En la página 58 se refiere a “La Desocupación”. En ella el Intendente Sebastián Bracco  por decreto pide ayuda a los comerciantes para la olla popular. En los fundamentos se lee: “La afligente situación de una gran masa de obreros, que no pudieron contar con ninguna clase de trabajos y sin ningún recurso para atender su sustento…”. “A fines de año, en vísperas de los trabajos agrícolas el número de desocupados se vio enormemente aumentado por la afluencia de obreros de otras zonas”. Parece ser que el lugar de refugio eran por las vías del ferrocarril o las afueras del pueblo, de ahí iban al centro de la ciudad a deambular “por sus calles postulando de puerta en puerta y solicitando una ayuda para saciar sus necesidades más apremiantes…provocando un espectáculo que afecta … y perturba…”.
La olla popular se instaló donde hoy están los monoblock frente a la plaza Francia, calle Vélez Sarsfield, sede del Corralón Municipal “llegó a despachar más de 800 raciones diarias”.
En el otro extremo del pueblo la estadística dice que entre los años que van de 1924 a 1933 hubo 9.533 pobres internados en el Hospital Pirovano.
No sabemos por dónde andarían los hijos de estos sufrientes.
En otras páginas hay un ítem denominado Pagado para Beneficencia donde se nombran subvenciones para el Asilo de Ancianos, el Refugio de ancianos y el Orfanatorio Evangélico.
Nos detenemos en esta institución .Aquí sí podemos cronizar vidas de chicos.
Un ex pupilo
Encontrar un  bebé abandonado en las escalinatas del Internado, conocer la larga lista de niños que eran dejados por que la madre trabajaba y a la noche o el fin de semana recién podía buscarlos; sentir la tristezas de huérfanos y de tantas otras cuestiones es una problemática muy dura de sobrellevar. Lo asevera también Carlota Llamosas de la comisión de la Asociación del Menor y la Familia cuando dice: “O no tenían familia, o tenían una familia que no los quería o una familia golpeadora o familia abusadora, familias ensambladas, chicos muy golpeados, chicos a los que el juez los sacaba de la casa para poder corregir algo, cambiarles algo…”. También en nuestra ciudad el Orfanatorio, luego denominado Hogar de niños El Amanecer vivía muchas de esas circunstancias.
¿Cómo sería la vida allí adentro?. Nada mejor que escuchar el relato de un antiguo pupilo:
“Nos pusieron en el año 1940, éramos 3 hermanos…el hogar estaba hecho apropiado para tener los chicos, dos, tres o cuatro por dormitorio. En ese tiempo era mixto, hasta el año 1957 apróximadamente.” “Después no tomaban nuevas chicas cuando se fueron haciendo grandes”.
“Estuve hasta los 18 años”.
“Nos levantábamos a las siete de la mañana, abríamos la cama, bajábamos al baño, los cepillos  de dientes, estaban colgados de una varilla, era como un tenderero, se bajaba y se subía. Cada uno teníamos un número, puesto en el cepillo y nos iban poniendo el dentífrico para higienizarnos. Tocaban una campana para formar fila, con dos campanas empezábamos a entrar; teníamos que mostrar la higiene de las manos y de ahí pasábamos al comedor, desayunábamos con mate  cocido y teníamos un pequeño devocional después… Naturalmente alguna vez tuve deseos de comer más, pero igual nos alimentaban bien. De la granja traían la leche". Se refiere a la chacra que el Orfanatorio poseía en el km 500 de la ruta nacional N°3. “Lo esencial no nos faltó”.
Los chicos, en grupo, rotaban para ejecutar las tareas domésticas diarias “aprendimos a lavar los pisos, una semana estábamos en la cocina, otra en el comedor, otra en los dormitorios. Las camas las teníamos que tender todos los días”.
Iban a la escuela 29, en la calle Cangallo y en los tiempos en que no había matrícula para 5° y 6°grado continuaban sus estudios en la escuela N° 1. El Hogar tenía una imprenta y en ella aprendieron muchos  un oficio.
Siempre fueron “los del Orfanatorio”, aquellos chicos con otra forma de vida. Los muchachos del barrio a veces saltaban el paredón para jugar a la pelota y allí todos eran iguales, hasta que cada uno volvía a su casa.
 ¡Ese paredón tan singular!. “Teníamos que festejar la Navidad y muchas veces lo hacíamos, mirando por arriba del corralón, viendo como la festejaban en las casas”.
A la escuela llegaban con sus delantales, pero no llevaban zapatos  como sus compañeros. “Recuerdo un día, nos formábamos, tomábamos distancia y entrábamos al aula. Mis alpargatas estaban rotitas y la señora maestra me las miró y dijo ¡pobrecito!”.
Los recuerdos son de Roberto Góngora, un hombre agradecido a quienes  le ayudaron a vivir honestamente. Tiene una larga lista de sus hermanos del corazón: Nebel Pereyra, Rivas, Maciel, Sanchez y muchos otros, algunos se esfumaron en el tiempo otros todavía están cerca.
