martes, 29 de marzo de 2016

El Tucumán de la Independencia









EL BICENTENARIO: EL TUCUMÁN DE LA INDEPENDENCIA
Escribe Stella Maris Gil
El país se prepara para los fastos del Bicentenario, para agitar la palabra independencia bien o mal entendida o aplicada. Esa palabra que vibró el 9 de julio de 1816.
Y fue en el Tucumán, donde ocurrió tamaño suceso, tierra de los Lules, de los calchaquíes, los tonocotés o juríes y sus divisiones. Poblaciones autóctonas, con sus fortalezas, sus trabajos y sus luchas internas. Y más adelante en el tiempo la llegada inca.
Tal vez una flecha del tiempo partiría de miles de años atrás donde las diferentes naciones vivían abrazadas a sus tradiciones y rivalizaban también entre sí para ampliar sus lugares entre sus valles, quebradas y sus sierras que van descendiendo desde el Aconquija,  tierra de soledades, naturaleza feraz, de maíz, de peces, de pimientos secados al sol,  de misterios como los que esconden los menhires del Tafí, de devoción a la madre tierra, la Pacha Mama.
Hasta que del Norte llegaron los blancos que habían cruzado el inmenso Atlántico, se aposentaron en las tierras americanas, y allí en el Tucma que significa según dicen “donde terminan las cosas” en quechua se apropiaron de su vida, sus tierras, vino un nuevo dios y se quedó junto a sus dioses, les desforestaron las nacientes de sus ríos. Buscaron oro y plata, pero no lo encontraron. Dice el historiador Terán que los españoles “no pudieron descubrir la majestad de la selva ni de su flora, ni la sublimidad de la montaña, puesto que no fueron para ellos sino obstáculos tremendo” por lo que los nativos libres pasaron a ser encomendados, y a doblar su cintura para sacar las riquezas de las tierras. “Supieron aprovechar muy bien toda desigualdad y punto saliente de sus faldas y cuestas escarpadas para levantar allí un sinnúmero de pircas”. Hubo guerras, como las calchaquíes que se rebelaron contra el invasor. Otros, los Quilmes, constructores de avanzada, dejaron uno de los yacimientos arqueológicos del NO más importantes del país. A manera de servidumbre fueron llevados a través del territorio nacional hacia otra vida distinta en los alrededores de Buenos Aires, ajena a su idiosincrasia, donde la mayoría murió.
 En este siglo XXI no todo ha desaparecido de las antiguas culturas, renacen en palabras, costumbres y en esa fusión cultural que dejó  rastros. “Mi familia es de Simoca, comían el locro, pero también está el locro “huascha”, el locro de los pobres. Palabras que uno creía que eran propias pero son indias, como Famaillá “lugar de descanso” (Rogelio Moreno).
El exterminio no fue total. Plataformas indígenas en el mundo tecnológico del hoy.
 Jardín de la República
La selva subtropical que posee Tucumán da fundados méritos de esa denominación, cosmos silencioso y bello.        
La flecha del tiempo lo sobrevuela en su  vida colonial y ve lo que hoy la toponimia denomina Pueblo Viejo donde se fundó “la ciudad y pueblo de San Miguel de Tucumán en el campo que llaman en lengua de naturales IBATIN, ribera del río que sale de la quebrada” (Carlos Paez de la Torre, “Historia de Tucumán”) hasta que encontró su lugar definitivo en La Toma y fue la capital orgullosa a la que los lugareños todavía le llaman “la ciudad”.
También ve como los llegados “eran premiados con mercedes de tierras por haber intervenido en la ocupación y colonización del territorio” (prof. Hilda Cainzo).
Así nacieron pueblos con sus casas arracimadas alrededor de los campanarios. Hoy día mantienen sus marcas de origen, sus artesanos en sus calles y veredas, sus jardines. En los campos y serranías los campesinos siguen con antiguas siembras a pesar de los olvidos y las crisis perpetuas.
Pervive Famaillá, pueblo de indios anterior a la conquista española; los jesuitas dejaron su impronta, sobretodo en Lules.
La Colonia prosperó con el comercio de mulas ida y vuelta al Norte.
Siglo XIX revolucionario
 A la pequeña Tucumán después de tantas divisiones territoriales se le redujo su extensión y siguió siendo una de las provincias poseedora de las más ricas economías regionales.
 Tuvo sus industrias, entre ellas la construcción de carretas, por tener los bosques nativos y ser un lugar estratégico de comunicación con el norte la Bolivia y el Perú.
 El obispo Colombres impulsó el cultivo  de cañaverales y la elaboración del azúcar de caña;
 1821 fue el punto de partida de la primera fábrica fundada por él con la utilización del mítico trapiche de madera.
