miércoles, 31 de julio de 2013

EN EL CONTINENTE



EN EL CONTINENTE


Fines de marzo  de 1982, el otoño iba de a poco tiñendo de ocres, rojos y amarillos las calles del municipio de Tres Arroyos.  El 30 de marzo la temperatura era de 13 grados de máxima y 8 de mínima, sin lluvias.
Los vecinos desarrollaban su rutina diaria sin sobresaltos. En plaza de mayo, en la capital de la República, la C.G.T. realizó una marcha obrera  reprimida con saña dando como resultado 1500 detenidos. El miedo de los años de plomo continuaba.
La prensa escrita de esa época indicaba que por el Atlántico Sur las cosas no estaban tranquilas. En las islas Georgias el desembarco de un contingente destinado a desarmar un emprendimiento de industrialización de la ballena provocó malestar en la cancillería británica y en las Malvinas atestigua el diario La Voz del Pueblo que “El sábado por la noche un grupo de personas” ingresó a las oficinas de LADE en puerto Stanley y “colocó una bandera inglesa, mientras pintaban la leyenda “ojo por ojo”.
Comenzó abril y de repente el día dos los noticieros comenzaron a anunciar que un grupo de marinos ¡habían tomado las Malvinas! en cumplimiento del Plan Rosario.
 La marca que llevábamos desde nuestra infancia  ensanchó el espíritu patriótico y el país fue una bandera.
Un desorbitado general con título de presidente de la Nación, desde el usurpado balcón de la Casa Rosada llamaba a la lucha: “Si quieren venir que vengan…”y emitía palabras triunfales.
El país se militarizó y miles de hombres jóvenes fueron alistados para ir al frente junto a las tropas de las tres armas.
EN EL CONTINENTE
Tres Arroyos no fue ajeno a lo que estaba pasando en el país y en el Sur. El 30 de abril La Voz del Pueblo testimonia: “A medida que pasan las horas y el conflicto con Gran Bretaña se acerca a una etapa decisiva en el terreno militar, crece el número de ciudadanos que se ofrecen voluntariamente para apoyar  la labor de los soldados argentinos acantonados en el sur del país… .El registro habilitado en la Biblioteca Pública Sarmiento…tenía anoche 121 voluntarios de ambos sexos…”. Ese mismo día transcribe una decisión de la Obra Social para la Actividad Docente (OSPLAD) donde ofrece capacitación a los interesados que quieran ir a trabajar a Malvinas después de la victoria.
El espíritu triunfalista reinaba en muchas partes, pero estrujaba el corazón de las familias que tenían un combatiente allá, tan lejos, entre la vida y la muerte.
Ejército: Mario
Mario había terminado su servicio militar y regresó a su hogar en el barrio Benito Machado en febrero de 1982 e inmediatamente comenzó a trabajar en la empresa de su padre. Su noviecita vivía a pocas cuadras.
Dice Lydia, su madre “Ese 2 de abril pasamos por la CELTA, estaban izando la bandera y me dice mi hijo “Esto va a traer cola”.
No se equivocó. Por la radio llamaban a los ex conscriptos para que se dirigieran a sus bases, a Mario no le llegó la citación. La mamá fue a la Comisaría y allí le dijeron que se presentara enseguida.
El muchacho partió hacia Tandil. Era el 7 u 8 de abril. Después el silencio.” A la semana nos llama de Río Gallegos: -Fuimos en dos aviones, capaz que volvemos en uno”
“Vivíamos en un estado de angustia insoportable, sólo sabíamos llorar y esperar, hasta que llegaron las primeras cartas y así pudimos sentir que estaba vivo”. “Cuando llegaban las cartas, el Negro Fredes, nos llamaba a las 7 de la mañana y nos avisaba que fuéramos y desde el Correo todavía cerrado nos pasaba la carta”. La solidaridad fue mucha.
                                                                                                           
“Mi nene más chico iba a la escuela y no se quería quedar. Al principio no quería dormir solo”.
El papá lo llevaba y lo veía salir con la cabecita agachada mirando al suelo. Lo primero que preguntaba cuando subía a la camioneta era: -No habló Mario?”.
“La abuela tejió gorros, guantes que decía que había que mandar, chocolates…”.  Mario nunca recibió nada. “Una vuelta robaron un queso para poder comer”.
El papá estaba como jefe de Defensa Civil en la sección correspondiente a su domicilio y desde allí controlaba las donaciones que enviaba a la Municipalidad, “hasta heladeras y cocinas”, además de colaborar con el simulacro de oscurecimiento a principios de mayo.
El drama de perder un hijo llegó a su fin cuando reciben una llamada desde Puerto Madryn donde le dicen que ya están de regreso que los vayan a buscar.
Presto, la familia partió hacia La Plata y luego de algunas largas esperas llegó el momento del encuentro, se abrió el portón del Regimiento 7ª de Infantería y ahí venía Mario,   
“Pasado el tiempo, uno rebobina y parece que todo fue un sueño, pero fue grave sobretodo cuando los ingleses llegaron a Puerto Argentino”.
     Fragmentos de cartas de Mario, un soldado tresarroyense.