Los niños hoy son adultos, el tiempo no abolió sus recuerdos, sus extrañezas, esa mamá que no está, ese juguete soñado.
Tiempo después
Corría la década de los 90´ y seguían los dolores sociales. El Hogar San José de la avenida Libertad tenía una comisión de Apoyo. A ellos llamó el intendente Correa para que organizaran la atención a niños abandonados. Él decía que sus orígenes eran humildes, por eso, porque lo había vivido, buscaba soluciones a los problemas.
Así comenzaron Los Pequeños Hogares con un grupo de seis hermanos y luego ocho, con una mamá deficiente mental y padres desconocidos.
Recoger datos para la crónica es una tarea azarosa. Pero la llegada de los chicos citados son la muestra de lo que hay detrás, lo oculto.                                                                                                             Los testimonios lo dicen “Tuvimos una familia que vivía debajo de un árbol. Los padres eran laburadores. En poco tiempo conseguimos donaciones de ladrillos, chapas, puertas, ventanas, de todo un poco. Pedir y pedir. En sábado y domingo ellos mismos se hicieron un galpón grande y en él pudieron guarecerse”.
“Un día recibimos un bebé que pesaba 800 gramos y tenía un año y medio. Imaginatelo. Una empleada del Hogar se hizo cargo de él, solo por amor. Había que darle alimento con goteros, si le dabas más era malo, si le dabas menos era malo. Contra todo vivió. Venía de una matriz alcohólica. Sus padres reaparecieron y se lo llevaron”.
Cuentan que al Jardín de Infantes Frutillitas dependiente de esa Asociación venían faltando dos hermanitas. Fueron hasta su domicilio. “La casa estaba con un techo de chapa, y dos paravientos también de chapa en dos lados. El otro era la pared de un edificio antiguo y adelante una entrada con arpillera o una frazada, no recuerdo”. En un minúsculo cuchitril se encontraron a la mamá “tirada en un jergón, terminando su aborto y las nenas estaban con los pelos parados, todas sucias, todas con sangre. Llamé a la ambulancia y la llevaron al hospital y nosotros partimos con las nenas para el Jardín. Ahí las despiojaron, las lavaron, les cambiaron la ropa. Después volvieron con su madre…”.
Dentro de los Pequeños Hogares se repetía mucho de las angustias de afuera. Chicos violentos, posibilidad de escapes, destrozos del edificio, reniego de ir a las escuelas. Alguna vez una niña presa de su furia “agarró un cuchillo y empezó a amenazar y a romper todo”. Tiempo después, ya veinteañera, reapareció solo para saludar, se le había tramitado el alquiler de una casa para ella sola. Entre medias sonrisas decía:- ¿Viste lo flaca que estoy. Ahora me baño todos los días.
-¿Te gustó?
-Sabés que pasa, que si yo antes me bañaba se venían todos los hombres y algunos más para verme desnuda…”                                      
Hechos que se repiten, vividos también por la que escribe, que tuvo que cubrir a sus pequeños alumnos, pues uno de sus compañeros, ubicado dentro del grupo de los irregulares sociales, como estaban clasificados, en un momento,  escapó a la cocina robó los cuchillos que allí había y comenzó a lanzarlos al grupo.
Siguen las crónicas, con estas vidas que a veces pudieron superar las miserias de “su ambiente”.
Revolotean frases perdidas  por las calles tresarroyenses: -¿Vos no sabés cuando viene mi mamá?. - ¿Y papá qué está haciendo?.
No había mucho que contestar, solo un –Bueno, ya va a venir.
Las chicas del Asilo
La orfandad está en todos los tiempos, chicas carentes de hogar, desprotegidas. En 1927 las Hermanas de la Congregación hijas de Nuestra Señora de Lujan” fundan  el Hogar San José”.
“… atendían a 40 niñas provenientes de la ciudad y distritos vecinos, ya que no existía en la zona otra institución que se ocupara de estas problemáticas. Las niñas permanecían en el Asilo, algunas por semana, otras por mes y las menos en forma permanente, siendo el caso de éstas: no tener un hogar constituido. La enseñanza primaria, en un principio, fue impartida por las religiosas, luego fue delegada a la Escuela oficial N° 21; en sus salidas, todas usaban su uniforme (guardapolvo beige o celeste)”. La diferencia se notaba entre los alumnos eran “las chicas del Asilo”. El 15 de Marzo de 1967, se establece el Colegio Hogar San José,  que va a ser  el contenedor educativo  de esas muchachas.
Crónicas
La pobreza es hambre, abandono, dolor físico, soledad y mucho más. Pobres habrá siempre ¿será cierto?. Indiferencia también ¿O no?. Y ¿continúa …?
IMÁGENES
1)   La artista plástica Norma Poggi, de la Comarca Serrana de Ventana desde sus creaciones recrea la problemática de estas crónicas.