La figura de Manuel Belgrano se desliza entre las nubes, para recordarles aquella batalla del 24 de setiembre de 1812, en el campo de las Carreras, que dejó a los imperiales vencidos, desarrapados, huyendo hacia el Norte. Fue el día de la virgen de la Merced, ante cuya imagen se inclinó para agradecer el licenciado en leyes asumido general para servir a su patria, hasta que murió pobre, con solo sus riquezas morales. Dicen los archivos que durante la procesión en honor de ella, Belgrano recibió la confirmación de la retirada total de los invasores. Ante tan tranquilizadora noticia mientras veía el paso de los fieles, cruzó la calle y  depositó ante la virgencita su bastón de mando y la nombró Generala de los ejércitos.
Los tucumanos sienten este acontecimiento con orgullo, como también las riquezas que el cultivo de sus tierras le brinda: la caña de azúcar, esa industria que trajo muchos ingenios pero también, y el pueblo no se olvida, muchas injusticias en manos de los dueños de ellos.
En 1876 llega el tren hasta 1970. Se conectaba con Buenos aires y Rosario, el recordado Estrella del Norte, continuador del Ferrocarril Belgrano. A su vera crecieron pueblos y las franjas de hierro recorrían  ingenios trayendo un desarrollo inusitado de la industria azucarera con la modernización de sus maquinarias.
Entre Córdoba y Tucumán corría el Ferrocarril Central-Norte.
Desde octubre de 2014 la empresa estatal Trenes Argentinos operadora ferroviaria hace el servicio Buenos  Aires- Tucumán 
El cierre de muchos ingenios los obligó a buscar otras explotaciones, la tierra maduro en caminos de cítricos en especial el Limón del cual es el principal exportador del país y el segundo productor del mundo. Testimonia Rogelio Moreno “los cañeros venían de Santiago del Estero y Tucumán, venían con sus machetes que todavía se usa…hay máquinas pero hay algunos dueños que hacen cortar a mano porque es más barato”.
  La tucumana Mercedes Sosa cantaba a esas riquezas y a esos agobios: “Yo he visto a la luna buena, besando el cañaveral”.
Esta provincia norteña
 Mi lenta aproximación a los hechos me permite reconocer que allí nacieron varios protagonistas de la vida nacional , desde un presidente como Nicolás Avellaneda nacido en 1837 cuya casa natal es hoy el Museo Histórico de la Provincia hasta un general de la Independencia: Gregorio Aráoz de Lamadrid. El paisajista francés Charles Thays trazó el parque Centenario 9 de julio, César Pelli se fue a diseñar Las Petronas en Kuala Lumpur; el pianista Miguel Angel Estrella, torturado durante la década de los ´70, no se amilanó y fundó “Música Esperanza; Tomás Eloy Martinez rescató la historia del siglo XX y siguen los nombres, los músicos populares como Paz Martinez o “la bomba tucumana” y su tema “La pollera amarilla”.  Palito Ortega le cantó al changuito cañero en sus humildes juventudes.
 En la plaza Independencia la cabeza de Marco Avellaneda se fue pudriendo, decapitado por sus adversarios rosistas, marca de fábrica de los enfrentamientos que sacudieron al país en esas guerras del siglo XIX.
 La Universidad  Nacional fue fundada en 1914 por impulso del historiador Terán,  a la que acompañan hoy otras universidades.
En esa provincia se presentaron “uno de los primeros proyectos para reconocer el voto femenino ... Fue la propuesta , formulada en 1907, por José Ignacio Aráoz, durante la reforma de la Constitución de Tucumán, sin resultado”. “Esta reforma introdujo, además, en el art. 34 de la Constitución tucumana,  la reglamentación del trabajo de mujeres y niños en las fábricas, iniciativa de Terán” (Felipe Pigna) .
Todas las mañana se siguen conociendo las noticias del mundo a través de La Gaceta  el diario de papel  fundado el 4 de agosto de 1912. Y están los on line, redes, radios y circuitos de televisión en una provincia con una población de 1.448.200 habitantes según el Censo de 2010.
Los tucumanos caminan las peatonales de la capital, coloreadas por sus artistas callejeros y sus personajes urbanos.
Tucumán se mantiene a pesar de las crisis de algunos malos gobiernos, a pesar de la competencia turística que existe con las provincias vecinas, Santiago del Estero y  Salta.
Tres Arroyos ha recibido a sus compatriotas norteños en muchas ocasiones y para diferentes eventos. Algunos comprovincianos se quedaron en esta,  nuestra tierra de mar y trigo,  como Virgilio Díaz, Elsa Tarantella y su esposo Barrionuevo, los hermanos Moreno. Olimpia Correa deTróccoli, madre, doctora pediátrica, activa participante en los inicios de la dirección de Psicología, quedó en estas tierras recién recibida y dejó huellas para imitar.