Remitente:  Islas Malvinas
                                                                                          Sin fecha (mes de abril)
Queridos padres: “…les escribo porque todavía no he recibido carta de Ustedes…pero recibí el telegrama donde me ponen que salió la encomienda que todavía no recibí…Hasta ahora vamos ganando, nos hemos enterado que les derribamos 18 aviones, les rompimos 6 buques…Chau, un beso” . “Las Malvinas son
argentinas. Viva la patria”.
 16 de mayo
“…para contar hay poco, el otro día escuchamos por la radio que dijeron que acá estaban bombardeando…acà no ha pasado nada”…”Dijeron que nos iban a relevar, pero qué día no se sabe, los que vienen son los tucumanos pero sería mejor irnos sin que venga nadie”…”Cuando llegue a Buenos Aires lo primero que voy a hacer es ir a Lujàn si Dios quiere”
1ª de junio
“El otro día fuimos al pueblo a bañarnos en el hospital …aproveché para comprar algunas cosas…porque andábamos con hambre”… “estoy un poco más flaco…algunos compañeros andan jodidos por el frío y el viento”… “la verdad que lo extraño a mi hermanito”… “Hoy hace 52 días que salí de allá…espero que no se alargue demasiado…Vimos caer un par de aviones pero siempre lejos…También escuchamos por radio unos bolazos impresionantes”
   Sergio: Marina
El hijo de Mavi se recibió de aviador naval en 1978. Ella  no deseaba esa carrera para él, pero la elección se cumplió y su hijo se convirtió en un caminante de los aires. Un día se sorprendió cuando vió que tenía dos medallones colgados en su cuello y ahí le dijo: -“Esta es mi identificación, el arma a la que pertenezco y mi grupo sanguíneo”.” Vos no tenés que andar preguntando nada a nadie…por que la Armada se va a encargar de hacerte saber todo lo que vos quieras saber”.
Y así fue. Estalló el conflicto con Malvinas. Sergio les dijo –Yo  voy a llamar día por medio a las 10 de la noche, así que nos íbamos al negocio a esperar la llamada.
Un día les avisó que iba a estar en Espora y allá fueron en plena madrugada junto con la novia, venía de Rìo Grande en plena guerra. Unos minutos y partían “Yo miraba como salía el avión y se iba quedando chiquitito y le decía a mi marido:-¿lo volveremos a ver?” y vuelta a Copetonas, nombre que tal vez anticipò el destino del aviador.
“En ese tiempo no teníamos Televisión por cable así que andábamos con la antena hacia Bahìa, la oreja pegada a la radio y por allí nos enteramos del hundimiento del Belgrano. ¡Dios mío! Ahì quedé paralizada…fue desgarrador”.
Muchos de Copetonas decían “-Che están ganando, parecían no darse cuenta de la verdadera dimensión del problema”. Como no se vivió en el continente lo lejano no dolía tanto salvo a los que teníamos a nuestros seres queridos en medio de la contienda. “Cuando llegaban los aviones a Espora yo miraba a los oficiales de mayor graduación y corría detrás de ellos y les preguntaba -¿Cuándo termina la guerra, cuando???. –No se sabe señora. Hasta que un día me dijeron: -Señora las guerras sabemos cuando comienzan, nunca cuando terminan. Ahí dije: para qué preguntar”
Los padres y la novia vivieron pendientes del conflicto. Atentos a los tonos de voz que le llegaban desde Rìo Grande, tratando de ver más allá de las palabras tranquilizadoras que no convencían.
Sergio vivió el rescate de los náufragos del Belgrano, pero sobre eso hay mucho escrito.
La madre guarda trofeos y reconocimientos del hijo que quiso ser militar y que hoy con su nueva actividad quedó allá en Ushuaia muy cerca de donde le jugó a la muerte.
Ricardo: Aeronáutica
Sus padres vivieron una ansiedad constante durante la guerra. Así lo atestigua su prima Alicia. El drama comenzó cuando se enteraron que la guerra se había iniciado: “Yo estaba en mi trabajo cuando unas compañeras me avisaron que la vieron a mi mamá llorando en el centro”. Los vecinos gritaban de alegría como si fuera un logro “Pensé en Ricardo”… “Al poco tiempo me avisaron que lo había alcanzado un misil, que se había eyectado, pero estaba desaparecido” … “llamamos a Río Grande donde estaba la base y nos dijeron que lo buscaban con buen pronóstico. Los días fueron pasando…Me acuerdo de esas tardes enteras acompañando a mis tíos con esa desesperación de no saber si está vivo o está muerto por que si te dicen que está muerto ya sabés a qué atenerte pero esa incertidumbre fue terrible…Mi tía lloraba todo el tiempo…”. Su esposa en Tandil y su descendencia vivieron idéntico drama.
Las comunicaciones con él se hicieron difíciles y luego su desaparición fue imposible de superar. Al tiempo la muerte los llevó también a sus padres.
El barrio solidario de la calle Gûemes se quedó sin su aviador, el taller del padre, amante de la velocidad, que tal vez trasmitió a su único hijo se cerró y la madre no tubo ánimos para seguir con la peluquería. El amigo de la vecindad en su eterno duelo tal vez extrañará esas piruetas que Ricardo hacía, como saludo a sus padres, desde el cielo.                             Me pregunto: ¿Para qué sirve la guerra?










































































































































































































































































































