jueves, 13 de marzo de 2014

UN PAISAJE BUCÓLICO




LA MEMORIA.
¡Y SE HIZO…!
Escribe Stella Maris Gil
Un paisaje bucólico
Camino entre los árboles. Apenas pasa el sol por el denso follaje. Mi amiga deposita en su canasta los hongos que va levantando, esos que luego llevará a su cocina para completar los ingredientes que utilizará para sus exquisitas comidas. Sabe cómo seleccionarlos. Un lugareño le enseñó a diferenciar los buenos de los malos.
 El descanso en la reposera invita a la contemplación, a oir el sonido de las copas de los pinos cuando las mece el viento, observar las aves que van y vienen. Un momento de paz.
Estoy cerca del mar, pero la inclemencia del tiempo hace que al igual que los bañistas busque refugio en El Vivero. Es entonces cuando las voces se entrecruzan con los murmullos del lugar y los verdes se llenan de rojos, amarillos, negros y también los azules que compiten con el celeste del cielo.
Más allá  la laguna con su abundante avefauna.
 Cada uno en lo suyo.
 Hasta que llega la perturbación.

Confusión
Las llamaradas se levantan, refulgentes, el aire se torna irrespirable, las lenguas de fuego arrasan con todo lo que encuentran, implacables. Corren entre las matas, la arboleda se inclina pidiendo piedad, pero no es oída. Es el infierno, el castigo por tanta belleza brindada, lo impiadoso. Todo cae. Paisaje color carbón. Tristeza, angustia, dolor.
Los pájaros huyeron, los murmullos se acallaron y el mar desde lejos levanta salvajemente las olas en señal de horror.
Dicen que la tierra es sabia, que el planeta insiste en renaceres. Se inicia una larga espera.
La hombres que hicieron este milagro en el siglo pasado, dejaron el ejemplo de su obra para que otros la continúen y sostengan. En alguno de los lugares dañados se volverá al comienzo, a la era del médano vivo, en el resto continuará el trabajo cotidiano con visión de futuro.
Hace un tiempo
No es fácil transformar en escritura, en texto esa mezcla de naturaleza y humanidad y tener en cuenta las coordenadas temporo-espaciales, sin embargo lo intentaré.              El vivero está en la curva de entrada a Claromecó y a 75 km de la ciudad de Tres Arroyos. Tiene una extensión aproximada de 3000 ha sobre la costa atlántica.
Fue creado en 1948 por idea del Ministerio de Asuntos Agrarios de la Provincia de Buenos Aires. En el principio los profesionales agrónomos trabajaron desde la Escuela Agrícola para producir los plantines que luego se emplearían en la forestación de las dunas. Posteriormente el Vivero fue trasladado a la misma Estación Forestal, donde se encuentra la administración actual. La provincia de Buenos Aires cede en el año 1979 la Estación Forestal a la Municipalidad de Tres Arroyos.
En mi libro “Recuperar la memoria” escribí sobre el Vivero de Claromecó, luego de realizar una serie de entrevistas a pobladores del lugar. Recuerdo cuando me recibió Victor Dubovik y charlamos, mirando el otro lado de la calle donde se extiende el sitio verde. Allí se unieron recuerdos.
Él fue alumno de la Escuela Agrícola y decía que “la dirección de ese establecimiento educativo estaba muy ligada al Vivero…porque el director de nuestro colegio era el jefe del Vivero, Gerardo Paolucci…para nosotros fue un padre”. El iniciador fue el ingeniero Villanueva, luego vino Paolucci creador, ejecutor, el hombre que demolió todos los obstáculos que se iban interponiendo en su camino: financieros, climáticos, burocráticos . Y digo creador porque realmente el sistema de forestación que empleó fue el acertado. Las pruebas están a la vista. A él le sucedió Luis Risso y sucesivamente otros agrónomos que sostuvieron el ímpetu inicial.
Aclaro entonces que el vivero primitivo estaba en la Escuela Agrícola. Donde está instalado hoy, del otro lado, se estaba fijando la duna. “Mil ha de forestación en médanos vivos”.
El ingeniero Carabio a quien también acudí para registrar información técnica indicó las especies que predominan: “pinus y eucaliptus y en menor cantidad: acacias, cupressus. La mayor superficie está forestada con pinus halepensis, pinus insigne, pinus pinaster, eucaliptus colorado y acacia longifolia. Sobre la franja costera hay tamariscos”.