Los caminos de la Independencia




LOS CAMINOS DE LA INDEPENDENCIA
Escribe Stella Maris Gil
Creo que cuando se termine el letargo que produce la época estival y cuando el trajinado  2015 con sus jornadas electorales y campañas políticas, dé paso al nuevo año, comenzaremos a darnos cuenta que hace 200 años otros argentinos firmaron un Acta donde declaraban “la independencia de las Provincias Unidas del Sud (así nos llamábamos) …del Rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli”, y posteriormente agregaban “y de toda otra dominación  extranjera”.
 De aquellos momentos varias actas originales  no se encuentran, pero a través de otros documentos, entre ellos “El Redactor del Congreso Nacional”cuyo registro estuvo a cargo de Cayetano Rodríguez, se conocen las actividades allí realizadas.
Supongo que habrá momentos para la celebración y también para la reflexión; para pensar el significado y la perdurabilidad que impulsó a esos hombres (no había mujeres en el recinto) a escribir y a aprobar lo que en largas jornadas discutieron.
Muchos nombres y hechos protagonistas de estos sucesos, quedaron en el olvido, otros fueron homenajeados colocando nombres y fechas en  calles y pueblos. Aquí nomás en Tres Arroyos tenemos por ejemplo las arterias bautizadas: Paso, 9 de julio, Laprida.
Este último apellido abunda,  existen  ciudades bonaerenses que llevan entre otras, el nombre de Rivera, Darregueira y Laprida.
A este último le tocó ser el presidente del Congreso en ese mes de julio de 1816. La reglamentación indicaba que todos los meses debía cambiar la presidencia y  ese fue su momento.
  Borges lo revive en “El poema conjetural” donde recuerda su trágica muerte el 22 de setiembre de 1829.
Transcribo algunos versos:
“Zumban las balas en la tarde última
Hay viento y hay cenizas en el viento
Se dispersan el día y la batalla
deforme, y la batalla es de otros”

Y más adelante escribe:
“Yo, que estudié las leyes y los cánones,
Yo, Francisco Narciso Laprida,
Cuya voz declaró la independencia
De estas crueles provincias, derrotado
De sangre y sudor manchado el rostro”

Borges en este  poema revive una época terrible de guerras civiles,  que deja desde Río Cuarto hacia el norte, campos arrasados, cadáveres,  viudas con hijos muertos en las batallas.
Rescato otro de estos versos:
“Al fin me encuentro
Con mi destino sudamericano”
Le hace decir a Laprida y pienso, (pues no soy una especialista en Literatura) que Borges tal vez, sentía ese destino latinoamericano,  la Patria Grande, esa que postulaban San Martín y Bolivar.

