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martes, 7 de julio de 2015

Mirada de poeta

MIRADA DE POETA
Escribe Stella Maris Gil
Mirar el pasado desde la rima es también hacer historia.
Los paisajes, las costumbres, el devenir cotidiano es recreado con mucha profundidad por los poetas,  que a veces rescatan secretos que a simple vista no vemos.
El poeta escribe desde su inspiración.
 Nos muestran aspectos de nuestra realidad  nos devuelven bellezas que ignoramos.
Son muchos los que le han escrito a esta tierra tresarroyense, por eso la selección es arbitraria e injusta, pero se debe a que no nos alcanzarían las páginas de un libro para transcribir las múltiples creaciones que existen.
Queda para vuestro goce o fastidio por las lógicas ausencias, algunos versos.
En junio de 1984, José Araujo, tresarroyense  residente en Carlos Paz envió un poema  para la audición radial “De todo un poco” dirigida por el doctor Fernández:
Avenida Moreno
Por  tus extremos andan vigilando la historia
Un antiguo palacio, la libertad invicta.
Encuadernan diez cuadras de viejas letanías
Con ecos reservados en el mejor bolsillo.
Te recuerdo con ramblas y techos de pizarra
Y he visto por tus venas transitar la República
En ardientes mitines bajo las arboledas.
Por las anchas veredas ingresaban tus hijos
A la casona grande donde el viejo maestro
Se cambiaba saludos con doña pampa rosa,
Porque Orfanó les puso miradas a los bronces
Te anduve muchos años por una cuadra u otra
Detenido en un cuadro, escuchando a un caudillo,
Caminando el noviazgo, compartiendo unos tragos
Allí, por los castillos expuestos con orgullo
Porque te enseñaron para lucir recuerdos
Yo se que te quitaron tu nervadura al centro
Para que seas más ancha con asfalto y semáforos.
No obstante seguís siendo mi avenida Moreno.
Cuando vaya a tu encuentro me pararé en tus hombros
Para ofrecer mis manos desde un extremo al otro
Y en una noche de ésas, con mis ganas llegando,
Te cantaré mis versos en un banco del medio.

Don José “Pepe” Carrera fue entre otras múltiples tareas, Presidente del Banco Comercial y de la Liga del Comercio y la Industria. Gestor de la Fundación Banco Comercial, que impulsó las artes en la región y promovió las actividades del Museo de Bellas Artes. Un hombre de actividad incesante.
En 1965 publica su libro “Voces de la llanura”. En el prólogo indica “Fueron mis llanuras, en las que nací y vivo, con su imponente grandeza, con su maravillosa serenidad, con esa inmensidad de horizontes que hacen palpitar el corazón en la sublime sensación de libertad plena, y la noble sencillez de sus gentes, sus hábitos de trabajo, sus tradiciones y costumbres, las que pusieron vibraciones en mi alma y emoción en mi sentir para dar voz a mi pensamiento”.
MADRE TIERRA
Bajo la caricia doliente de la reja
Palpita la virginidad de la llanura,
Y es expresión de boca abierta al beso,
El desgarrado suelo en su negrura.

Con suavidad amorosa da la semilla
La mano labradora encallecida,
Y el agua y el sol son esperanzas
Para ver la llanura florecida.

Luego gesta la fuerza de la tierra
En su pródiga entraña amor de madre;
Y es alumbramiento de armonías
La rubia bendición de los trigales

Así muestra el campo tresarroyense que él siente.
Cada poesía va acompañada, en su libro, por ilustraciones de pintores de la talla de Héctor Basaldúa, Santiago Cogorno, Vicente  Forte, Presas, Raúl Soldi, etc.. Imagen y poesía para cantarle a su patria chica.
Una prosa que es casi poesía la escribió Marta Vega de Bonifacio en el diario La Voz del Pueblo del 24 de abril de 2004, donde le da presencia a la protagonista de uno de los concursos de pesca más acreditados de nuestra costa atlántica en sus tres balnearios
“La oscuridad no era problema, al contrario, la ocultaba…Se sentía fresca, liviana…Era placentera su vida, en un lugar tan agradable, con alimentos a su alcance y toda la libertad del mundo.
De pronto esta tranquilidad se vio turbada por sonidos extraños, sonidos como ondas expansivas que la alcanzaban y la agitaban.
Notó a su alrededor algo indefinido. Vio elementos extraños que se acercaban a ella hasta casi tocarla.
Acercarse fue su perdición. Sintió un dolor intenso. Sacudió su cuerpo desesperadamente, quiso alejarse y no pudo.
Se sintió elevada velozmente y el temblor se acentuó. ¿Hacia dónde la llevaban?. Algo grave le estaba pasando, algo tan grave como perder la vida.
Sus ojos siempre abiertos, espantados, vieron muchos pies a su alrededor. ¡Eran hombres!. Nunca los había visto tan cerca.
-¡Hermosa! Decían
-¡Y qué peso!
-¿Será nuestro día de suerte?.
Su corazón estallaba pero alcanzó ver como la colgaban de unos caños semejantes a un perchero.
Sus ojos se nublaban, ya no veía. Se consumía en estertores.
Como viniendo de muy lejos, mientras su vida se escurría escuchó: -¡con esa corvina seguro ganamos el concurso!.”
José Piro “escultor, pensador y militante por las causas populares” en 2006 publica su libro “Un hombre libre”. De allí extraigo un fragmento del poema que escribió en 1972 en conmemoración de los 70 años del diario de Tres Arroyos.
“La Voz del Pueblo”.
“…Setenta años de historia buena.
Setenta años de historia mala
Setenta años de zigzagueo de nuestra marcha.
¡Cómo no van a caber los recuerdos grandes
Los recuerdos chicos!.
Los Sacco y Vanzzetis, mártires.
Los Rosenbergs, mártires”.
El mundo pasa por el poema de Piro que concluye así:
“¡Salud tiempos buenos! Salud!
Salud, Bianchi.
Salud, Valle.
Salud, Franzozi, Salud!
¡Salud trabajadores, héroes anónimos
De la gran gesta”…
“¡El mundo es vuestro, ya!
Salud Petrini.
Salud,
Bernasconi, salud
Pérez, Salud
¡Salud “La Voz del Pueblo”
¡Salud Greco!
Gran maestro de la pluma y la verdad,
Austero y fecundo en este siglo de esperanzas…”
“Setenta años prolongando la nueva aurora
De Tres Arroyos y del mundo
Viene asomando, roja, ardiente
Justa y vibrante
“La Voz del Pueblo” ¡Salud!”