“No fue fácil crear este paraíso. Las dunas no ofrecían facilidades para la vegetación. Hubo que seleccionar técnicas para lograrla. El primer paso fue inmovilizar las dunas con la paja de lino y luego se continuó con la implantación definitiva, con todas las dificultades del caso: falta de tecnología adecuada, inclemencias climáticas, suelos pobres. En la década del 60…se ensayó un “mulch” con la idea de reemplazar la paja de lino. Luego fue dejada de lado por sus costos. La alta densidad de plantación (distancia entre plantas) que hoy se observa en los distintos sectores plantados con pinos, se debió a que el sistema que se utilizaba estaba sujeto a la situación del terreno. Luego serían raleados y aprovechados como madera”. (“Recuperar la memoria”, Gil, Stella Maris).
Paolucci  iba perfeccionando sus ideas. Lo cuenta Dubovik al referirse a la plantación con cartuchos “era un cilindro de Ruberol, con grampas, se engranpaba…en el fondo se ponía un poquito de tierra y con un taco se ponía una plantita arriba. Cuando lo llevaba a los médanos, se ponía con el envase y todo, estaba protegida por unos cuantos meses, con humedad  y cuando la planta tenía necesidad de expandir sus raíces, por los costados se extendía por que se sabía que el ruberol se degradaba entonces no sufría nada la planta. Eso fue el éxito”.
Paso a paso
El Vivero se fue expandiendo. Recibe y da. En la entrevista realizada al ex Director de Turismo del municipio de Tres Arroyos, profesor Nicolás Sabatini, detalló pequeños y grandes momentos de ese lugar como también sus riquezas. Por ejemplo la laguna, donde pululan todo tipo de animales: flamencos, patos, gallaretas, y en especial los cisnes de cuello negro.
A medida que  hace su relato, todo ese gran lagarto verde que despereza sus riquezas vivientes en la cercanía del océano va pasando en mi mente como un continuum de imágenes. Las cabalgatas a caballo o en sulky; los circuitos que recorren todo el espacio de la Estación Forestal. Por iniciativa del citado funcionario se comenzó a pensar en un Vía Crucis que fue creciendo en el alma de los creyentes y los no creyentes. Marta Vega y su esposo, Bonifacio fueron responsables de los primeros intentos y de ahí se transformó en un acontecimiento indispensable en Semana Santa.
Hay un pequeño aserradero que según datos del año 2000, sirve para ingresos genuinos a utilizar en el mantenimiento del lugar
Punto aparte para la concesión de los fogones inclusive con servicios sanitarios instalados.
Los que hacen.
“Generar un bosque no es tarea fácil. No es soplar y hacer botellas, como le decían los congresales de 1816 a José de San Martín, cuando les pedía que sin más dilaciones declararan la Independencia Argentina”. A puro pulmón y con los grupos de trabajo que cambiaron la duna por árbol, bajo la dirección de diversos ingenieros agrónomos y técnicos que se sucedieron a través de los años los árboles crecieron. Dicen que “las plantaciones son producto de la polenta de Paolucci”. “El ideó la distribución del parque”. “Iba a las casas vecinas y pedía por ejemplo la paja para fijar la arena”, con astucia sorteaba las trabas burocráticas. Se arriesgaba al peligro de perder su puesto. Dice Dubovick “Era hombre de patear la puerta de los ministerios”.
Por algo su nombre es hoy el nombre del Vivero. Se resume todo: planta por planta, verde sin riego, olvido de los centros de poder nacionales y provinciales antes de pasar a la esfera municipal. Contiene a todos los anónimos que allí trabajaron. Y la imagen: Paolucci con su camioneta Ford, desvencijada recorriendo los caminos interiores, observando día a día, año a año, el desarrollo de las plantas.
El Vivero como se ve tiene su aspecto forestal y además el turístico. Es una de las joyas naturales de Tres Arroyos. Es un bien patrimonial que nos hace sufrir con sus fuegos y nos gratifica con sus sombras que en realidad son luces de vida. Su historia y su espacio están enraizadas con la identidad tresarroyense.
Imágenes
1)      1996. Entrada a la Escuela Agraria, ex estancia San Francisco. Primeras instancias del Vivero.  Oficia de guía Aníbal Paz, testigo inolvidable del lugar. Organizada,  por el director de Turismo municipal Nicolás Sabatini en ese momento
2)      El ingeniero Paolucci alma mater del Vivero, recorriendo junto a vecinos del lugar la Usina sobre el Arroyo Claromecó, que se derrumbó en el ´80.
3)      El trabajo diario. Grandes cargas de paja de lino paso previo a la forestación de los médanos vivos.

4)      Antes del Vivero. Paolucci sobre la duna se debe preguntar ¿Y ahora qué…?