2)   1953: Los niños  convertidos en jóvenes aprenden un oficio en la imprenta del Orfanatorio.
3)   Momentos compartidos en el Asilo
4)   1959 (aproximadamente). Cena de ex pupilos en el Centro Danés
5)   El demolido edificio del Hogar del Niño El Amanecer en la calle Rocha





lunes, 30 de junio de 2014

De lápices, cuadernos y otras yerbas

DE LÁPICES, CUADERNOS Y OTRAS YERBAS


Los chicos y chicas de antes iban a la escuela enfundados en sus delantales blancos, algunos almidonados, a veces tan duros que parecían de cartulina.
En la mano o a modo de mochila llevaban la cartera, de cuero, bien lustrada.
¿Qué había ahí adentro?, los útiles escolares. ¿Dónde se proveían de ellos?. En las librerías.
Los chicos y chicas de ahora también se surten en esos negocios, algunos persisten de antaño, otros han aparecido en el mercado en forma reciente. Lo que sí es cierto, es que nunca faltaron para el abastecimiento de los escolares.
LAS LIBRERÍAS
Tres Arroyos a lo largo del tiempo tuvo muchas librerías, para abastecer no solo la parte colegial sino también la comercial.
Algunas de ellas, las más antiguas, solo están en la evocación. Marta nombra a El Trébol en la calle Pedro N. Carrera. Conserva el libro de francés que usaba en las clases de la profesora María Elena Iriart, con la marca del sello que los propietarios ponían en los libros.
 Largas colas debían hacer dada la cantidad de clientela. No importaba. Los encuentros juveniles enriquecían la espera.
Una caminata por la ciudad me lleva a Colón 457 donde estuvo Crusellas; Cafasso en 25 de mayo y Maipú; Pocho, Ducós, Hansen, Iglesias, La Argentina de Francisco Diaz; Vita; Los Gallegos donde hoy está el Comité Betolaza; El Coloso; La Minerva; Peña. Dejo al recuerdo del lector las librerías que no he nombrado pero que a él lo surtieron de sus útiles escolares.
Para muestra bastan solo tres
Al final llego a la esquina más dulce de la ciudad como se le decía al enclave de la confitería El Quijote en Irigoyen y Colón. Allí funcionó La Central. Dice María Angélica: “Era la más grande, no tanto de librería de textos como librería en general : biblioratos, álbumes, papelería en general”. De interiores espaciosos, circundado por estanterías que contenían todo tipo de mercaderías los jóvenes compradores o sus padres llevaban la lista de útiles que le iban a servir para gran parte del año escolar. Muchas maestras también llegaban con los encargos que iban a necesitar alumnos de bajo nivel económico. A veces la Cooperadora colaboraba con sus familias las que iban devolviendo el dinero como podían.
BIARRITZ                                                                                                                                   Marcó épocas. Fue inaugurada el 14 de agosto de 1950 en el Bulevard Belgrano, en ese momento todavía con palmeras, pegadita al Colegio de Hermanas.
. “Su rubro principal-dice Ricardo Messina (hijo)- era el de artículos de librería. Con los años se fueron anexando otros como filatelia, golosinas, artículos para colegios, libros primarios y secundarios”
Llevaba el nombre de un balneario francés, “al norte de su territorio en los límites con España y cercano a otro balneario como es el de San Sebastián” debido a “la relación de parentesco que guardaba mi familia y principalmente mi madre con sus padres, ambos de origen francés, apellidados Massigoge y Petreigne”.
“Originalmente el local comercial tenía un destino distinto. Era la intención habilitar un lugar para la venta de trabajos artesanales originados en las manos de la madre de don Ricardo cuyo nombre era Luciana García Bayon de Messina (española)”.
Pero su hijo que había trabajado en diferentes lugares del país y en empresas como Bunge y Born, “no quiso salir más de Tres Arroyos” y se hizo librero. El emprendimiento se financió “en principio por la venta del único automóvil que tenía. Eran épocas difíciles que vivía el país en ese entonces”. Sin embargo la librería de Messina se constituyó en un próspero negocio de la ciudad y el Partido. Rodeado de centros de estudios que iban surgiendo a través del tiempo se constituyó en indispensable proveedora.
Se instalaron “en una habitación disponible al frente de la casa en que vivíamos. Sobre la avenida Belgrano 120. Se le hizo una vidriera y puerta al frente, en sus primeros años abarcaba una sola habitación de 5,5 metros cuadrados, se la vistió con estanterías hechas por mi padre de madera y vitrinas de vidrio con cajoneras. Varios años más tarde se amplió a otra habitación utilizada como comedor, de igual tamaño que la anterior”.
Cita Ricardo (hijo) alguna curiosidad como que “esta propiedad en la que vivimos y habíamos instalado el negocio era propiedad legada por sus padres a mi madre y había sido anteriormente sede de la parte administrativa de la Municipalidad de Tres Arroyos. Hasta no hace mucho tiempo había una referencia histórica que reseñaba este hecho”.