Pensar la patria.
Habrá que desgajar mucho esa primera década revolucionaria. Tenemos la imagen que leíamos de niños, vía Billiken de los diputados yendo en carretas, diligencias y a caballo hacia el Jardín de la República,  pero detrás de esa escena ¿qué pasaba por la mente de los protagonistas?; ¿cuáles órdenes gubernamentales llevaban y que tal vez les era odioso aceptar?; ¿Por qué pasaron tantos meses, de marzo a julio para estampar sus firmas en el Acta de la Independencia?.
Muchas preguntas, dudas, para hurgar en los documentos,  comprender el pasado en ese momento, en un ejercicio empático.
Entre los diputados  hubo 13 abogados, 7 sacerdotes, un médico militar y uno que era a la vez abogado y sacerdote: Saénz. Todos tenían mandato anual, por tanto habrán variado desde el 24 de marzo de 1816 en que se reunieron por primera vez, hasta el 17 de enero de 1817 fecha en que se trasladó el Congreso a Buenos Aires, ante los peligros de las fuerzas coloniales que eran contenidas por Güemes en el Norte mientras San Martín partía con su ejército hacia Chile a través de los Andes.
Cerró su actividad en 1820.
Las edades de los congresistas eran variadas. El mayor era Rivera que tenía 63 años y por ahí estaba el más joven Tomás Godoy Cruz, mendocino,  con solo 25 años. Amigo y colaborador del General San Martín y fundador de la Logia Lautaro en Mendoza. Cedió su casa para que Fray Luis Beltrán pudiera instalar la fábrica de pólvora para el ejército de los Andes. Se lo nota insistente en la necesidad de declarar la independencia, en coincidencia con los deseos del general.
Los congresales llegaron desde distintos puntos del territorio. Tuvieron dificultades los del Alto Perú, pero se solucionó con la elección de emigrados para poder representar a sus compatriotas en guerra. Tampoco fue la Banda Oriental y nuestras provincias del Litoral, dirigidas por Artigas en disidencia con el poder porteño, lo que fue uno de los capítulos a trabajar en todos esos años para lograr un acuerdo.
 Los diputados, en general provenían de las clases más adineradas, de escalas sociales altas.  Ninguno era descendiente de los pueblos nativos. Ninguno venía de algún rancho perdido en la pampa. Esta población al igual que en el Cabildo de 1810 no era tomada en cuenta, pero sí, los que eran propietarios o poseedores de alguna renta tuvieron que aceptar pagar impuestos para solventar los gastos del Congreso.
Gran responsabilidad la que asumieron, sentían al país desde sus diferentes geografías, desde lo telúrico del interior profundo, o desde el llano y el puerto,  con sus diferentes visiones de pertenencia a sus tierras. Imagino los resquemores entre unos y otros, las miradas de los del interior profundo y la de los porteños. Por eso el hecho de la Sede en Tucumán y de la mezcla de personalidades en un espacio tan pequeño valoriza los esfuerzos de nuestros compatriotas de esa época.
El Congreso en su Sala
No todo era levantar la mano, sonreír y quedar en paz. Muchos de los asistentes llevaban el mandato del lugar que representaban y querían imponerlo, por ejemplo el referente a la forma de gobierno donde existían ideas confusas. Unos pedían  establecer una monarquía constitucional, fuera de la Santa Alianza europea;  otros una monarquía temperada ejercida por un heredero del imperio incaico y por tanto llevar la capital de Las Provincias Unidas al Cuzco. Este proyecto causó un gran revuelo, gritos y frases violentas.
También se discutió acerca de establecer una república unitaria o una confederación republicana formada por provincias. Uno de sus defensores fue Tomás Manuel de Anchorena.
El sacerdote Fray Justo Santa María de Oro por otro lado expresó  con gran enojo que “para proceder a declarar la forma de gobierno era preciso consultar previamente a los pueblos”. Temperamental  amenazó con que no iba a concurrir más a las sesiones si la mayoría se inclinaba  por la monarquía.  El Congreso no acepta su partida y debe continuar.
Este tema fue quedando a un costado, fuera de debate y por tanto ni la monarquía, ni la república se pudo implantar a lo largo de esos años.
Solamente en 1819 ya con residencia en Buenos Aires se dictó la ansiada Constitución Nacional, que no fue aceptada por su carácter unitario y como dice  la historiadora Gorostegui de Torres “aristocratizante y claramente monárquica que no tuvo en cuenta la voluntad general de los pueblos y precipitó la crisis de 1820”.
Lo efectivo fue el  nombramiento de Juan Martín de Pueyrredón para continuar con el tipo de gobierno establecido desde la Asamblea del Año XIII que fue el Directorio. Se tomaron algunas resoluciones tales como el nombramiento de Belgrano en el Norte al frente del Ejército o el dictado de un Estatuto Provisional a falta de Constitución.