Héctor Daniel Izurieta en su libro “Desde los surcos y el viento” editado en 1983, recorre el paisaje y la vida del Sudeste bonaerense.
Las casitas de Broilo R.P.” (fragmento)

“Mostrando tras la ciudad
Con humildad su grandeza
Se alza lo que a la pobreza
Pone un bálsamo bendito.
Me refiero a los Ranchitos
De la Virgen de Luján
Y a ese humanitario plan
De dar un techo gratuito
Hasta crecer los hijitos
Y puedan ganarse el pan

No son  ningún rascacielos
Sí viviendas decorosas
Son la ayuda generosa
De la familia pudiente
Son la vocación ardiente
De un cura que pedalea
Mientras reúne planea
Lo de una vivienda más
Bandera de amor y paz
Que en el suburbio flamea.

Cuentan que en noche de amigos
A los naipes se trenzaron
Por un billete jugaron
Que dos debían pagar;
Pero los cuatro a cobrar
Si aquel salía premiado
Quedando allí aclarado
(ponencia de un sueño ancho)
La mitad para los ranchos
Si salían agraciados.

Y vino la suerte linda
Y salió como en los cuentos
Con un millón novecientos
Y algunos pesitos más,
Ninguno se echó atrás
o donaron sin más leyes
Y Broilo, el día de Reyes
Abrió cinco ranchos más.
Ahí están por donaciones
Del animoso y pudiente
Sirviendo siempre de puente
La mano del religioso;
Del aporte generoso
No se pierde una hilachita…”

 Y siguen los creadores generando belleza con el patrimonio tangible e intangible de la región, lo que somos, lo que soñamos, lo que deseamos, lo que vivimos.
Las escritos de tantos escritores, reflejando sus quehaceres cotidianos, como la maestra Elba Tancredi de Ochandio que a raíz del centenario de la escuela N°3 en agosto de 1987,”escribía:
100 años (fragmento)
“Y vuelvo atrás en el tiempo,
Cuando yo era tu alumna,
Y se agolpa la nostalgia
Y la garganta se aprieta…”
Y se hacen trizas las lágrimas…
…recuerdo al buen Resentera
Que en su cuartito de chapa
Guardaba mapas y tizas
Y la tinta preparaba…”
“…Y tus recuerdos soleados
Con manchas y con rayuelas
Con estribillos y rondas
Que desbordaban la vida
En bulliciosa armonía…”                                
Ángela R.Scalella de Parisi en su libro “Manos vacías” editado en 1969 pinta personajes que muchas veces no vemos en su dimensión pero están:
Las enfermeras
“Ahí están…
Cuidando al moribundo,
Al ciego, al gemebundo
Con mano maternal.

Como rosas blancas,
Ante las camas se abren,
Recorriendo hospitales;
Aligerando sábanas.

…Y no importa si llega,
El pestilente leproso:
Para él, sus mismos ojos;
Para él su misma venda!

Sangran las heridas,
Pulula la llaga,
Que sus manos lavan.
¡Mujeres sufridas!

Al rico y al pobre,
Escanciando dolores
Con ternura sin nombre,

Amantes se dan:
Ya en nuestros pechos tienen,
La gracia de un altar.”


Irma Othar, legisladora, militante de los derechos sociales, en su libro “Reencuentro”, nos muestra historias que se repiten, el barrio y la pobreza:
“Nueve años”
“Yo tenía nueve años
Mi ilusión era jugar
Pero interrumpió mi sueño
La miseria de mi hogar

Y muy pronto de niñera
Salí al mundo a trabajar
Y consolaba mi sueño
Viendo a otras niñas jugar”


Los poetas tresarroyenses siguen y seguirán trayendo a la memoria, este mundo compartido.

Un tresarroyense llamado Pedro

28.06.2015 : 
        