LA MEMORIA
EN EL CONTINENTE
Escribe STELLA MARIS GIL
Fines de marzo  de 1982, el otoño iba de a poco tiñendo de ocres, rojos y amarillos las calles del municipio de Tres Arroyos.  El 30 de marzo la temperatura era de 13 grados de máxima y 8 de mínima, sin lluvias.
Los vecinos desarrollaban su rutina diaria sin sobresaltos. En plaza de mayo, en la capital de la República, la C.G.T. realizó una marcha obrera  reprimida con saña dando como resultado 1500 detenidos. El miedo de los años de plomo continuaba.
La prensa escrita de esa época indicaba que por el Atlántico Sur las cosas no estaban tranquilas. En las islas Georgias el desembarco de un contingente destinado a desarmar un emprendimiento de industrialización de la ballena provocó malestar en la cancillería británica y en las Malvinas atestigua el diario La Voz del Pueblo que “El sábado por la noche un grupo de personas” ingresó a las oficinas de LADE en puerto Stanley y “colocó una bandera inglesa, mientras pintaban la leyenda “ojo por ojo”.
Comenzó abril y de repente el día dos los noticieros comenzaron a anunciar que un grupo de marinos ¡habían tomado las Malvinas! en cumplimiento del Plan Rosario.
 La marca que llevábamos desde nuestra infancia  ensanchó el espíritu patriótico y el país fue una bandera.
Un desorbitado general con título de presidente de la Nación, desde el usurpado balcón de la Casa Rosada llamaba a la lucha: “Si quieren venir que vengan…”y emitía palabras triunfales.
El país se militarizó y miles de hombres jóvenes fueron alistados para ir al frente junto a las tropas de las tres armas.
EN EL CONTINENTE
Tres Arroyos no fue ajeno a lo que estaba pasando en el país y en el Sur. El 30 de abril La Voz del Pueblo testimonia: “A medida que pasan las horas y el conflicto con Gran Bretaña se acerca a una etapa decisiva en el terreno militar, crece el número de ciudadanos que se ofrecen voluntariamente para apoyar  la labor de los soldados argentinos acantonados en el sur del país… .El registro habilitado en la Biblioteca Pública Sarmiento…tenía anoche 121 voluntarios de ambos sexos…”. Ese mismo día transcribe una decisión de la Obra Social para la Actividad Docente (OSPLAD) donde ofrece capacitación a los interesados que quieran ir a trabajar a Malvinas después de la victoria.
El espíritu triunfalista reinaba en muchas partes, pero estrujaba el corazón de las familias que tenían un combatiente allá, tan lejos, entre la vida y la muerte.
Ejército: Mario
Mario había terminado su servicio militar y regresó a su hogar en el barrio Benito Machado en febrero de 1982 e inmediatamente comenzó a trabajar en la empresa de su padre. Su noviecita vivía a pocas cuadras.
Dice Lydia, su madre “Ese 2 de abril pasamos por la CELTA, estaban izando la bandera y me dice mi hijo “Esto va a traer cola”.
No se equivocó. Por la radio llamaban a los ex conscriptos para que se dirigieran a sus bases, a Mario no le llegó la citación. La mamá fue a la Comisaría y allí le dijeron que se presentara enseguida.
El muchacho partió hacia Tandil. Era el 7 u 8 de abril. Después el silencio.” A la semana nos llama de Río Gallegos: -Fuimos en dos aviones, capaz que volvemos en uno”
“Vivíamos en un estado de angustia insoportable, sólo sabíamos llorar y esperar, hasta que llegaron las primeras cartas y así pudimos sentir que estaba vivo”. “Cuando llegaban las cartas, el Negro Fredes, nos llamaba a las 7 de la mañana y nos avisaba que fuéramos y desde el Correo todavía cerrado nos pasaba la carta”. La solidaridad fue mucha.
                                                                                                           
“Mi nene más chico iba a la escuela y no se quería quedar. Al principio no quería dormir solo”.
El papá lo llevaba y lo veía salir con la cabecita agachada mirando al suelo. Lo primero que preguntaba cuando subía a la camioneta era: -No habló Mario?”.
“La abuela tejió gorros, guantes que decía que había que mandar, chocolates…”.  Mario nunca recibió nada. “Una vuelta robaron un queso para poder comer”.
El papá estaba como jefe de Defensa Civil en la sección correspondiente a su domicilio y desde allí controlaba las donaciones que enviaba a la Municipalidad, “hasta heladeras y cocinas”, además de colaborar con el simulacro de oscurecimiento a principios de mayo.