El compromiso de la independencia
Los jazmines tucumanos, a pesar de la incipiente floración invernal se habrán agitado en sus ramas cuando el 9 de julio de 1816 la voz potente de Juan José Paso secretario del Congreso, interrogó a los diputados a ver si querían la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata; todos los presentes dieron  el rotundo SÍ, sin abstenciones, ni ausencias ni votos negativos.  A propuesta de Pedro Medrano, nacido en Maldonado, Uruguay y diputado por Buenos Aires se agrega como hemos dicho en un principio la frase “y de toda dominación extranjera”.
En esa calle, hoy completamente urbanizada, muchos tucumanos participaron desde afuera, para conocer lo que ahí adentro pasaba. Dicen que algunos levantaron su sombrero, otros aplaudieron. Los pisos de ladrillos de la Sala soportaron las fuertes pisadas de los diputados.
Se había firmado la Independencia.
No pudieron concretar el establecimiento de una Constitución Nacional. Hubo que esperar hasta 1853.
Mensaje al futuro, para desmenuzar el término  Independencia, su significado e implementación en el tiempo argentino. Para enfrentar ese compromiso que muchas veces se tergiversa y que en ese momento los congresales lo tenían bien en claro.
 Fuera del Congreso lo pedía Belgrano y también,  San Martín el de la famosa frase “ Es más fácil declarar la independencia que soplar y hacer botellas” escritas cuando urgía a los congresales que definieran el principal mandato por el cual estaban reunidos.
Verdaderos visionarios ¿no?




Ciudad de la fidelidad


Ciudad de la Fidelidad




Son muchos los lugares que conservan con respeto vestigios del pasado, ya sea en escritos, imágenes, costumbres, edificios, canciones. Y se podría seguir con ese cofre del tesoro patrimonial.
A mediados del siglo XX el escritor Stefan Zweig se refería a algunas ciudades que “no solamente han protegido sus viejos monumentos contra la precipitada invasión de lo nuevo, sino que ha conservado exteriormente su fisonomía a, interiormente, su tradición de los siglos, con voluntad inquebrantable”. Se refería a Bahía del Brasil.
El sudeste bonaerense tiene también su tradición con algunos dolores que no dejan de calmarse, pero que pueda ser que permitan no acentuarse. Son pérdidas irremediables. En esta tierra de criollos, pueblos originarios e inmigrantes la historia se amasó y fusionó y sentó memorias.
Tal vez los habitantes de hoy cuando pasan por la galería llamada Paseo Español no se detienen a pensar el porqué de ese nombre.
Rasguña las piedras
Detrás de las paredes
que ayer te han levantado
te ruego que respires todavía.
Apoyo mis espaldas y espero que me abraces
atravesando el muro de mis días.

Y rasguña las piedras,
y rasguña las piedras.
y rasguña las piedras hasta mí.

