lunes, 12 de enero de 2015

Llegó La Hora

“…un diario sin temor a las ideas creadoras, que no son patrimonio exclusivo de sectores o grupos determinados…”. (La Hora 1958)
LLEGÓ LA HORA
Escribe Stella Maris Gil
La Hora era un diario de la mañana, tresarroyense, fundado por Juan B. Aranguren el 15 de diciembre de 1933. Tuvo domicilio  en la calle Irigoyen (Independencia) 244.
  Le tocó transitar épocas difíciles como consecuencia de las secuelas del golpe cívico-militar de 1930 que le arrebató el poder a Hipólito Irigoyen al que le continuó la llamada  Década Infame.
Su formación radical generó algunas clausuras y hasta cárceles, sufridas por su fundador, visitante de Villa Floresta (cárcel bahiense) con cierta asiduidad. Una de ellas se debió a un escrito sobre “la libertad de prensa”. Otra lo fue “el golpe revolucionario fallido del 16 de junio de 1955”. Como consecuencia La Hora fue clausurado hasta el primero de julio.
              Estas persecuciones, a través del tiempo tomaron diverso cariz para la prensa argentina en numerosos órganos. Decía R Fernández el 9 de febrero de 1978 en su audición “De todo un poco”: “En aquella redacción del desaparecido diario “La Hora” tribuna democrática que en medio de apretujones económicos y un clima de buen humor y semibohemia, desarrolló su tarea en defensa de las libertades públicas a lo largo de más de 30 años, hasta desaparecer en 1962…”. Los fundadores, que provenían del diario La Voz del Pueblo, se lanzaron a una patriada con pocos recursos económicos. Pero siempre hay alguien que da la mano, esta vez vino de Josefa Pappaterra de Fernández  que les cedió el salón de 9 de julio 178, posteriormente se mudaron a Pellegrini 12 hasta que se trasladaron a su domicilio definitivo. De a poco iban comprando las máquinas, juntando los dineros, promocionando el diario.
 Muchas “plumas” locales pasaron por su redacción y dejaron una interesante impronta del transcurrir local, nacional e internacional.
La importancia del diario de papel
 Hechas las presentaciones, vamos a ver qué es lo que se escribía en ese diario de papel, en épocas sin internet, gracias a lo cual ahora se puede hurgar en algunos de sus archivos.
Al mejor estilo del diario Crítica de Natalio Botana que marcó líneas periodísticas, los casos sobresalientes de mayor trascendencia podían seguirse a través de los titulares de la primera plana.
En el ´62 tuvo la primicia de la caída del presidente Frondizi esa misma madrugada. Llegado el mediodía sacó un suplemento sobre el tema.
 En los años ´50 no había guerra mundial. Sin embargo  Corea del Norte y del Sur se debatían en una sangrienta guerra. La Unión Soviética y China por un lado y los Estados Unidos por el otro jugaban al dominio del Extremo Oriente. La Hora iba señalando el estado del conflicto: “Estados Unidos rompe relaciones con el régimen comunista chino”, o “Las Naciones Unidas pujan por lograr la paz en Corea”, o “Impacientemente aguárdase la respuesta roja” y así sucesivamente hasta el final, que nunca termina pues hoy día los conflictos apaciguados por las vías diplomáticas todavía continúan.
En el espacio internacional  se referenciaba la lucha anticomunista en el discurso del Presidente Truman en su mensaje al Congreso en 1950 donde pide que “ que el Congreso siga apoyando su programa para contener al comunismo”. Eran las épocas del temor al demonio rojo que tanto marcó a intelectuales y artistas como Carlos Chaplin.
A veces las páginas titilaban cuando algo impactante sucedía en la República Argentina como fue el hundimiento del Rastreador Fournier en el Estrecho de Magallanes con 77 marinos a bordo. Día a día detallaba los trabajos de rescate,  los homenajes donde todo el país participaba. Fue un 3 de octubre de 1949 y el diario cumplía su tarea de informar que “el rastreador zozobró a la entrada del canal Gabriel a 60 millas marinas al sur del puerto chileno de Punta Arenas…”.
 Abarcaba noticias de todo el país y en la época de las primeras presidencias de Perón, redactaba sus mensajes al Congreso, sus medidas de gobierno, las clausuras temporarias de varios diarios en 1950 por omitir ellos en sus tapas la frase “Año del Libertador general San Martín” considerado como un acto de rebelión hacia las decisiones gubernamentales que ordenaban ponerla en todo escrito.
Se leen las medidas del gobernador Mercante y su visita a San Francisco de Bellocq donde en 1937 se había fundado la colonia.
Estaba bien diferenciado lo internacional, nacional y local. La proveía la agencia “Saporiti que tiene convenios especiales con Agencia France Presse de París. Esta suministra todo su servicio cablegráfico a Saporiti que a su vez lo retrasmite a sus abonados” ( Diario La Hora, 1958). Diversas secciones llevaban al lector a conocer la vida social, el movimiento artístico, las campañas políticas, los famosos meeting realizados en su mayoría en la esquina de Colón e Irigoyen.
La sonrisa llegaba de la mano de algunas de las historietas entre ellas la de Don Fulgencio, el hombre que no tuvo infancia, de Lino Palacio o Chil el ingenioso de Cortinas. Pero Las míticas aventuras de Lindor Covas de Walter Ciocca  atraía a los lectores y sumaba compradores por sus apasionantes relatos. La gente lo seguía.
La columna titulada “Chiflidos”, comentaba en forma coloquial  los temas del día en la región y a su vez marcaba su posición sobre ellos a manera de editorial. El responsable de la misma era Mastronardi.
Y si algo se le olvidaba a los lectores, los suplementos que editaba ayudaban en su memoria. La redacción de éstos constituía un gran esfuerzo para los periodistas, referido al rastreo de las noticias más relevantes que hubieron sucedido por ese lapso de tiempo.  
Lo que contó Juan Pérez
Entre los años 1940 a 1957 aparecieron las crónicas que escribió un tal Juan Pérez.
¿Quién era Juan Pérez? . Era el seudónimo bajo el cual escribía un profesional y periodista local.
Es una costumbre a la que acudían y acuden muchos escritores. Sin ir más lejos Mateo Mastronardi en determinadas ocasiones utilizaba el seudónimo de Restituto Pedernera.
Allí, en formato de verso, en forma irónica a veces, graciosa otras y siempre inmersa en la realidad del pago chico, Pérez publicaba sus observaciones. No lo hacía todos los días, generalmente los días jueves. Había semanas sin Pérez, sin duda no deben haber habido sucesos que lo inspiraran.Le preocupaban los peligros del automovilismo al que eran afectos los muchos tresarroyenses tuercas que había y que hay.
Y ahí poemizaba, describía en los primeros tramos de su escrito una situación, por ej.un grupo de angustiadas personas, temerosas de un gran peligro no explicitado hasta que en el final se develaba el misterio: la preocupación por la cantidad de muertes que había en el deporte automovilístico.
El doctor Ricardo Fernández, también director del periódico después del ´58, era el citado Juan Pérez y ahí se explayaba sobre la suba de impuestos, los gastos para elegir reinas de belleza cuando el hospital no tenía ambulancia, las ramblas de las avenidas sin césped; y la llegada de las aguas corrientes a la ciudad, algo para festejar.
OCanilla
“…¿No ves que hoy tuve la viaraza
Y no creo haber sido imprudente
De poder decir que ya en mi casa
Hay servicio de “agua corriente”.
Crónicas de Juan Pérez
1° de octubre de 1949