Escribe Stella Maris Gil
Había nacido en 1936 en el campo tresarroyense ubicado en el Cuartel VII. Trabajó con su padre y sus hermanas. Simultáneamente las actividades comunitarias le fueron interesando y pasó a comprometerse con ellas. Así decidió su destino.
Vivió en el momento de más alto auge cooperativista, sobre todo cuando Tres Arroyos era uno de los centros del país más destacados en esa doctrina. Aquí -dice el diario La Hora de 1958- "se formaron cooperativas agrícolas y ganaderas, de consumo e industriales, eléctricas y de transportes, de tamberos y horticultores, extendiéndose de la ciudad a la campaña...". Muchas de ellas tuvieron auge en los '60 y '70, algunas perduran, otras desaparecieron a través del tiempo.
En sus 77 años de vida absolvió todos los vientos suaves o tormentosos que lo llevaron a justificar su deseo de ser productor agropecuario y a trabajar por el movimiento cooperativo.
Su padre era socio de la Cooperativa Agraria, donde comercializaba la producción de su propiedad, por tanto el muchacho de 14 años se asoció por pertenecer a ella y allí empezó a entender el significado del postulado "todos para uno, uno para todos".
A los 23 años ya era secretario de la Juventud Agraria Cooperativista de Tres Arroyos y a continuación presidente de la misma entre 1962 y 1968, como también en el Consejo Central de Juventudes Agrarias Cooperativista de ACA.
Más adelante fue elegido, como representante de la Juventud,  para integrar el Consejo Asesor de la Agencia de Extensión del INTA, ubicada en la calle Maipú 156 y la Comisión Asesora Regional Juvenil Zona Tres Arroyos.
Esos movimientos juveniles agrarios tuvieron origen en la República Argentina en 1944 y crecieron junto con sus integrantes, marcaron a los jóvenes de la época, los capacitaron y generaron futuros líderes de la cooperación de los cuales Pedro Alonso fue referente.
Tiempo después, dentro de la empresa familiar, se asoció a la Sociedad Rural y en 1970 en forma personal, como también a la Agrícola Ganadera de Tres Arroyos S.A.
Fue cumpliendo sus años en un trajinar constante; no era hombre de figuración más bien de fuerte militancia y compromiso por las instituciones en donde participaba, como lo atestiguan los que trabajaron con él.
Siguió a su padre como socio de La Previsión Cooperativa de Seguros Limitada y en forma personal durante muchos años, desde 1969 hasta 1988, donde ocupó varios cargos y en especial la presidencia.
Una asamblea extraordinaria de La Previsión "decidió -dejó escrito el mismo Alonso- mi expulsión de asociado y el cese de cargos en el Consejo de Administración". Tiempo después estas situaciones se aclararon, pero ya Pedro circulaba por otros caminos institucionales sin descartar la siembra y la cosecha de sus campos y la cría de hacienda.
Estando todavía en La Previsión integró en representación de ella, el Consejo Asesor Regional N° 8 -Zona Tres Arroyos- de la Asociación de Cooperativas Argentinas y la Asociación Cooperadora Chacra Experimental de Barrow. En esta última ocupó varios cargos e incluso el de presidente hasta que renunció en 1988. Sin embargo siguió yendo a la Chacra, a colaborar, a sugerir ideas fruto de su ya larga experiencia.
Pedro Corries dice de él: "Era un tipo muy prudente... apoyó la investigación en la Chacra de Barrow... Vivió gran parte de su vida en el campo y allí lo encontrábamos para hacerle firmar los papeles de la cooperadora" y agrega: "su postura no era solamente estar, era alguien que trabajaba, asistía a las reuniones, sabía qué es lo que pasaba, era sumamente cuidadoso con la rendición de cuentas, los balances...".
En la memoria y estados contables de diciembre de 2013 se hace referencia a él con motivo de su fallecimiento. "El 12 de febrero hemos tenido que lamentar la desaparición física de Pedro Fernando Alonso, quien presidió nuestra entidad desde el año 1978 al 1988 y que en base a sus méritos, se le otorgó la categoría de socio honorario".
Debemos destacar que Pedro, a pesar de haber dejado de pertenecer a la comisión, siempre estuvo acompañado a la entidad, ya sea en reuniones con ideas y durante las asambleas. Quienes fuimos favorecidos con el beneficio de haber compartido momentos de vida, tuvimos la suerte de conocer un buen amigo y una gran persona".

La Fiesta del Trigo
Aquí lo tenemos nuevamente a Pedro en una actividad que ocupó su vida por muchos años, desde un lunes de abril de 1972 donde ingresó como vicepresidente hasta la Fiesta número 31 en el año 2000, con algunos interregnos y colaboraciones como moderador en la Mesa Redonda que se hacía año a año, donde demostraba su habilidad en el manejo de grupos y en la política gremial agraria. Él se lamentaba que esos foros no siguieran repitiéndose. Manifestaba la pérdida de aquellos momentos en que llegaban altos funcionarios de gobierno a recibir los reclamos de los agrarios, someterlos a debate y dar respuesta a sus inquietudes.
En su paso por la Fiesta se lo recuerda como un trabajador incansable, siempre presente, deseoso de que esa celebración de homenaje al hombre de campo y a su producción se convirtiera en ícono de la ciudad. La dirigió cuando se hacía en el centro de Tres Arroyos. Siempre recordaba en especial a una de ellas, al decir de Nora Giménez, fue "cuando la exposición industrial se extendió desde la plaza San Martín hasta la estatua de la Libertad. Estaba toda la avenida Moreno con las maquinarias y la muestra industrial. Diez o doce cuadras de exposición".
En los discursos de clausura de las fiestas se evidenciaban sus dotes de orador, vibrante, con tono seguro, recalcando la labor del agropecuario y el trabajo de las sucesivas comisiones directivas que estaban conformadas por representantes de diversas instituciones. Dice Gimenéz, quien trabajó en varias ediciones, que "era como un orador muy categórico, casi como si dijera un discurso político, sin arengar, pero con mucha firmeza".

Así fue
Pedro Fernando Alonso fue un verdadero dirigente. Por eso mismo trato que no queden en el olvido esos tresarroyenses valiosos que se tuvieron y que por suerte siguen renovándose en los jóvenes de ahora, en otras circunstancias, por supuesto. Sus coetáneos recalcan que su sentido comunitario y solidario (por algo fue cooperativista) "hacía que en ocasiones postergara la atención de sus ocupaciones particulares para acudir a solucionar los problemas de las instituciones en donde participaba".
Sin duda, como todo ser humano tuvo sus errores y debilidades. Aquí viene a cuento esa frase "quien esté libre de pecados que arroje la primera piedra".
Las voces del terruño donde vivió nos dicen de él que "era activo, una persona conciliadora, dejaba hacer pero aportaba sus conocimientos y guiaba, siempre se llegaba a buenos términos en las discusiones, no era un tipo irritable"... "era ordenador, te dejaba trabajar, pero a su vez trataba de armar las cosas a su manera", "era respetuoso de las ideas de los demás"; "era una persona tremendamente modesta"... "netamente cooperativista".
En esa atmósfera de cooperativismo vivió y murió sin querer acumular fortunas. Anduvo años con su Ford viejo, modelo 38 ó 37 color oscuro. Dice Corries "a veces no le arrancaba, iba a la Chacra (De Barrow con él). Para hacerlo arrancar le daba manija... En el año 75/76 hizo una venta importante de lana y se compró un Falcon y una camioneta, los dos a la vez, cero kilómetro, sorprendente su acción y es lo que tuvo hasta el fin de sus días, no lo cambió más...".
Por los testimonios que he recibido a veces viene a mi memoria el cuento de Borges, "Funes el memorioso" en él se lee "No lo había escrito, porque lo pensado una sola vez ya no podía borrársele".
Porque Pedro era realmente un hombre memorioso. Nora expresa que "retenía fechas exactas, qué había pasado a su alrededor, hasta los días de la semana en que ocurrieron, en qué lugar de tal archivo está el acta de tal fecha. De cualquier acontecimiento podía recordar todos los detalles".
Se le podría preguntar ¿Qué es ser cooperativista Pedro?, y él desde un reportaje del año 1996 en La Voz del Pueblo contesta: "Ser cooperativista es ser un engranaje en un todo, desde el lugar que uno elija, como asociado, como dirigente. Uno debe sentir que en todo momento se está luchando en equipo por algo que le pertenece. Es una filosofía de vida".