El drama de perder un hijo llegó a su fin cuando reciben una llamada desde Puerto Madryn donde le dicen que ya están de regreso que los vayan a buscar.
Presto, la familia partió hacia La Plata y luego de algunas largas esperas llegó el momento del encuentro, se abrió el portón del Regimiento 7ª de Infantería y ahí venía Mario,   
“Pasado el tiempo, uno rebobina y parece que todo fue un sueño, pero fue grave sobretodo cuando los ingleses llegaron a Puerto Argentino”.
     Fragmentos de cartas de Mario, un soldado tresarroyense.

Remitente:  Islas Malvinas
                                                                                          Sin fecha (mes de abril)
Queridos padres: “…les escribo porque todavía no he recibido carta de Ustedes…pero recibí el telegrama donde me ponen que salió la encomienda que todavía no recibí…Hasta ahora vamos ganando, nos hemos enterado que les derribamos 18 aviones, les rompimos 6 buques…Chau, un beso” . “Las Malvinas son
argentinas. Viva la patria”.
 16 de mayo
“…para contar hay poco, el otro día escuchamos por la radio que dijeron que acá estaban bombardeando…acà no ha pasado nada”…”Dijeron que nos iban a relevar, pero qué día no se sabe, los que vienen son los tucumanos pero sería mejor irnos sin que venga nadie”…”Cuando llegue a Buenos Aires lo primero que voy a hacer es ir a Lujàn si Dios quiere”
1ª de junio
“El otro día fuimos al pueblo a bañarnos en el hospital …aproveché para comprar algunas cosas…porque andábamos con hambre”… “estoy un poco más flaco…algunos compañeros andan jodidos por el frío y el viento”… “la verdad que lo extraño a mi hermanito”… “Hoy hace 52 días que salí de allá…espero que no se alargue demasiado…Vimos caer un par de aviones pero siempre lejos…También escuchamos por radio unos bolazos impresionantes”
   Sergio: Marina
El hijo de Mavi se recibió de aviador naval en 1978. Ella  no deseaba esa carrera para él, pero la elección se cumplió y su hijo se convirtió en un caminante de los aires. Un día se sorprendió cuando vió que tenía dos medallones colgados en su cuello y ahí le dijo: -“Esta es mi identificación, el arma a la que pertenezco y mi grupo sanguíneo”.” Vos no tenés que andar preguntando nada a nadie…por que la Armada se va a encargar de hacerte saber todo lo que vos quieras saber”.
Y así fue. Estalló el conflicto con Malvinas. Sergio les dijo –Yo  voy a llamar día por medio a las 10 de la noche, así que nos íbamos al negocio a esperar la llamada.
Un día les avisó que iba a estar en Espora y allá fueron en plena madrugada junto con la novia, venía de Rìo Grande en plena guerra. Unos minutos y partían “Yo miraba como salía el avión y se iba quedando chiquitito y le decía a mi marido:-¿lo volveremos a ver?” y vuelta a Copetonas, nombre que tal vez anticipò el destino del aviador.
“En ese tiempo no teníamos Televisión por cable así que andábamos con la antena hacia Bahìa, la oreja pegada a la radio y por allí nos enteramos del hundimiento del Belgrano. ¡Dios mío! Ahì quedé paralizada…fue desgarrador”.
Muchos de Copetonas decían “-Che están ganando, parecían no darse cuenta de la verdadera dimensión del problema”. Como no se vivió en el continente lo lejano no dolía tanto salvo a los que teníamos a nuestros seres queridos en medio de la contienda. “Cuando llegaban los aviones a Espora yo miraba a los oficiales de mayor graduación y corría detrás de ellos y les preguntaba -¿Cuándo termina la guerra, cuando???. –No se sabe señora. Hasta que un día me dijeron: -Señora las guerras sabemos cuando comienzan, nunca cuando terminan. Ahí dije: para qué preguntar”
Los padres y la novia vivieron pendientes del conflicto. Atentos a los tonos de voz que le llegaban desde Rìo Grande, tratando de ver más allá de las palabras tranquilizadoras que no convencían.
Sergio vivió el rescate de los náufragos del Belgrano, pero sobre eso hay mucho escrito.
La madre guarda trofeos y reconocimientos del hijo que quiso ser militar y que hoy con su nueva actividad quedó allá en Ushuaia muy cerca de donde le jugó a la muerte.
Ricardo: Aeronáutica
Sus padres vivieron una ansiedad constante durante la guerra. Así lo atestigua su prima Alicia. El drama comenzó cuando se enteraron que la guerra se había iniciado: “Yo estaba en mi trabajo cuando unas compañeras me avisaron que la vieron a mi mamá llorando en el centro”. Los vecinos gritaban de alegría como si fuera un logro “Pensé en Ricardo”… “Al poco tiempo me avisaron que lo había alcanzado un misil, que se había eyectado, pero estaba desaparecido” … “llamamos a Río Grande donde estaba la base y nos dijeron que lo buscaban con buen pronóstico. Los días fueron pasando…Me acuerdo de esas tardes enteras acompañando a mis tíos con esa desesperación de no saber si está vivo o está muerto por que si te dicen que está muerto ya sabés a qué atenerte pero esa incertidumbre fue terrible…Mi tía lloraba todo el tiempo…”. Su esposa en Tandil y su descendencia vivieron idéntico drama.