El negocio era atendido por “toda la familia: el matrimonio Messina (Julia y Ricardo) y sus hijos (Julia Irene, Susana Raquel y Ricardo Julio). Supo tener empleados en la época de apogeo”. “Tenía de todo…muchas cuentas corrientes”, en épocas donde no existían las tarjetas bancarias. Agregó venta de cigarrillos, caramelos y diversas confituras. Vendía libros de textos escolares “íbamos a Buenos Aires con papá y pateábamos todas las calles, teníamos buenos créditos, traíamos las novedades por ejemplo de la editorial Sopena”. Muchas veces en las noches el incansable librero arreglaba las lapiceras fuente, las cargaba, le cambiaba la plumita y eran las doce de la noche y seguía aferrado a sus múltiples quehaceres.
 “Se trabajaba desde hora muy temprana 6.30 horas y antes también, hasta última hora de la tarde. No se cerraba al mediodía, el movimiento era incesante”.
Se cerró el 31 de enero de 1985. Marcó una época.
UNA MUJER Y UNA CARABELA
Esta carabela navegó tanto que llegó hasta el siglo XXI.
La historia cuenta que una mujer tresarroyense quería poner un negocio, no tenía claro de qué tipo hasta que se decidió por una librería, tal vez porque su esposo, empleado de la Imprenta Miralles, tenía conocimiento o vinculaciones con empresas de ese ramo. Además la casa que habían alquilado en la primera cuadra de la 9 de julio tenía un local desocupado a la calle, el dueño había dejado un mostrador. Todo  tentaba a su utilización.
Elisa relata “Se inauguró el 27 de febrero de 1951…Mi mamá me decía:-Elisa ¿cómo vas a poner un negocio…?.
En aquella época las mujeres, en su mayoría, no trabajaban fuera de las tareas domésticas.
Lo cierto que Elisa Di Nezio de Villafranca, que así se llama y llamaba la joven señora, abrió su librería. Existían más negocios de ese tipo, como he citado anteriormente, el más cercano el ubicado donde hoy está Corradino. No le importó la posible competencia que no sucedió, pues había demanda para todos.
Las estanterías comenzaron a llenarse de todo tipo de productos tanto escolares como para el comercio.
¿Cómo pudo Elisa cumplir con esa multiplicidad de funciones que incluían criar a sus dos hijas, Marta y María Elisa, atender los trabajos del hogar y ¡ser librera!. Parece que pudo. Carabela navegó en puertos de crisis y de bonanza del país y no naufragó.
El local se proveía de productos de compañías acreditadas  Pelikan,Parker, De la Penna, Estrada por nombrar solamente algunas. Luego de ser ubicadas en los estantes que prolijamente le estaban asignados, partían a las manos de cientos de niños y jóvenes, que esperaban la entrega mientras Elisa envolvía el paquete, (no había bolsitas de plástico) rematado con el hilo y el nudo final. Era y es un negocio familiar. Todos participaban ayudando a la dueña que asumía la totalidad de las actividades, llevar las cuentas corrientes, la contabilidad. Marta, su hija recuerda la imagen de su mamá lapicera en mano entre sumas y restas. Uno de sus cadetes, Rodríguez, todavía pasa a saludar, aunque ahora Elisa no está en el negocio, mira a la ciudad desde su departamento en altos, tal vez pensando en cuántos de esos señores y señoras entrados en años que van por las veredas habrán pasado por la librería a comprar los útiles escolares, lapiceras, papel glace para la hora de manualidades, entre ellos imitación de portarretratos para pegar en el cuaderno con la figura de algún prócer. ¡Cuántos se habrán provisto de los cuadernos Rivadavia o Laprida, tapa dura, tapa blanda o buscarían repuestos para sus lapiceras fuentes también compradas en la librería en una época o biromes en otras!.
 Carabela hace 41 años se mudó a su edificio propio en la calle Colón. Hubo que contratar empleada. La primera también fue una mujer: Adriana Fraile. Hoy siglo XXI, la librería continúa, siguen las colas en los inicios del ciclo escolar, sigue la venta de papelería para las oficinas. En diciembre las vidrieras se llenan de Navidad. Aquella jovencita fundadora de la empresa sigue, desde su reducto familiar, pensando alguna nueva innovación que se pueda hacer.
Tal vez el relato sobre librerías que tenía propuesto se desvió un poco de la crónica, pero reflexioné que además de los datos o testimonios, la presencia de una mujer fundadora de un negocio de librería en épocas de poco protagonismo del género era importante destacar.
Carabela sigue abierta. Cumple el deseo de Elisa: “Yo no quiero que cierre mis ojos y la librería ya no esté”.
AHORA
 Los requerimientos del mercado han aumentado hoy día. Hay infinidad de productos que generan necesidades de compra. La lista de artículos para adquirir a principio de año, por una sola vez, se ha convertido en muchas veces. Recuerda María Angélica que los libros eran heredados de hermano a hermano. Hoy se escribe o dibuja en ellos y por tanto no pueden ser utilizados de año a año.