miércoles, 25 de febrero de 2015

La playa



 MEMORIA
22.02.2015 : ESCRIBE STELLA MARIS GIL 
        

EL FARO EN CUSTODIA. (COLECCIÓN MUSEO MULAZZI)

Frente al mar la mirada gira de un lado hacia el otro de la costa. Es el atardecer, el sol se va ocultando y la costa verdosa, bordada de dunas, oculta un bosque que tras de ella se vislumbra.
No queda más remedio que subir por el camino de la bajada de los pescadores y adentrarnos en un paraíso de árboles. Es Dunamar, bordeado por el arroyo Claromecó y por un inmenso bosque rico en variedad de árboles plantados por el pionero Ernesto Gesell, su yerno Fangauf y algunos lugareños. Bueno es pasar la noche en tamaño lugar.
A lo lejos, hacia el lado contrario una luz intermitente, como si estuviera flotando en el espacio oscuro indica la existencia del Faro.
Allá iremos al amanecer.
Mucho se ha escrito sobre él, tiene su historia completa, con muchas vidas que lo han custodiado.
Allí estuvieron varias generaciones de marinos en constante atención.
Para llegar arriba hay que transitar una escalera de caracol de 278 escalones. La imagen que se ve desde abajo es la de un perfecto molusco. Una vez en la plataforma la mirada vaga por el inmenso mar, como diría Borges "poblado de sirenas y endriagos" y al fondo el horizonte pareciera que se tragara el mar. Adónde iríamos si iniciáramos un viaje en línea recta, pasaríamos por el sur del continente africano. Nada nos detendría, nuestra latitud también está por debajo de Australia y tal vez chocaríamos con Nueva Zelandia. Solo imaginación que navega sobre el agua en un viaje alrededor del mundo.
Pero el Faro sigue erguido con sus 54 metros de altura. Recordando épocas en que no había satélites para guiar la navegación. Aún así sigue prestando los servicios para la seguridad marítima.
Es administrado por el Servicio Hidrográfico de Balizamiento de la Armada Argentina. A través del tiempo se fueron sucediendo marinos que se ocupan del mantenimiento y funcionamiento.
Junto al cargo militar de marinero, cabos, suboficiales tienen formación como torreros.
La venida de ellos, oriundos de diversos lugares del país, "enganchados" en la Marina, provocó la instalación de nuevas familias en ese Claromecó que iba en crecimiento. Varios encontraron el amor en estas tierras y aquí se casaron.
Torreros
Agapito Mariezcurrena era hijo de uno de esos marinos. Su padre había nacido en 1900. Recuerda: "Yo iba a hacer las guardias con papá en el año 40 y pico. Vino de general Madariaga como cabo torrero, cuidan las torres que siempre custodiaron el mar, tenía señales para los barcos. Mi padre trabajó allí hasta que se jubiló. Llegó a Claromecó el 21 de febrero de 1946, yo era un borrego, tenía 14 años". Cuenta que su mamá se quedó con lo hijos en Quequén hasta que consiguieron una casita. "Papá nos fue a buscar con un camión, trajo los muebles y a nosotros".
Poco contaba de su trabajo, de las guardias rigurosas. "Papá era muy reservado". Lo acompañábamos todo el día, veíamos cómo se sacaban fotos en la portada del faro, jugábamos en los jardines y en la quinta que trabajaban los marineros, dábamos vueltas en bicicleta. Eso podían hacerlo cuando no tenían que ir a la Escuela 11 donde los esperaba la señorita maestra Pepita Navarro Vega. 
Otro torrero llegado de Cosquín, fue destinado también a trabajar en el Faro luego de hacer los cursos correspondientes en Buenos aires. Zoilo García se quedó definitivamente en Tres Arroyos, y a él también el amor lo anudó a una muchacha tresarroyense con quien se casó y tuvo dos hijos. Precisamente el varón de ellos tiene un recuerdo imborrable del trabajo de su padre, en principio como marinero y después como cabo.
Hay que cuidar al gigante
Por los años 90 el faro se veía descascarado. Las nuevas autoridades municipales pusieron manos a la obra y en 1995 lograron la donación de la pintura específica para ese tipo de superficies, donada por la firma Alcántara. El espectáculo lo daban los tanquecitos con los pintores adentro que iban subiendo o bajando para que los círculos quedaran prolijos. Con su nuevo ropaje continuó sin interrupción el foco de 1000 wats de potencia dando luz por las noches. Alguna vez se rompió y solamente el inmigrante austríaco Basilio Bancur, residente en Dunamar, pudo arreglarlo y así superado el problema pudo seguir la tarea de guía de los barcos que por el Atlántico siempre navegan.
Otra vez en superficie nos encontramos con el esqueleto de una ballena. Había sido encontrada muerta en 1991 en el Segundo Salto.