Al hurgar las piedras, como dice ….. en su canción, tal vez se encuentren con las arenas del primer coliseo que tuvo la ciudad y que se derrumbó sin culpa, sin hacer mucho ruido, casi de repente. “Su última función fue el 31 de diciembre de 1969. El 2 de enero del año siguiente se empezó a destruir para luego edificar un futuro complejo edilicio…” (ver libro Entre los tres arroyos, de mi autoría, pag. 177).
Los españoles residentes se sintieron conmovidos y hubo que buscar otros lugares para encontrarse. Una búsqueda similar a aquella del 22 de enero de 1899 cuando se aprobó la construcción de la sede de la Sociedad Española de Socorros Mutuos, fundada el año anterior en la calle Colón 252, inaugurada en 1900 y a partir de allí pasó a ser el Hogar Común de los inmigrantes españoles. Dice La Hora que “en 1916 quedó inaugurada la espléndida construcción que contiene en la planta baja el Teatro Español” y arriba el Club que había sido fundado  el 5 de setiembre de 1915 primero como Centro Español y después como Club Español. A él me voy a referir.
El Club Español
Por supuesto con la llegada de la destrucción el Club debió irse de  Colón 252 junto con su biblioteca denominada Cervantes. A ella se refiere el historiador Salvador Romeo cuando expresa que “cuenta con más de tres mil volúmenes, número que continuamente se ve aumentado por espontáneas e importantes donaciones.
Agrega el diario La Hora en 1958 que “poseía un diccionario enciclopédico que se considera una reliquia” además de “donaciones de la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares”
 El club cuenta también con una discoteca muy variada, destacándose piezas españolas de mérito, muchas de las cuales fueron traídas por los socios directamente de la península. Tal el amor que hacia la Sociedad sienten sus allegados.
Siguiendo con la lectura del diario La Hora podemos agregar que “el reverendo Padre Angel de Arriandaga formó el coro “Buenos amigos” a 4 voces mixtas”. Al ser trasladado se hizo cargo del mismo Elba R. de Pagano “y del coro “Buenos amiguitos” que estaba a cargo del mismo sacerdote el joven Abel Omar Muguerza” profesor de piano que por esa época también partió de la ciudad.

“Dos destacados índices del prestigio y alcances del Club Español, son los bailes regionales y los coros mixtos a cuatro voces que han despertado el interés por verlos y oírlos en algunas localidades vecinas, particularmente en Bahía Blanca”. (Romeo, Salvador. Tres Arroyos. 1959).
Y La Hora comenta que también se enseñaban danzas folklóricas, “además de las tradicionales veladas que el Club Español realiza en nuestra ciudad, son muchas sus presentaciones en localidades bonaerenses vecinas y algunas bastante alejadas… . También los coros del Club han hecho oir su voz en audiciones de emisoras de Bahía Blanca”.

La planta Alta


Ya instalados se dieron muchas cosas.
Los coros de Hipólito Zubillaga Iturralde el vasco de Rentería, trabajador en el Club Español a través de la dirección de los coros “Buenos Amigos” y “Buenos amiguitos” a partir de 1965 (Gil, Stella Maris. Entre los Tres Arroyos. De la llanura a la ciudad).