Las librerías de Tres Arroyos, las nuevas y las que continúan, adecuadas a los nuevos tiempos siempre estarán presentes con sus gomas, mochilas, cartulina…de todo .
                                     stellamarisgil12.blogspot.com
Imágenes
1)    1971: Librería Carabela y la habitual publicidad en su primer local de 9 de julio 68.
2)   Los Villafranca. Elisa junto a su esposo propietarios de Carabela

3)   La Central. Funcionó en la planta baja del edificio de Irigoyen y Colón.  

martes, 27 de mayo de 2014

Un tal Fernández

UN TAL FERNANDEZ
-¡Hola Cacho, como está Usted!
Y la figura adusta saludaba con afabilidad
 CACHO siempre vivió en la  segunda cuadra de “la gauchita” y en sus idas y venidas construyó un legado para la ciudad y sus descendientes realmente invalorable.
Se llamaba Ricardo Fernández.
Durante mucho tiempo traté de encontrar los manuscritos de su programa radial en LU24: “De todo un poco”,  búsqueda infructuosa hasta que un día suena el timbre de calle de mi casa y me entregaron sus archivos, entre ellos la citada audición.
De ahí en más me adentré a conocerlo a través de sus escritos, los documentos y sus coetáneos.
Sus amores
Más allá de su familia, de su amor por Quita, su esposa, el club Huracán fue su pasión. A raíz de uno de los triunfos futboleros del club escribe “Y reiterándoles que siempre hemos estado con la camiseta puesta, sin que ello nos obnubile para juzgar méritos y esfuerzos ajenos, debemos decirles, amigos que y sin necesidad de electro cardiogramas comprobamos que anda bastante bien el reloj del lado izquierdo que, como dijimos una vez, no sabemos ya si es un corazón que se hizo “globito” o un “globito” que se hizo corazón” (13 de marzo de 1978).
Cruzó la entrada del club a los catorce años para jugar al fútbol y al basket. No se fue más. Accedió a la dirigencia. Entre otros cargos fue su presidente desde 1943 hasta 1954. Allí se afana por el plan de obras: salón bar, cancha de pelota cerrada, cancha de basket cerrada la que da a la calle Suipacha, las canchas de bochas cerradas, el corrimiento de la de fútbol para hacer la pileta de natación, la torre y los vestuarios , entre tantas cosas. Luego, en la Liga, marca conductas y acciones.
Su otro amor fue el periodismo, tal vez  por genética. Era hijo de aquel español anarquista que fundó el periódico La Voz y que fue uno de los iniciadores del diario La Voz del Pueblo. Siguió la huella dejada por su padre y desde las páginas de “La Hora” llegó a escribir según dicen sus allegados , 700 artículos en el mismo, con temas de la actualidad de esa época. También lo hizo en “Noticias Gráficas” donde se dedicó a cronizar la guerra civil española (1936-1939) en favor de la República.
Sentado frente a su vieja máquina escribe y escribe con solo tres de sus dedos que vuelan sobre el teclado: lo que ve, lo que siente, lo que rechaza.
Utilizaba en ciertos textos el seudónimo de Juan Pérez. En uno de ellos simula un diálogo con San Martín que le dice “Hace tanto tiempo que siento nostalgias del verdadero homenaje, del que es el pueblo mismo, sin ruidos ni oropeles, sin invocaciones patrióticas de circunstancias…que no se ratifican con una conducta encaminada sobre las directivas que ellas trazan…”
De todo un poco
Sus notas en la audición radial son fruto de largas investigaciones. Tengo en mi  poder numerosas de ellas. Las preparaba con disciplina periodística. Coordina con el técnico los diferentes momentos: cortina musical, pausa, todo presentado por escrito, nada al azar. Luego avanzaba con los temas explicitados en el título del programa. Es una charla con los oyentes. Les cuenta cosas ciertas de la zona y del mundo fruto de esa infinidad de recortes, ordenados en sus carpetas.  Allí guardaba valiosas copias de documentos auténticos que parten de los inicios del pueblo desde la época de Carlos Gomila en la década del ´80 en el siglo XIX hasta la historia reciente. El mundo mirado con atención pasa en sus monólogos. Lo hace íntimo cuando se dirige a don X y doña X, que encarnan a cualquier vecino, siempre les cambia el nombre, hoy serán doña Encarnación y don Pedro, mañana serán otros personajes ficticios y les imagina un menú para su cena y siempre les aconseja dar la vuelta a la manzana tres veces para conservar mejor su salud. Los memoriosos recuerdan que por las noches se decían: -“No te olvides de la caminata nocturna, como dice don Ricardo”.
En la radio comenzó con un programa de ´10, ´15 minutos llamado “Recuerdos de un tresarroyense”, luego “De todo un poco” que duraba media hora hasta que se amplió a una hora. Concluía a las 22 horas. Se espació en parte de los años ´70 y ´80.