En una entrevista que el diario La Voz del Pueblo con fecha 14 de enero de 1999, le hizo al biólogo Gabriel Francia, contó los pasos que hubo que realizar para la recuperación del esqueleto. "Se trabajó un mes y medio en la playa cuando el mar en bajante lo permitía ya que estaba algo enterrada. Fue un trabajo en equipo", aseguró. Ese grupo lo integraron Rodolfo Fangauf, Alberto Borelli, Chichín Iriart, Adrián y Alberto Bruno, Luis Iturricastillo, el mismo Francia, con colaboradores intermitentes en diversas jornadas de varios vecinos, y también una valiosa colaboración, ya que los alumnos del Instituto Secundario durante varios años limpiaron cada pieza.
De vuelta
Mientras vamos caminando por la playa las reflexiones llegan. El gigante necesita algo más que la visita o la fotografía: es un sitio de memoria. El faro tiene que ver con la identidad de la población donde se yergue. Necesario es que los vecinos se reconozcan en ese sitio junto con las instituciones y logren que sea ordenado Patrimonio Histórico. Es de ellos, es parte de su historia.
La caminata sigue olorosa a sal, sacudida por las ráfagas implacables. La arena que pisamos quema un poco la planta de los pies. Sabemos que sobre ellas se construyeron las famosas casitas de la playa. "Las casas de abajo", como les decían, eran de madera, algunas con placas prensadas, construidas sobre palafitos, para que el agua pase por debajo de ellas mientras la marea subía. Los veraneantes tenían el mar para ellos, sacaban las sillas a la galería y allí contemplaban la inmensidad, mientras las gaviotas merodeaban tranquilas. Por las noches se reunían para jugar a la lotería hasta que el primer aviso de la Cooperativa Eléctrica indicaba que en pocos minutos se cortaba el suministro de energía eléctrica hasta el próximo día.
También por esas playas hubo hoteles como el llamado Brisas, y mucho más atrás en el tiempo el perteneciente a la familia Fernández Molina. Todo existe en el recuerdo de algunos memoriosos.
Llegamos de nuevo a la orilla del arroyo Claromecó. Del otro lado las casas nuevas del barrio Los Troncos van cubriendo el médano.
Pensar que los pocos habitantes de Dunamar en la década del '40 y sucesivas, debían pasar en botecitos por el arroyo hasta que se hizo el primer puente que luego se llevó la inundación. Decía Carlos Bancur: "Antes se manejaba todo por la desembocadura del arroyo, pero era muy complicado, arriesgado y supeditado a los horarios de las mareas y las crecientes".
Hoy reconstruido como puente peatonal facilita el pasaje mientras que el puente Ernesto Gesell sobre la avenida Córdoba, inaugurado en 1982, permite el tránsito cada vez más intenso.
Pero en tiempos pasados no fue así. Soledades, silencios, aridez. Luego el médano se transformó por la mano del hombre y de un visionario como Ernesto Gesell. (Ver cap. Vida las vidas en el libro de mi autoría: "Entre los Tres Arroyos"). Las callecitas se fueron entoscando. Hubo que cerrar con alambre para que no entraran las haciendas de los campos vecinos. Los animales llegaban hasta los médanos y cruzaban a la playa y al arroyo .
Los primeros lotes fueron vendidos en Buenos Aires, y comenzaron a construirse algunas viviendas. Decía Bancur: "Todavía están algunas de las primeras casas de material frente al barrio Los Troncos. Entre ellas la de Gesell. Hay una casita de techo de tejas, pintada de azul, la otra está del otro lado, es igualita, como si fueran calcadas". Fueron vendidos esos terrenos por don Ernesto ante los problemas económicos que generaba tanta inversión en el lugar.
Planta por planta las dunas se fueron fijando y se hicieron bosque, tamariscos, pinos, acacias y mucho más. Se trajeron especies de otras latitudes para probar si eran aptas o no, algunas crecieron como el kirie proveniente de zonas tropicales. Ahora se entiende por qué al bosque se le puso el nombre de Angel Fangauf.
Aún hoy, entre la foresta andan gansos, chimangos, taguatós, varias clases de palomas, copetonas, perdices, cinco clases de colibríes, ratoneras. También hubo ñandúes. Desaparecieron. Dice Bancur: "A medida que iba creciendo la población permanente se dedicaron a cazarlos para comer o vender las plumas. Quedan muy poquitos en algunos campos vecinos donde los cuidan".
Las abejas generan la industria de la apicultura, traídas desde el litoral por Fangauf. Ayuda también a combatir algunos insectos puesto que se alimentan de ellos.
Ernesto Gesell falleció en 1972. Pero quedó la Sociedad Dunamar S.A. integrada por sus herederos.
¿Qué habrá quedado del proyecto Atlantic City?
Las largas playas de Claromecó encierran recuerdos y realidades. Los espectadores pasajeros y los afincados la sienten, como dice el poeta, "grandiosa y viva".
Simbiosis de naturaleza y humanidad