Las comunicaciones con él se hicieron difíciles y luego su desaparición fue imposible de superar. Al tiempo la muerte los llevó también a sus padres.
El barrio solidario de la calle Gûemes se quedó sin su aviador, el taller del padre, amante de la velocidad, que tal vez trasmitió a su único hijo se cerró y la madre no tubo ánimos para seguir con la peluquería. El amigo de la vecindad en su eterno duelo tal vez extrañará esas piruetas que Ricardo hacía, como saludo a sus padres, desde el cielo.                             Me pregunto: ¿Para qué sirve la guerra?




































































































































































LA MEMORIA
EN EL CONTINENTE
Escribe STELLA MARIS GIL
Fines de marzo  de 1982, el otoño iba de a poco tiñendo de ocres, rojos y amarillos las calles del municipio de Tres Arroyos.  El 30 de marzo la temperatura era de 13 grados de máxima y 8 de mínima, sin lluvias.
Los vecinos desarrollaban su rutina diaria sin sobresaltos. En plaza de mayo, en la capital de la República, la C.G.T. realizó una marcha obrera  reprimida con saña dando como resultado 1500 detenidos. El miedo de los años de plomo continuaba.
La prensa escrita de esa época indicaba que por el Atlántico Sur las cosas no estaban tranquilas. En las islas Georgias el desembarco de un contingente destinado a desarmar un emprendimiento de industrialización de la ballena provocó malestar en la cancillería británica y en las Malvinas atestigua el diario La Voz del Pueblo que “El sábado por la noche un grupo de personas” ingresó a las oficinas de LADE en puerto Stanley y “colocó una bandera inglesa, mientras pintaban la leyenda “ojo por ojo”.
Comenzó abril y de repente el día dos los noticieros comenzaron a anunciar que un grupo de marinos ¡habían tomado las Malvinas! en cumplimiento del Plan Rosario.
 La marca que llevábamos desde nuestra infancia  ensanchó el espíritu patriótico y el país fue una bandera.
Un desorbitado general con título de presidente de la Nación, desde el usurpado balcón de la Casa Rosada llamaba a la lucha: “Si quieren venir que vengan…”y emitía palabras triunfales.
El país se militarizó y miles de hombres jóvenes fueron alistados para ir al frente junto a las tropas de las tres armas.
EN EL CONTINENTE
Tres Arroyos no fue ajeno a lo que estaba pasando en el país y en el Sur. El 30 de abril La Voz del Pueblo testimonia: “A medida que pasan las horas y el conflicto con Gran Bretaña se acerca a una etapa decisiva en el terreno militar, crece el número de ciudadanos que se ofrecen voluntariamente para apoyar  la labor de los soldados argentinos acantonados en el sur del país… .El registro habilitado en la Biblioteca Pública Sarmiento…tenía anoche 121 voluntarios de ambos sexos…”. Ese mismo día transcribe una decisión de la Obra Social para la Actividad Docente (OSPLAD) donde ofrece capacitación a los interesados que quieran ir a trabajar a Malvinas después de la victoria.
El espíritu triunfalista reinaba en muchas partes, pero estrujaba el corazón de las familias que tenían un combatiente allá, tan lejos, entre la vida y la muerte.
Ejército: Mario
Mario había terminado su servicio militar y regresó a su hogar en el barrio Benito Machado en febrero de 1982 e inmediatamente comenzó a trabajar en la empresa de su padre. Su noviecita vivía a pocas cuadras.
Dice Lydia, su madre “Ese 2 de abril pasamos por la CELTA, estaban izando la bandera y me dice mi hijo “Esto va a traer cola”.
No se equivocó. Por la radio llamaban a los ex conscriptos para que se dirigieran a sus bases, a Mario no le llegó la citación. La mamá fue a la Comisaría y allí le dijeron que se presentara enseguida.
El muchacho partió hacia Tandil. Era el 7 u 8 de abril. Después el silencio.” A la semana nos llama de Río Gallegos: -Fuimos en dos aviones, capaz que volvemos en uno”
“Vivíamos en un estado de angustia insoportable, sólo sabíamos llorar y esperar, hasta que llegaron las primeras cartas y así pudimos sentir que estaba vivo”. “Cuando llegaban las cartas, el Negro Fredes, nos llamaba a las 7 de la mañana y nos avisaba que fuéramos y desde el Correo todavía cerrado nos pasaba la carta”. La solidaridad fue mucha.
                                                                                                           
“Mi nene más chico iba a la escuela y no se quería quedar. Al principio no quería dormir solo”.