Vida cotidiana
Siempre tenía su correspondencia al día. Son interesantes la mantenida con el historiador dorreguense Funes Derieul donde ambos dos indagan la historia regional con profundo análisis e intercambio de conocimientos. Le escribe “Una vez más, feliz 1987… . Tengo en reserva un “habanito” para obsequiárselo, cuando nos encontremos. También el amigo Arévalo de  La Perla, me hizo referencia a que tenía algún “Tabaco” para Ud…”. Jovial, a pesar de no ser una persona de sonrisa fácil.
Nadie puede negarle su amor a la tierra al leer sus profundas indagaciones.
La “gauchita” era la calle donde él vivía a la que siempre nombra, no sabemos quien la bautizó así. Fue el lugar que construyó su padre, dejándoles un seguro techo. Falleció cuando él y su hermana eran niños.
Cacho ante esa partida tuvo que salir a trabajar. Hizo de todo, trabajó en la imprenta de su padre y en la escribanía que estaba en la misma cuadra de su casa. Mucho tiempo después, graduado del viejo colegio Mitre ingresó al estudio Gatti, hasta que creó su Estudio propio.
Ya hombre grande y con familia constituida se había lanzado a la aventura de estudiar Escribanía en Córdoba y posteriormente abogacía.
Con título en mano se dedicó principalmente a la parte de sucesiones.                                                                                Su profesión no le restó tiempo para otras múltiples actividades. No se perdía el cafecito con los amigos en el viejo bar Tortoni, allí en el 140 de Colón, hasta que se corrió una cuadra cuando aquel cerró y se hizo cliente de La Perla en Colón al 200. Todas las noticias y también discusiones corrían en esas mesas que compartía a veces junto con Delfor Regot o Mario J. Pérez, Egidio Naveyra, Jorge Casinghino por nombrar a algunos según las épocas. Allí no había distingos entre peronistas o radicales, Agenor Pizarro o Juancito Guerrero muchas veces compartían las charlas.
Era un cinéfolo en Tres Arroyos o en Buenos Aires donde acudía a ver los últimos estrenos o a Les Luthiers.
Multifacético. Hasta tuvo tiempo para escribir algunos libros  y cuentos como“La última pesca” y poesías como aquel Canto que terminaba con estos versos:                                 “Y, cual brisa que arrulló tu estampa
Redobló  el galope de un corcel
En el tambor inmenso de la Pampa” (1963) 
Y aquellos escritos sobre personajes de Tres Arroyos: Mateo Mastronardi (1974); Betolaza (1966); Un maestro, don Emilio García de la Calle (1978).
Sus manuscritos son un compendio de  escritos de grandes pensadores que llaman a la reflexión y por sobre todo contienen la vida de su ciudad, su historia, su transcurrir.
El político
También batalló por esas instancias en aquellos debates azarosos del 46 al 55 donde fue concejal acompañado en los dos últimos años por sus correligionarios: Larsen, Santandreu y Mastronardi .
Fue radical de punta a punta. Desde las juventudes de los años 30 enfrentadas con Fresco y contra los habituales  fraudes hasta llegar a una Senaduría Provincial donde la caída de Frondizi lo hizo renunciar. Quiso ser Intendente y se presentó a la Interna, por la UCR del Pueblo pero le ganó su antiguo camarada Felix Larsen candidato de la UCRI.
Gran orador, acompañó en sus giras a Ricardo Balbín, que siempre lo buscaba para acompañarlos y también militó junto a dos Ricardos más: Ricardo Fuertes de Coronel Dorrego y Ricardo Rudi.
Eso sí, nunca aceptó cargos que no fueran electivos, era un demócrata y aunque recibió propuestas, a todas se negó. Siempre mostraba su antipatía hacia Francisco Franco por ejemplo y a todo enemigo del orden institucional.
Sufrió traiciones como todo hombre comprometido con su medio. Una larga e innombrable lista.
Pero don Ricardo Fernández supo sortear las piedras del camino.
Un hombre de su tierra. 
Cacho, tresarroyense de nacimiento y de alma tuvo, como vemos, intensa participación en las cuestiones ciudadanas. De todo un poco,  como titula a su programa radial. Vivió siempre en la misma casa. De allí salía para el club, el periódico, el café, el Juzgado, Claromecó y también la docencia. Dio clases de historia en el Colegio Jesús Adolescente y en el Colegio Nacional ubicado en Chacabuco 138. Sus antiguos alumnos lo recuerdan como un ameno expositor que exigía saber el Preámbulo de nuestra Constitución y por supuesto su articulado, para que, explicaba, sean en el futuro ciudadanos de verdadera vida democrática.
Viajero incansable, hurgaba en la idiosincrasia de los pueblos que visitaba, buscaba su esencia. De este modo pudo recorrer el continente, conocer in situ sus historias desconocidas y así sentir con más profundidad la Patria Grande latinoamericana que el comentaba en sus clases como buen sanmartiniano y admirador de Bolivar.