jueves, 17 de marzo de 2016

Entre teros, indios y arroyos



¡Qué bueno que los chicos y jóvenes practiquen deportes!.
Entre ellos el rugby.
Un deporte especial, para algunos muy brusco, para los que lo practican, una verdadera pasión.
La importancia del mismo es que tiene un perfil de valores que no solo se enuncian sino que se incorporan en profundidad en cada jugador. Allí están la amistad, la humildad, la entrega, el respeto mutuo, la camaradería, la solidaridad el compromiso. Una verdadera escuela para los chicos.
Los rugbiers vibraron  en el año 2015 cuando Los Pumas se consagraron subcampeones mundiales jugando la final nada menos que frente a los All Blaks de Nueva Zelandia.
  En el mundial citado se evidenciaron esos valores, por ejemplo cuando Jerry Mc Law juntaba los botines de sus compañeros después de un entrenamiento o Dan Carter hacía de aguatero o Bill Willians se desprendía de su medalla de oro maciza para regalársela a un niño que corrió a abrazarlo.
Por tantos motivos, muchos veteranos siguen ligados al rugby con su entusiasmo y el recuerdo de todo lo que fue ese mundo deportivo.
Hay diversas categorías: desde los chicos de cuatro años, hasta los sexagenarios. Las reglas se adaptan a cada una de ellas, sobretodo a las infantiles. Hasta los quince años no son competitivos, son a modo de encuentros.
Curu Agel
Es tal vez, de acuerdo a los datos conseguidos,  el nombre del primer club de rugby de Tres Arroyos.
Me permito transcribir textualmente el testimonio de Popi Guido: “Los comienzos del Rugby en nuestra ciudad datan de mediados de 1950 con la conformación del primer equipo oficial que recibiera el nombre  de Curu Agel en honor al último cacique indio que viviera en la región.
En las aulas del viejo y querido Colegio Nacional, en la segunda cuadra de la calle Chacabuco, surgió la idea de formar un equipo para enfrentar entre otros, a los muchachos de la Escuela de Artes y Oficios (la ENET N° 1)
Con no muchos fondos y un enorme entusiasmo, Fico Sequeira, Bilbao, Popi Guido y algunos más, juntaron lo necesario y se encargó a la Capital Federal un moderno juego de camisetas mangas largas con hombreras y coderas, bolsillos especiales y otros aditamentos, a rayas verticales azules y negras y a la altura del corazón la efigie en negro que simularía la faz de Curu Agel.
El recordado y venerado profesor Hiram Stefanini introducía la práctica seria de este deporte.
Los conocimientos no eran muchos pero se contó con una ayuda inestimable. El doctor López Godoy (presidente del Tiro Federal Tres Arroyos) era un enamorado de “la guinda” (la pelota ovalada) y se ofreció a dar clases. Fue así que todos los sábados a las dos de la tarde, los incipientes jugadores se reunían con López Godoy en el desgraciadamente demolido Teatro Español y allí se pasaban películas del Rugby francés, uno de los mejores del mundo en aquella época y el doctor traducía y explicaba adquiriéndose los pasos elementales para tan viril y apasionante deporte. De los dos colegios secundarios llegaban los pibes y luego vinieron los partidos locales y con algunos equipos de la región.
El máximo logro vendría luego en 1985 cuando Costa Sud lograra el campeonato de Primera de la Unión de Rugby del Centro…Todavía guardo la camiseta, con pasto verde y todo, con la que jugué el último partido hace ya más de 60 años”.
EL IMPULSO DE LA GUINDA ES CONSTANTE
La guinda nunca dejó de moverse a pesar de los cambios de lugar, de nombre, de chicos que participan y luego dejan por estudio o trabajo, aunque siempre aparecen nuevos entusiastas.
El testimonio de Carlitos Álvarez indica que el primer entrenador que tuvieron fue Quiroga. “Entrenábamos en la cancha de Quilmes en la avenida Moreno y República del Líbano, allá abajo. Esa manzana era la cancha de fútbol de Quilmes, no teníamos ni nombre, iban Mariano Liébana, Cachi Errazti, Vignes, Pagano, éramos un montón de rejuntados. Y jugamos un partido con Náutico de Necochea en la cancha de Villa del Parque. Ese fue el primer partido”.
Después vinieron “Los Indios” y Cumelcán. Los primeros provenientes de las aulas del Colegio Jesús Adolescente y los segundos de diversos colegios. “El entrenador de Cumelcán –aporta Alvarado- fue Emilio Chedrese, al que luego le continuó Fuljo Lejárraga”.