El papá lo llevaba y lo veía salir con la cabecita agachada mirando al suelo. Lo primero que preguntaba cuando subía a la camioneta era: -No habló Mario?”.
“La abuela tejió gorros, guantes que decía que había que mandar, chocolates…”.  Mario nunca recibió nada. “Una vuelta robaron un queso para poder comer”.
El papá estaba como jefe de Defensa Civil en la sección correspondiente a su domicilio y desde allí controlaba las donaciones que enviaba a la Municipalidad, “hasta heladeras y cocinas”, además de colaborar con el simulacro de oscurecimiento a principios de mayo.
El drama de perder un hijo llegó a su fin cuando reciben una llamada desde Puerto Madryn donde le dicen que ya están de regreso que los vayan a buscar.
Presto, la familia partió hacia La Plata y luego de algunas largas esperas llegó el momento del encuentro, se abrió el portón del Regimiento 7ª de Infantería y ahí venía Mario,   
“Pasado el tiempo, uno rebobina y parece que todo fue un sueño, pero fue grave sobretodo cuando los ingleses llegaron a Puerto Argentino”.
     Fragmentos de cartas de Mario, un soldado tresarroyense.

Remitente:  Islas Malvinas
                                                                                          Sin fecha (mes de abril)
Queridos padres: “…les escribo porque todavía no he recibido carta de Ustedes…pero recibí el telegrama donde me ponen que salió la encomienda que todavía no recibí…Hasta ahora vamos ganando, nos hemos enterado que les derribamos 18 aviones, les rompimos 6 buques…Chau, un beso” . “Las Malvinas son
argentinas. Viva la patria”.
 16 de mayo
“…para contar hay poco, el otro día escuchamos por la radio que dijeron que acá estaban bombardeando…acà no ha pasado nada”…”Dijeron que nos iban a relevar, pero qué día no se sabe, los que vienen son los tucumanos pero sería mejor irnos sin que venga nadie”…”Cuando llegue a Buenos Aires lo primero que voy a hacer es ir a Lujàn si Dios quiere”
1ª de junio
“El otro día fuimos al pueblo a bañarnos en el hospital …aproveché para comprar algunas cosas…porque andábamos con hambre”… “estoy un poco más flaco…algunos compañeros andan jodidos por el frío y el viento”… “la verdad que lo extraño a mi hermanito”… “Hoy hace 52 días que salí de allá…espero que no se alargue demasiado…Vimos caer un par de aviones pero siempre lejos…También escuchamos por radio unos bolazos impresionantes”
   Sergio: Marina
El hijo de Mavi se recibió de aviador naval en 1978. Ella  no deseaba esa carrera para él, pero la elección se cumplió y su hijo se convirtió en un caminante de los aires. Un día se sorprendió cuando vió que tenía dos medallones colgados en su cuello y ahí le dijo: -“Esta es mi identificación, el arma a la que pertenezco y mi grupo sanguíneo”.” Vos no tenés que andar preguntando nada a nadie…por que la Armada se va a encargar de hacerte saber todo lo que vos quieras saber”.
Y así fue. Estalló el conflicto con Malvinas. Sergio les dijo –Yo  voy a llamar día por medio a las 10 de la noche, así que nos íbamos al negocio a esperar la llamada.
Un día les avisó que iba a estar en Espora y allá fueron en plena madrugada junto con la novia, venía de Rìo Grande en plena guerra. Unos minutos y partían “Yo miraba como salía el avión y se iba quedando chiquitito y le decía a mi marido:-¿lo volveremos a ver?” y vuelta a Copetonas, nombre que tal vez anticipò el destino del aviador.
“En ese tiempo no teníamos Televisión por cable así que andábamos con la antena hacia Bahìa, la oreja pegada a la radio y por allí nos enteramos del hundimiento del Belgrano. ¡Dios mío! Ahì quedé paralizada…fue desgarrador”.
Muchos de Copetonas decían “-Che están ganando, parecían no darse cuenta de la verdadera dimensión del problema”. Como no se vivió en el continente lo lejano no dolía tanto salvo a los que teníamos a nuestros seres queridos en medio de la contienda. “Cuando llegaban los aviones a Espora yo miraba a los oficiales de mayor graduación y corría detrás de ellos y les preguntaba -¿Cuándo termina la guerra, cuando???. –No se sabe señora. Hasta que un día me dijeron: -Señora las guerras sabemos cuando comienzan, nunca cuando terminan. Ahí dije: para qué preguntar”
Los padres y la novia vivieron pendientes del conflicto. Atentos a los tonos de voz que le llegaban desde Rìo Grande, tratando de ver más allá de las palabras tranquilizadoras que no convencían.
Sergio vivió el rescate de los náufragos del Belgrano, pero sobre eso hay mucho escrito.
La madre guarda trofeos y reconocimientos del hijo que quiso ser militar y que hoy con su nueva actividad quedó allá en Ushuaia muy cerca de donde le jugó a la muerte.