IMÁGENES
1)      Ricardo en el club de sus amores, a los 17 años, tratado como un hermano menor por Américo Bayugar, Arnaldo Sala, Perico Sequeira entre otros huracanófilos.
2)      Octubre de 1957: Tres de los cuatro Ricardos tras un acto de campaña en Micaela Cascallares. Balbín-Rudi eran candidatos a la gobernación y Ricardo a intendente de Tres Arroyos por la U.C.R del Pueblo
3)      Febrero de 1937. Capitán de la primera de Huracán y también capitán de la selección tresarroyense de Basquetbol
4)      A los 80 años. Falleció el 21 de febrero de 1993. Su herencia material solo fue su casa y su auto





jueves, 13 de marzo de 2014

UN PAISAJE BUCÓLICO




LA MEMORIA.
¡Y SE HIZO…!
Escribe Stella Maris Gil
Un paisaje bucólico
Camino entre los árboles. Apenas pasa el sol por el denso follaje. Mi amiga deposita en su canasta los hongos que va levantando, esos que luego llevará a su cocina para completar los ingredientes que utilizará para sus exquisitas comidas. Sabe cómo seleccionarlos. Un lugareño le enseñó a diferenciar los buenos de los malos.
 El descanso en la reposera invita a la contemplación, a oir el sonido de las copas de los pinos cuando las mece el viento, observar las aves que van y vienen. Un momento de paz.
Estoy cerca del mar, pero la inclemencia del tiempo hace que al igual que los bañistas busque refugio en El Vivero. Es entonces cuando las voces se entrecruzan con los murmullos del lugar y los verdes se llenan de rojos, amarillos, negros y también los azules que compiten con el celeste del cielo.
Más allá  la laguna con su abundante avefauna.
 Cada uno en lo suyo.
 Hasta que llega la perturbación.

Confusión
Las llamaradas se levantan, refulgentes, el aire se torna irrespirable, las lenguas de fuego arrasan con todo lo que encuentran, implacables. Corren entre las matas, la arboleda se inclina pidiendo piedad, pero no es oída. Es el infierno, el castigo por tanta belleza brindada, lo impiadoso. Todo cae. Paisaje color carbón. Tristeza, angustia, dolor.
Los pájaros huyeron, los murmullos se acallaron y el mar desde lejos levanta salvajemente las olas en señal de horror.
Dicen que la tierra es sabia, que el planeta insiste en renaceres. Se inicia una larga espera.
La hombres que hicieron este milagro en el siglo pasado, dejaron el ejemplo de su obra para que otros la continúen y sostengan. En alguno de los lugares dañados se volverá al comienzo, a la era del médano vivo, en el resto continuará el trabajo cotidiano con visión de futuro.
Hace un tiempo
No es fácil transformar en escritura, en texto esa mezcla de naturaleza y humanidad y tener en cuenta las coordenadas temporo-espaciales, sin embargo lo intentaré.              El vivero está en la curva de entrada a Claromecó y a 75 km de la ciudad de Tres Arroyos. Tiene una extensión aproximada de 3000 ha sobre la costa atlántica.
Fue creado en 1948 por idea del Ministerio de Asuntos Agrarios de la Provincia de Buenos Aires. En el principio los profesionales agrónomos trabajaron desde la Escuela Agrícola para producir los plantines que luego se emplearían en la forestación de las dunas. Posteriormente el Vivero fue trasladado a la misma Estación Forestal, donde se encuentra la administración actual. La provincia de Buenos Aires cede en el año 1979 la Estación Forestal a la Municipalidad de Tres Arroyos.
En mi libro “Recuperar la memoria” escribí sobre el Vivero de Claromecó, luego de realizar una serie de entrevistas a pobladores del lugar. Recuerdo cuando me recibió Victor Dubovik y charlamos, mirando el otro lado de la calle donde se extiende el sitio verde. Allí se unieron recuerdos.
Él fue alumno de la Escuela Agrícola y decía que “la dirección de ese establecimiento educativo estaba muy ligada al Vivero…porque el director de nuestro colegio era el jefe del Vivero, Gerardo Paolucci…para nosotros fue un padre”. El iniciador fue el ingeniero Villanueva, luego vino Paolucci creador, ejecutor, el hombre que demolió todos los obstáculos que se iban interponiendo en su camino: financieros, climáticos, burocráticos . Y digo creador porque realmente el sistema de forestación que empleó fue el acertado. Las pruebas están a la vista. A él le sucedió Luis Risso y sucesivamente otros agrónomos que sostuvieron el ímpetu inicial.
Aclaro entonces que el vivero primitivo estaba en la Escuela Agrícola. Donde está instalado hoy, del otro lado, se estaba fijando la duna. “Mil ha de forestación en médanos vivos”.