lunes, 12 de enero de 2015

Llegó La Hora

“…un diario sin temor a las ideas creadoras, que no son patrimonio exclusivo de sectores o grupos determinados…”. (La Hora 1958)
LLEGÓ LA HORA
Escribe Stella Maris Gil
La Hora era un diario de la mañana, tresarroyense, fundado por Juan B. Aranguren el 15 de diciembre de 1933. Tuvo domicilio  en la calle Irigoyen (Independencia) 244.
  Le tocó transitar épocas difíciles como consecuencia de las secuelas del golpe cívico-militar de 1930 que le arrebató el poder a Hipólito Irigoyen al que le continuó la llamada  Década Infame.
Su formación radical generó algunas clausuras y hasta cárceles, sufridas por su fundador, visitante de Villa Floresta (cárcel bahiense) con cierta asiduidad. Una de ellas se debió a un escrito sobre “la libertad de prensa”. Otra lo fue “el golpe revolucionario fallido del 16 de junio de 1955”. Como consecuencia La Hora fue clausurado hasta el primero de julio.
              Estas persecuciones, a través del tiempo tomaron diverso cariz para la prensa argentina en numerosos órganos. Decía R Fernández el 9 de febrero de 1978 en su audición “De todo un poco”: “En aquella redacción del desaparecido diario “La Hora” tribuna democrática que en medio de apretujones económicos y un clima de buen humor y semibohemia, desarrolló su tarea en defensa de las libertades públicas a lo largo de más de 30 años, hasta desaparecer en 1962…”. Los fundadores, que provenían del diario La Voz del Pueblo, se lanzaron a una patriada con pocos recursos económicos. Pero siempre hay alguien que da la mano, esta vez vino de Josefa Pappaterra de Fernández  que les cedió el salón de 9 de julio 178, posteriormente se mudaron a Pellegrini 12 hasta que se trasladaron a su domicilio definitivo. De a poco iban comprando las máquinas, juntando los dineros, promocionando el diario.
 Muchas “plumas” locales pasaron por su redacción y dejaron una interesante impronta del transcurrir local, nacional e internacional.
La importancia del diario de papel
 Hechas las presentaciones, vamos a ver qué es lo que se escribía en ese diario de papel, en épocas sin internet, gracias a lo cual ahora se puede hurgar en algunos de sus archivos.
Al mejor estilo del diario Crítica de Natalio Botana que marcó líneas periodísticas, los casos sobresalientes de mayor trascendencia podían seguirse a través de los titulares de la primera plana.
En el ´62 tuvo la primicia de la caída del presidente Frondizi esa misma madrugada. Llegado el mediodía sacó un suplemento sobre el tema.
 En los años ´50 no había guerra mundial. Sin embargo  Corea del Norte y del Sur se debatían en una sangrienta guerra. La Unión Soviética y China por un lado y los Estados Unidos por el otro jugaban al dominio del Extremo Oriente. La Hora iba señalando el estado del conflicto: “Estados Unidos rompe relaciones con el régimen comunista chino”, o “Las Naciones Unidas pujan por lograr la paz en Corea”, o “Impacientemente aguárdase la respuesta roja” y así sucesivamente hasta el final, que nunca termina pues hoy día los conflictos apaciguados por las vías diplomáticas todavía continúan.
En el espacio internacional  se referenciaba la lucha anticomunista en el discurso del Presidente Truman en su mensaje al Congreso en 1950 donde pide que “ que el Congreso siga apoyando su programa para contener al comunismo”. Eran las épocas del temor al demonio rojo que tanto marcó a intelectuales y artistas como Carlos Chaplin.
A veces las páginas titilaban cuando algo impactante sucedía en la República Argentina como fue el hundimiento del Rastreador Fournier en el Estrecho de Magallanes con 77 marinos a bordo. Día a día detallaba los trabajos de rescate,  los homenajes donde todo el país participaba. Fue un 3 de octubre de 1949 y el diario cumplía su tarea de informar que “el rastreador zozobró a la entrada del canal Gabriel a 60 millas marinas al sur del puerto chileno de Punta Arenas…”.
 Abarcaba noticias de todo el país y en la época de las primeras presidencias de Perón, redactaba sus mensajes al Congreso, sus medidas de gobierno, las clausuras temporarias de varios diarios en 1950 por omitir ellos en sus tapas la frase “Año del Libertador general San Martín” considerado como un acto de rebelión hacia las decisiones gubernamentales que ordenaban ponerla en todo escrito.
Se leen las medidas del gobernador Mercante y su visita a San Francisco de Bellocq donde en 1937 se había fundado la colonia.
Estaba bien diferenciado lo internacional, nacional y local. La proveía la agencia “Saporiti que tiene convenios especiales con Agencia France Presse de París. Esta suministra todo su servicio cablegráfico a Saporiti que a su vez lo retrasmite a sus abonados” ( Diario La Hora, 1958). Diversas secciones llevaban al lector a conocer la vida social, el movimiento artístico, las campañas políticas, los famosos meeting realizados en su mayoría en la esquina de Colón e Irigoyen.
La sonrisa llegaba de la mano de algunas de las historietas entre ellas la de Don Fulgencio, el hombre que no tuvo infancia, de Lino Palacio o Chil el ingenioso de Cortinas. Pero Las míticas aventuras de Lindor Covas de Walter Ciocca  atraía a los lectores y sumaba compradores por sus apasionantes relatos. La gente lo seguía.
La columna titulada “Chiflidos”, comentaba en forma coloquial  los temas del día en la región y a su vez marcaba su posición sobre ellos a manera de editorial. El responsable de la misma era Mastronardi.
Y si algo se le olvidaba a los lectores, los suplementos que editaba ayudaban en su memoria. La redacción de éstos constituía un gran esfuerzo para los periodistas, referido al rastreo de las noticias más relevantes que hubieron sucedido por ese lapso de tiempo.  
Lo que contó Juan Pérez
Entre los años 1940 a 1957 aparecieron las crónicas que escribió un tal Juan Pérez.
¿Quién era Juan Pérez? . Era el seudónimo bajo el cual escribía un profesional y periodista local.
Es una costumbre a la que acudían y acuden muchos escritores. Sin ir más lejos Mateo Mastronardi en determinadas ocasiones utilizaba el seudónimo de Restituto Pedernera.
Allí, en formato de verso, en forma irónica a veces, graciosa otras y siempre inmersa en la realidad del pago chico, Pérez publicaba sus observaciones. No lo hacía todos los días, generalmente los días jueves. Había semanas sin Pérez, sin duda no deben haber habido sucesos que lo inspiraran.Le preocupaban los peligros del automovilismo al que eran afectos los muchos tresarroyenses tuercas que había y que hay.
Y ahí poemizaba, describía en los primeros tramos de su escrito una situación, por ej.un grupo de angustiadas personas, temerosas de un gran peligro no explicitado hasta que en el final se develaba el misterio: la preocupación por la cantidad de muertes que había en el deporte automovilístico.
El doctor Ricardo Fernández, también director del periódico después del ´58, era el citado Juan Pérez y ahí se explayaba sobre la suba de impuestos, los gastos para elegir reinas de belleza cuando el hospital no tenía ambulancia, las ramblas de las avenidas sin césped; y la llegada de las aguas corrientes a la ciudad, algo para festejar.
OCanilla
“…¿No ves que hoy tuve la viaraza
Y no creo haber sido imprudente
De poder decir que ya en mi casa
Hay servicio de “agua corriente”.
Crónicas de Juan Pérez
1° de octubre de 1949