Ricardo: Aeronáutica
Sus padres vivieron una ansiedad constante durante la guerra. Así lo atestigua su prima Alicia. El drama comenzó cuando se enteraron que la guerra se había iniciado: “Yo estaba en mi trabajo cuando unas compañeras me avisaron que la vieron a mi mamá llorando en el centro”. Los vecinos gritaban de alegría como si fuera un logro “Pensé en Ricardo”… “Al poco tiempo me avisaron que lo había alcanzado un misil, que se había eyectado, pero estaba desaparecido” … “llamamos a Río Grande donde estaba la base y nos dijeron que lo buscaban con buen pronóstico. Los días fueron pasando…Me acuerdo de esas tardes enteras acompañando a mis tíos con esa desesperación de no saber si está vivo o está muerto por que si te dicen que está muerto ya sabés a qué atenerte pero esa incertidumbre fue terrible…Mi tía lloraba todo el tiempo…”. Su esposa en Tandil y su descendencia vivieron idéntico drama.
Las comunicaciones con él se hicieron difíciles y luego su desaparición fue imposible de superar. Al tiempo la muerte los llevó también a sus padres.
El barrio solidario de la calle Gûemes se quedó sin su aviador, el taller del padre, amante de la velocidad, que tal vez trasmitió a su único hijo se cerró y la madre no tubo ánimos para seguir con la peluquería. El amigo de la vecindad en su eterno duelo tal vez extrañará esas piruetas que Ricardo hacía, como saludo a sus padres, desde el cielo.                             Me pregunto: ¿Para qué sirve la guerra?

























































































































































































































































































































































viernes, 5 de julio de 2013

LA MEMORIA

EL CENTRO Escribe Stella Maris Gil * Una joven de las décadas del´60 y ´70 devenida hoy en señora de cinco décadas me dijo en alguna oportunidad: “Cruzaba la avenida Moreno y comenzaba el paseo, los cines, las tiendas y los helados en La Cipriana”. La señora de hoy brindó una estampa urbana y en especial las calles 9 de julio en su primera cuadra y Colón al 200, las que trajinaron los abuelos y bisabuelos actuales, que no tiene que quedar en el olvido pues es parte del imaginario de los tresarroyenses. Esa ciudad de mediados del siglo XX tenía un centro comercial muy activo, con algunas sucursales de empresas de Buenos Aires y con emprendimientos de origen local. El tiempo cambió a algunos negocios de lugar, otros derivaron en diferentes rubros, otros cerraron para siempre. Pero el Centro fue y es lugar de atracción y punto obligado de compras, sector recorrido por gran parte de los vecinos de una ciudad que de a poco se fue extendiendo más allá de las avenidas que la limitaban, con pleno afianzamiento de los nuevos barrios, algunos de cuyos vecinos tenían al Centro como paseo dominguero. LUGAR DE ENCUENTRO Llegar al Centro y no entrar a La Cipriana era casi imposible. Por ejemplo las adolescentes festejaban el fin de clase en ella, los novios hacían sus planes saboreando helados. Fue sitio concurrido en todas las estaciones del año, puesto que en verano se vendían los helados y con el frío no había nada que superara las pizzas, o los churros o los submarinos. ¡Qué placer! El local estaba ubicado en 9 de julio 54. Cuando entrabas te encontrabas con un largo mostrador de mármol siempre reluciente y ahí nomas te sentabas en los altos taburetes redondos de madera tipo trípode y comenzabas a pedir sus delicias. Todos los productos eran elaborados en la parte de atrás del local. Allì estaba Belza, su dueño y fundador, en trabajo y supervisión constante. Cuenta su nieta que por un largo pasillo del costado entraban los insumos. En cierta ocasión al levantar la tapa de uno de los tarros donde traían la leche en el carro, directamente de los tambos se encontró con que había una mosca, por lo que volcó totalmente su contenido. Higiene al máximo y a saborear aquellos panqueques con dulce de leche y su especialidad los MILK SHAKE o sea un batido de banana y leche. Hasta allí llegaban los cinéfilos que cumplían con aquel dicho “sábado a la noche…cine”, sin olvidar que había fuciones durante toda la semana. La otra opción era ir a la confitería La Perla ubicada en sus inicios en Colòn 284 propiedad de Serafín Gilabert. En el intervalo de las dos películas que se ofrecían, los espectadores se cruzaban a tomar un cafecito en su salón de té acompañado con alguna de sus especialidades: merengues Chantilly o masas frescas. Parte del mobiliario aún se conserva en La Perla actual, como son sus carameleros y el cartel de entrada por calle Irigoyen. VAMOS DE COMPRAS Los vecinos tenían en general su tienda predilecta para comprar lo que necesitaban. Sin embargo caminar, mirar y comparar eran acciones convertidas en paseos. Hay marcadas diferencias