El ingeniero Carabio a quien también acudí para registrar información técnica indicó las especies que predominan: “pinus y eucaliptus y en menor cantidad: acacias, cupressus. La mayor superficie está forestada con pinus halepensis, pinus insigne, pinus pinaster, eucaliptus colorado y acacia longifolia. Sobre la franja costera hay tamariscos”.
“No fue fácil crear este paraíso. Las dunas no ofrecían facilidades para la vegetación. Hubo que seleccionar técnicas para lograrla. El primer paso fue inmovilizar las dunas con la paja de lino y luego se continuó con la implantación definitiva, con todas las dificultades del caso: falta de tecnología adecuada, inclemencias climáticas, suelos pobres. En la década del 60…se ensayó un “mulch” con la idea de reemplazar la paja de lino. Luego fue dejada de lado por sus costos. La alta densidad de plantación (distancia entre plantas) que hoy se observa en los distintos sectores plantados con pinos, se debió a que el sistema que se utilizaba estaba sujeto a la situación del terreno. Luego serían raleados y aprovechados como madera”. (“Recuperar la memoria”, Gil, Stella Maris).
Paolucci  iba perfeccionando sus ideas. Lo cuenta Dubovik al referirse a la plantación con cartuchos “era un cilindro de Ruberol, con grampas, se engranpaba…en el fondo se ponía un poquito de tierra y con un taco se ponía una plantita arriba. Cuando lo llevaba a los médanos, se ponía con el envase y todo, estaba protegida por unos cuantos meses, con humedad  y cuando la planta tenía necesidad de expandir sus raíces, por los costados se extendía por que se sabía que el ruberol se degradaba entonces no sufría nada la planta. Eso fue el éxito”.
Paso a paso
El Vivero se fue expandiendo. Recibe y da. En la entrevista realizada al ex Director de Turismo del municipio de Tres Arroyos, profesor Nicolás Sabatini, detalló pequeños y grandes momentos de ese lugar como también sus riquezas. Por ejemplo la laguna, donde pululan todo tipo de animales: flamencos, patos, gallaretas, y en especial los cisnes de cuello negro.
A medida que  hace su relato, todo ese gran lagarto verde que despereza sus riquezas vivientes en la cercanía del océano va pasando en mi mente como un continuum de imágenes. Las cabalgatas a caballo o en sulky; los circuitos que recorren todo el espacio de la Estación Forestal. Por iniciativa del citado funcionario se comenzó a pensar en un Vía Crucis que fue creciendo en el alma de los creyentes y los no creyentes. Marta Vega y su esposo, Bonifacio fueron responsables de los primeros intentos y de ahí se transformó en un acontecimiento indispensable en Semana Santa.
Hay un pequeño aserradero que según datos del año 2000, sirve para ingresos genuinos a utilizar en el mantenimiento del lugar
Punto aparte para la concesión de los fogones inclusive con servicios sanitarios instalados.
Los que hacen.
“Generar un bosque no es tarea fácil. No es soplar y hacer botellas, como le decían los congresales de 1816 a José de San Martín, cuando les pedía que sin más dilaciones declararan la Independencia Argentina”. A puro pulmón y con los grupos de trabajo que cambiaron la duna por árbol, bajo la dirección de diversos ingenieros agrónomos y técnicos que se sucedieron a través de los años los árboles crecieron. Dicen que “las plantaciones son producto de la polenta de Paolucci”. “El ideó la distribución del parque”. “Iba a las casas vecinas y pedía por ejemplo la paja para fijar la arena”, con astucia sorteaba las trabas burocráticas. Se arriesgaba al peligro de perder su puesto. Dice Dubovick “Era hombre de patear la puerta de los ministerios”.
Por algo su nombre es hoy el nombre del Vivero. Se resume todo: planta por planta, verde sin riego, olvido de los centros de poder nacionales y provinciales antes de pasar a la esfera municipal. Contiene a todos los anónimos que allí trabajaron. Y la imagen: Paolucci con su camioneta Ford, desvencijada recorriendo los caminos interiores, observando día a día, año a año, el desarrollo de las plantas.
El Vivero como se ve tiene su aspecto forestal y además el turístico. Es una de las joyas naturales de Tres Arroyos. Es un bien patrimonial que nos hace sufrir con sus fuegos y nos gratifica con sus sombras que en realidad son luces de vida. Su historia y su espacio están enraizadas con la identidad tresarroyense.
Imágenes
1)      1996. Entrada a la Escuela Agraria, ex estancia San Francisco. Primeras instancias del Vivero.  Oficia de guía Aníbal Paz, testigo inolvidable del lugar. Organizada,  por el director de Turismo municipal Nicolás Sabatini en ese momento
2)      El ingeniero Paolucci alma mater del Vivero, recorriendo junto a vecinos del lugar la Usina sobre el Arroyo Claromecó, que se derrumbó en el ´80.
3)      El trabajo diario. Grandes cargas de paja de lino paso previo a la forestación de los médanos vivos.

4)      Antes del Vivero. Paolucci sobre la duna se debe preguntar ¿Y ahora qué…?