Explica Alvarez: “El Grappa (Jorge Grapassono) siempre nos hablaba del rugby. En el colegio citado estaba nuestro profe de historia que era Pichi Azarri,  jugador de rugby en Buenos Aires. Con él empezaron Los Indios ” junto al entusiasmo del Padre Araza… “Pichi nos sacaba de saco y corbata, impecables, debajo llevábamos la camiseta y el escudo. Lo había diseñado Pedrito Seguí con la imagen de un indio. Era un artista muy famoso que venía a trabajar con Constanzo” . “Nosotros el primer tiempo jugábamos  (debe haber sido más de tres años) en Colegiales, íbamos con el Pichi y también entrenábamos  en el patio del Colegio, hasta que hicimos la cancha en la quinta de los curas”.
“Ahí empezamos hasta que nos fuimos a estudiar y ahí se perdió”. “Quedó una sexta división “que entrenaba el Grapa que duró creo que un año más que estaban Cachi Errazty, Campaña, el hijo de Quiroga”. Fueron campeones en la Unión de Bahía Blanca”.
Pero nada muere si hay pasión y ya para fines de los 70 Costa Sud tenía su equipo por impulso de ex rugbiers que vinieron a radicarse en la ciudad. Trabaron relación con los que eran del lugar y juntos arrancaron nuevamente. Allí estaban entre los llegados el “Zorro”(Zorrilla”) o el bioquímico Tony Pagniez, o el gordo Adaro.
 Entrenaban en la cancha de fútbol del club a los nuevos muchachos, frente a las tribunas. Trajinaban sin pausa. hicieron de albañiles, pintores, carpinteros, marcaban la cancha, construyeron vestuarios, hasta armaron el Scrum Bar debajo de las gradas, donde se realizaba el Tercer Tiempo que en idioma rugbístico significa el encuentro social después del partido donde los locales agasajan a los visitantes. Y ahí estaban las familias preparando sandwichs, sirviendo jugos, o en otro momento realizando comidas para vender y juntar los fondos que se necesitaban para viajes y mantenimiento o ayuda para los que no podían completar su equipo. Aunque hay que destacar que todos ponían de su peculio para evitarle gastos al club.
Brillantes jornadas con visitas de otros clubes, llevando en alto aquello de que “jugar CON no jugar CONTRA”.
Si bien como dice Raúl Alvarado, es un deporte de “choque” pero “sin mala fe”, “no podés practicarlo si no querés al otro”. Hay que respetar la  palabra del árbitro, sin quejas directas pues el único que puede plantearlas es el capitán del equipo.
Pienso en los aplausos y en las adolescentes con sus bufandas aplaudiendo al juego o tal vez al jugador.
EL SUEÑO DEL CLUB PROPIO
De Costa Sud derivó el club “Los Arroyos Rugby club”, nombre surgido en la mesa de café de la confitería La Perla.
Alguien dijo –¿Y si le ponemos Los Arroyos?- Y allí empezó a rodar el sueño del club propio.
Era la época del intendente Jorge “Cocorolo” Foulkes quien les dio en comodato un predio  en el Parque Industrial. Y allí fueron los dirigentes, entre ellos Clerch con sus hijos a levantar paredes de adoquines y ladrillos. Explica Carlitos “El techo estaba guardado y pagado pero no lo llegamos a poner era madera y chapa”. Colocaron la H que son los arcos, bien sólidos construidos con el aporte del “Pichi” Azarri. Se veían altaneros desde la ruta 3. En las reuniones de dirigentes idearon el escudo de la Institución, donde colocaron un TERO, inspirados en esos tantos que había, cuando se hicieron cargo del campito.
El Parque Industrial comenzó a crecer y ese fue el lugar destinado a la Maltería Quilmes, por lo que hubo que retirarse e irse al Club Huracán.
Y siguió el deambular. Lawn Tenis por ejemplo hasta las actuales organizaciones.  

La pasión que no se corta
…Y continúa…
El rugby se encarna en la región. Tal vez tendríamos que abarcar varias páginas de La Voz del Pueblo. Pero es imposible por ahora.
Hoy, 2016 están el Tharc y el club de Cazadores en Tres Arroyos. Ambos pertenecen a la Unión de Rugby de Bahía Blanca. Dice el Chango Conde: “Tienen categorías de dieciocho para arriba. Han salido campeones varias veces, en cambio el Tarc le ha dado muchísima importancia a los infantiles. Apuntan más al rugby formativo”. Ambos tienen planes futuros. Son vecinos, uno en su club, el otro en la Quinta de los Curas, como antes.
 Los jugadores, chicos o grandes saben que lo importante es competir, y que esto no es una mera frase, que hay que privilegiar el concepto de equipo, que implica un sentimiento común en el momento de salir a la cancha, una sola cabeza, entre quince muchachos.

Carlitos Alvarez resume el rugby, a través de su propia vida de jugador, entrenador, dirigente: “Mis hijos juegan al rugby. ¿Sabías que en una oportunidad jugamos los tres juntos?”…