                                                         
Dar la hora
La Hora se cerró, tenía muchos problemas económicos. “El 10 de noviembre de 1955 comienza a faltarle papel…dispone suspender provisoriamente sus ediciones de los lunes” (La Hora, 1958). Poco a poco a pesar de los esfuerzos de instituciones y personas del lugar como Bottino, Salas, Ayspurúa , al diario le llegó  la hora. Más de veinte empleados, aproximadamente quedaron sin su fuente de trabajo y el pueblo con un diario menos.
Oscar Aymonino, trabajó en el diario desde 1954. Relata aspectos de esa etapa de su vida: Ingresó como corrector hasta que llegó a redactor. “Vivíamos en el diario. Íbamos a las 2/3 de la tarde, salíamos media hora para cenar, y a partir de allí  seguíamos hasta la madrugada”. Eran épocas en las que la revolución tecnológica no había llegado a su cenit. “El tema para conseguir las noticias era terrible por la tardanza. Algo mejoró con una radio que tenía un sistema estilo morse, que en una época estaba a cargo del radioperador  Miguel Villemur que hacía genialidades con su tarea. “El alivio llegó con las teletipos” con la información impresa. Diversos personajes visitaban la redacción y fueron reporteados, entre ellos el dirigente radical Ricardo Balbín en varias oportunidades, Isabel Sarli, Tu Sam. La pequeña oficina era un mundo en movimiento, presto a acercar la información justa.
Muchos nombres quedan en el papel: Hugo Costanzo en publicidad, Benedicto Soldavini de De la Garma, Goñi del pueblo de Vazquez, Otto Haedo, Cacho Urbieta, Raúl Moreno y tantos otros que quedan en el etc. con las debidas disculpas.
Muy pocos ,nos detenemos cuando pasamos por la plaza San Martín a leer las placas que están colocadas allí. Hay dos pasajes denominados Antonio Maciel uno de ellos y el otro Mateo Mastronardi, que indican el homenaje de la ciudad de Tres Arroyos al periodismo. El primero fue director de La Voz del Pueblo el segundo fue el periodista y director del diario que hoy nos ocupa: La Hora.
Como decían los muchachos que iniciaron esa quijotada que duró casi 30 años:

-“Llegó la hora para que nuestro papel salga a la calle”a informar.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Revueltas callejeras