con los negocios de este siglo XXI donde cada negocio tiene su especialidad y se impone el marquismo. Ya citamos en el artículo anterior a Gath y Chavez pero también había otros negocios como Casa Arteta en la esquina de Colón e Independencia (hoy Hipólito Irigoyen) con un frente de 50 por 20 metros, una de las 16 sucursales con las que contaba la Central en Buenos Aires propiedad de Arteta y Alvarez inmigrantes españoles. Fue inaugurada en 1938 en su transitorio lugar de Chacabuco y Maipù hasta que se terminó de construir el edificio de Planta Baja para el negocio y de departamentos en el Primer Piso que aún se mantiene en pie. Odasso su último gerente cuenta que tuvo una época en que llegaron a trabajar 60 personas, lo mismo que en Aduriz “era cuando no existían las boutiques. La gente que venía del campo se pasaba el día, comprando, porque lo hacía para cubrir las necesidades para todo el año, se hacía publicidad en los campos, en la ciudad, con boletines, se repartían cuadra por cuadra y se iba al campo con vehículos”. “Estaba dividido en ocho secciones: mercería, perfumería, ropa de hombre, lencería de damas, ropa blanca, telas, toallas, valijas…era un rubro extenso”. Las mayores ventas se daban en la sección calzados y en especial las zapatillas. Con respecto al personal agrega que era ”un grupo maravilloso, cumplidor al máximo, muy eficiente, había que trabajar con corbata y camisa y a veces con saco”. Las liquidaciones provocaban en los negocios aglomeración de gente en las veredas. Durante el fin de semana se exhibían las ofertas y el lunes una vez ubicadas en las largas mesas, se permitía la entrada a la totalidad de la gente. “Realmente eran precios que llamaban la atención, había que renovar para dar paso a lo nuevo…eran verdaderas liquidaciones”. Arteta cerró en 1990. La dinámica de las tiendas de antes con la variedad de productos que ofrecía, permitía comprar en el mismo lugar todo lo necesario para la indumentaria personal y para las necesidades del hogar generando una clientela fija en cualquiera de las tiendas de ese sector de la ciudad que también competían entre ellas, caso Aduriz, por ejemplo, pero como dice Odasso “competencia suave, había que defender los costos, llamar la atención de alguna manera”. LA COTIDIANIDAD El empleo era estable y muchos llegaban a cumplir sus 30 años de trabajo en el mismo lugar a pesar de las crisis económicas que se aliviaban desde el Sindicato de Empleados de Comercio con su mutual y otros beneficios. Las huelgas realizadas a través del tiempo generaron diferencias entre muchos asalariados puesto que no todos se sumaban a ellas. En muchos casos las puertas se cerraban para evitar enfrentamientos mayores entre pares. El paisaje del Centro siempre estaba animado. Junto al público trajinaban las bicicletas de los cadetes, llevando y trayendo paquetes, o limpiando vidrios. Ser cadete casi adolescente era el punto de partida para los trabajos del futuro en alguno de los negocios de la ciudad, era tener por fin una entrada económica, era la necesaria entrada al mundo laboral. Pero también por allí andaban los pícaros, como asevera Nora Jorgensen. Había empezado a trabajar en Los Cracks, ubicado en la calle Colón 236, el 1ª de agosto de 1962 y estaba afiliada al gremio bajo el número 2242: Cuenta: - “Una vez rompieron la vidriera y vino la policía…también había estafadores que rondaban el Centro y con diversos ardides tipo “cuento del tìo” se alzaban con unos buenos pesos. Generalmente llegaban de otras ciudades y en muchas ocasiones los gerentes avisaban a la zona para apresarlos. “Eran tan habilidosos que no te dabas cuenta del robo hasta que hacías la caja en el cierre”. Los Cracks se dedicaba especialmente a la ropa de hombre de todo tipo aunque incorporó ropa de mujer en algunas etapas de su existencia. Allì trabajaban dos vendedores, la cajera, el gerente y el cadete. Luego los dueños lo vendieron y siguieron al frente dos de sus empleados EL CENTRO El centro sigue activo, algo cambiado. A través del tiempo, si observamos antiguas fotografías o recurrimos a la memoria de los bisabuelos siguen resonando nombres. Entonces si hacemos un ejercicio de memoria y nos decimos –¿Qué había allí? ó ¿Qué había debajo de los edificios horizontales en la época que la ciudad era plana?. Si nos salimos del radio recorrido en este artículo y del tiempo y vamos al 100 de Colón. En la base del edificio Cosmos estaba la famosa “Las Antillas”. Allì había de todo dice Pirucha: “discos, caramelos, bombones, cosas de bazar, juguetes, muñecas”. “De acuerdo a lo que comprabas te daban un caramelo, si la compra era mayor recibías un bombón”. Al lado estaba “El rubio” que anexaba un salón de lustrar calzado, como también disfraces que alquilaba en los corsos, entre ellos los dominò “capa con capucha para hacer de mascarita”. Era otro paisaje urbano. El paseo terminó, cortito pero intenso. La rueda del tiempo seguirá girando.