                                                         
Dar la hora
La Hora se cerró, tenía muchos problemas económicos. “El 10 de noviembre de 1955 comienza a faltarle papel…dispone suspender provisoriamente sus ediciones de los lunes” (La Hora, 1958). Poco a poco a pesar de los esfuerzos de instituciones y personas del lugar como Bottino, Salas, Ayspurúa , al diario le llegó  la hora. Más de veinte empleados, aproximadamente quedaron sin su fuente de trabajo y el pueblo con un diario menos.
Oscar Aymonino, trabajó en el diario desde 1954. Relata aspectos de esa etapa de su vida: Ingresó como corrector hasta que llegó a redactor. “Vivíamos en el diario. Íbamos a las 2/3 de la tarde, salíamos media hora para cenar, y a partir de allí  seguíamos hasta la madrugada”. Eran épocas en las que la revolución tecnológica no había llegado a su cenit. “El tema para conseguir las noticias era terrible por la tardanza. Algo mejoró con una radio que tenía un sistema estilo morse, que en una época estaba a cargo del radioperador  Miguel Villemur que hacía genialidades con su tarea. “El alivio llegó con las teletipos” con la información impresa. Diversos personajes visitaban la redacción y fueron reporteados, entre ellos el dirigente radical Ricardo Balbín en varias oportunidades, Isabel Sarli, Tu Sam. La pequeña oficina era un mundo en movimiento, presto a acercar la información justa.
Muchos nombres quedan en el papel: Hugo Costanzo en publicidad, Benedicto Soldavini de De la Garma, Goñi del pueblo de Vazquez, Otto Haedo, Cacho Urbieta, Raúl Moreno y tantos otros que quedan en el etc. con las debidas disculpas.
Muy pocos ,nos detenemos cuando pasamos por la plaza San Martín a leer las placas que están colocadas allí. Hay dos pasajes denominados Antonio Maciel uno de ellos y el otro Mateo Mastronardi, que indican el homenaje de la ciudad de Tres Arroyos al periodismo. El primero fue director de La Voz del Pueblo el segundo fue el periodista y director del diario que hoy nos ocupa: La Hora.
Como decían los muchachos que iniciaron esa quijotada que duró casi 30 años:

-“Llegó la hora para que nuestro papel salga a la calle”a informar.