REVUELTAS CALLEJERAS
Escribe Stella Maris Gil
No todo ha sido paz en el poblado tresarroyense a través de sus cortos años.
Hubo momentos que señalan un grado de violencia que llama la atención en una ciudad donde las vecindades parecieran afectuosas, sólidas . En esta oportunidad vamos a anclar en actitudes de seguidores de partidos políticos que  se enfrentan y todo se altera. Salen a relucir antiguas antinomias nunca negadas pero poco explicitadas en pro de la buena convivencia.
 Me voy a detener en lo sucedido  en los años 1937 Y 1955 donde por suerte la sangre no llegó a los arroyos pero se quedó flotando en los interiores de protagonistas y adeptos.
Radicales y conservadores
 Un 5 de septiembre de 1937  un tajo violento se produjo en el tranquilo transcurrir de Tres Arroyos durante la intendencia de Sebastián Bracco . Por supuesto en ese año no figuraba en  la escena nacional Juan D. Perón. La cuestión era entre conservadores y radicales,  largo enfrentamiento.
Se iban a producir las elecciones nacionales y el fantasma del fraude acechaba. Finalizaba el mandato de Justo y la fórmula ganadora iba a ser Roberto Ortiz – Ramón Castillo. Por Europa los totalitarismos presagiaban desastres.
 Mucho se ha escrito sobre este episodio. En este caso es valioso el testimonio de Liliana Beatriz Mirasso Urtasun  quien dice “La U.C.R. había consensuado con los comités provinciales levantarse en armas ante posible fraude conservador. El fraude se produce. Coronel Dorrego, Lincoln y Tres Arroyos, acatan la orden.
Los radicales estaban en su comité que funcionaba en el primer piso del Palacio San Martín, en calle 9 de julio al 400… estaba con policía en la puerta y palpaban al entrar, pero no a los niños; así fue que mi papá Renée Mirasso, el Negro Larriestra, unos hermanos Haedo y seguro muchos más, pasaron las balas entre sus ropas, cuando se inicia la trifulca hacen salir a los niños, la policía los lleva a sus casas…El enfrentamiento es feroz. Viaja desde Bahía Blanca el juez. Desde el comité sale Roude con bandera blanca y alguien que está al lado de la autoridad dispara y deben amputarle la mano…La policía entra al comité y lleva a todos detenidos, mi abuelo Ramón Mirasso es salvajemente flagelado con un rebenque de coche mateo…Pasado unos días los trasladan en tren a Bahía Blanca, todas las calles cortadas desde la comisaría a la estación de tren, los llevaban en carros volquetes, la policía no dejaban avanzar a los familiares que miraban en las esquinas, pero a los gritos, insultos y manotazos estaba ella la heroica Eduviges Ochoa San Román…” El testimonio continúa, pero es fácil  imaginar “los duros castigos, picana, tanto horror” en las cárceles.
Años después nuevos odios producirían nuevos conflictos
Peronistas y no peronistas
Vieja dicotomía que sigue vigente pero que después del golpe cívico-militar del 16 de setiembre de 1955 se exteriorizó en corridas, ataques y empujones entre los unos y los otros.
Es en ese día que en diversos lugares del país parte de las Fuerzas Armadas se rebelan contra el  gobierno nacional y  el Presidente  debe alejarse ante la fuerza de sus oponentes el día 20. El día 21 asume el poder el general Eduardo Lonardi, expresando el lema “Ni vencedores ni vencidos”.
Tres Arroyos como otras ciudades no fue  ajena a esa conmoción. Toda esa semana vivió momentos de zozobra.
Los titulares de los periódicos lo dicen todo: “Tropas gubernistas que avanzaban sobre Bahía Blanca y que luego buscaron refugio en nuestra ciudad, fueron bombardeadas cerca de Tres Arroyos”. (Diario La Hora, domingo 1° de enero de 1956). La ruta 3 se pobló de tropas leales al gobierno que llegaban desde  Tandil y eran atacadas por los aviones rebeldes de Comandante Espora. Alguna bomba cayó a mil metros de la Chacra de Barrow dejando varios soldados heridos, otra bomba cayó en uno de los puentes de salida de la ciudad. La Sociedad Rural se transformó en campamento militar. En síntesis Tres Arroyos era una ciudad tomada, donde las noticias preocupaban, sobre todo cuando se voló el puente sobre el río Quequén.
Los aviones pasaban a vuelo rasante por el pueblo, se sentían sonidos de armas. Los vecinos se sorprendían, se preocupaban por posibles ataques. Había miedo. La muchachada se subía a los techos para observar los movimientos.
Algunos soldados  que pertenecían a las tropas  murieron.  Los gremios dispusieron una huelga y poco a poco la ciudad fue adquiriendo aspecto de domingo.
Y ahí está el punto de inflexión. Por las calles grupos de ciudadanos no oficialistas comenzaron a recorrer lugares donde había militantes oficialistas aunque las nuevas autoridades militares pedían el cumplimiento del toque de queda.  “Actuaron en nuestra ciudad los Comandos Civiles  revolucionarios, en una suerte de apoyo logístico a los insurrectos mientras grupos armados del peronismo recorrían la ciudad colaborando con la policía en el cumplimiento del toque de queda” (Álbum del diario La Voz del Pueblo). “La crónica dice que luego de un acto en la Plaza San Martín a favor del golpe militar el 22 de setiembre “algunas columnas recorrieron las calles céntricas para exteriorizar su júbilo por la caída de la dictadura y fue entonces que núcleos de exaltados, obrando por su propia cuenta y riesgo procedieron en primer lugar a retirar placas evocativas de personas del régimen depuesto que estaban colocadas en distintas calles y luego se entregaron al desalojo de muebles, papeles y demás útiles de locales ocupadas por unidades básicas del oficialismo siendo dispersados al intervenir la policía cuando pretendían realizar tal acto en un local de la calle Betolaza. En todos los casos los muebles y útiles fueron quemados en la vía pública, sin que lo hecho diera lugar a incidencias ni se registraran desgracias personales” (Diario La Hora, Archivo citado).
Las voces de algunos de los contemporáneos de ese momento ratifican la crónica periodística: “”Aquí vino una parte del ejército que respondía a Perón. Se declaró “ciudad abierta”. Se esperaba que en cualquier momento podríamos ser bombardeados” … “en la Parroquia del Carmen se preparó una especie de hospitalito, por lo que podría pasar”. L Los vecinos se sorprendían, se preocupaban por posibles ataques sangrientos. Había miedo. La dirigente  María Salvatierra de Solfanelli a quien entrevistamos nos dice que “habíamos cerrado las ventanas, todo bien tapadito y la oreja en la radio. Hasta que prácticamente fueron pasando los días”.
Para muchos la emisora más oída era Carve de Uruguay, pero María escuchaba El Mundo porque la extranjera “nos insultaba de arriba abajo”.
Dice María “Yo en esa época estaba en el partido, tenía una escuela de danzas nativas con un grupo de chicos y a los pocos días me vienen a avisar que estaban quemando las cosas del partido en calle Betolaza al 200…Fui… me quemaron hasta las medias, las sillas viejas compradas en remates, quemaron los pocos muebles que teníamos… junto con las máquinas de escribir y lo que tenía algún valor, eso se lo llevaron…cualquier cantidad de libros…nosotros no estábamos, fueron, abrieron la puerta, sacaron todo,  eran civiles.  Todavía con algunos nos cruzamos por la calle”.
Muchos malos momentos se vivieron esos días, vehículos con marcas de balas fruto de enfrentamientos que no llegaron a mayores. Detenciones de militantes, entre ellas la de  Bruno. María fue citada para explicar su participación en los enfrentamientos. Ella, en la vereda de 9 de julio y Colón (ex Casa Aduriz)  pisó el camino de diarios que un vecino armó.
Fue citada.En la comisaría vivió momentos de terror al ser amenazada por custodios armados  “mis rodillas aplaudían, la mano del jefe iba y venía delante de mí presagiando una cachetada que no llegó a producirse”.  Ella creía que le iban a pedir declaración por las revueltas del centro de la ciudad. No fue así. Le pedían que diera nombres de activistas de su partido entre ellos  el del jefe de la Alianza Libertadora Nacionalista que en ese momento, paradoja, estaba presente como custodio frente a ella, mirándola. María se desmayó y apareció sentada en el cordón de la vereda mientras desde un bar cercano miraban los hechos tras los vidrios. “Estaba prohibido pasar por la vereda de la comisaría. Me levanté y disparé para mi casa”.
Hubo diversas instituciones intervenidas, entre ellas la Escuela Industrial y el Colegio Nacional, con grandes revuelos entre los estudiantes adictos y no adictos al golpe. Varios docentes de militancia peronistas fueron agredidos entre ellos  al profesor  Dassis.
Los unos y los otros
Las grietas producidas por luchas entre ciudadanos  quedaron fijas. La vecindad se hizo difícil entre los protagonistas.
Los odios no contribuyen a la construcción de la República. Quedaron recelos. Las luchas deben ser de ideas no de armas o empujones ni de unos ni de otros. Esto pasó a grandes rasgos en estas dos oportunidades.                 
                                                                                     Los ciudadanos partidos en dos tal vez no recordaban que el San Martín de la estatua de la plaza central,  lugar de homenajes, se fue por propia voluntad del país para no participar en luchas civiles que mucho mal le iban a hacer a la futura República.

                                                         Blog: stellamarisgil12.blogspot.com

IMÁGENES

1)      Jóvenes militantes recorriendo la ciudad en los días del golpe cívico-militar de setiembre de 1955