lunes, 15 de febrero de 2010

Mis artículos de historia regional

En el Bicentenario

¿VAMOS AL CINE?
Escribe Stella Maris Gil
IR AL CINE ERA EL PASEO OBLIGADO DE MUCHOS TRESARROYENSES. SU ÉPOCA DE ESPLENDOR CASI OCUPA TODO EL SIGLO XX. HOY LAS SALAS ESTÁN MENOS CONCURRIDAS

A mediados del siglo Tres Arroyos contaba con tres cines: el Americano, el Tortoni y el Cine Teatro Español que diariamente se poblaban de cinéfilos. El Politeama, hoy teatro Manyanet ya había ido perdiéndose en el tiempo.
La gente recuerda esos paseos. Las voces de don Juan Berreti, de Hermes Rodríguez o Ricardo Iturralde ayudan a reflejarlos.
Documenta Juan Pedro Berretti que “el cine Tortoni nació en 1908 por iniciativa de Pedro Raposo y un grupo de amigos que lo acompañaron en el emprendimiento. En sus comienzos funcionó en un local situado en la primera cuadra de la calle Hipólito Irigoyen, hoy un negocio de electrodomésticos, Merlino. Don Sebastián Costa, que era el suegro de Raposo, decidió colaborar con la empresa y en 1918 cedió los terrenos que el cine ocupa en la actualidad sobre la calle Colón. El Teatro Cine Tortoni estrenó edificio nuevo el 27 de diciembre de 1923.
El “Gran Cine Americano” ex Royal, ex Teatro Bar Americano era el cine popular por excelencia y su sala era la más grande de las tres. Tenía un pequeño escenario y 4 camarines para compañías de segunda categoría y varietée con capacidad para 800 espectadores.
El vienes era el día popular. Hacia allí llegaban los trabajadores muchos de ellos de Istilart, en su época de apogeo. Gozaban “las cintas” de aventuras en función continuada y en algún tiempo proyectada en episodios durante cuatro o cincos semanas. Prohibido faltar, no era cosa de quedarse sin saber el destino del “bueno del muchachito” frente a los asesinos y del acostumbrado desenlace feliz.

Los días miércoles Gardel ocupaba la pantalla. La gente se identificaba con el ídolo. Con sus vivas y aplausos exigía vuelta atrás de algunas escenas para poder gozarlas nuevamente. Y el operador atendía los ruegos
El Cine Teatro Español, era el orgullo del pueblo por su arquitectura. Desapareció luego de su última función el 31 de diciembre de 1969. El 2 de enero del 70 se empezó a destruir para luego edificar el proyecto de complejo edilicio futuro, cosa que no se concretó. Las causas son tantas y tan complejas que no es el caso citarlas aquí.
El Español fue una joya arquitectónica, una sala pequeña con capacidad para 380 plateas; 24 palcos balcón; 4 palcos avant-scéne; galerías; 14 camarines.
El 21 y 22 de julio de 1949 actuaron Miguel de Molina y en 1963 lo hizo Mario Valdez con una compañía formada al respecto, con el gran baterista local Gilberto Balón entre otros. Variedad de espectáculos para todos los gustos. Llegaban compañías nacionales e internacionales encabezadas por ejemplo por la maestría de Alejandra Boero o las compañías de Ballet. Todavía vibra el aire con los cantos de Nicola Pavone el italiano en gira por el país que se brindó todo y hasta en los intervalos pasaba para el Americano a regalar su voz. Podía hacerlo porque entre ambos cines había una medianera con una puerta, “se pasaba por abajo del escenario del Americano y se reaparecía en la sala”.
Hasta que no llegó la calefacción el frío traía problemas. Era necesario llevar alguna manta para evitarlo. Cuando se corría el telón del Español la correntada congelaba a los espectadores. La tecnología solucionó todo.
Era difícil que los vecinos que iban al Tortoni o Español fueran al Americano. Este –decían- era más popular. Hubo veces que la venta de entrada superó el número de butacas lo que obligó a poner sillas en los pasillos y permitir que se sentaran en los rollos de las alfombras. Y ahí sí a gozar con los artistas preferidos, el gordo Porcel, el negro Olmedo y las provocativas mujeres que los acompañaban.
Al cine Tortoni al decir de un artículo del diario La Hora del 8 de julio de 1935 se lo llamaba “la sala aristocrática”. En el Archivo de Hermes Rodríguez encontré una publicidad de 1924 de La Voz del Pueblo que también dice que el Tortoni era “el cine más elegante, suntuoso y aristocrático de la provincia, dotado de comodidades ultramodernas y de ventilación especial”. Estas diferencias entre las tres salas quedaron en el imaginario tresarroyense.
Es irrepetible
El cine fue la salida por excelencia para todas las edades. En la actualidad hay un solo cine en Tres Arroyos que de la mano de su actual propietario mantiene la magia de aquellos tiempos, eso sí, sin grandes aglomeraciones. Quedan de aquel viejo Tortoni butacas, mármoles, molduras, pisos, la reconstrucción fue precisamente como su nombre lo indica: construir y conservar. “Pusimos la antigua escalera al revés –dice Iturralde¬- dimos vuelta los antiguos mármoles. El mármol de Carrara se gasta de tantas pisadas. Los descansos son de mármol de la escalera original. El granito negro que está en el exterior son los que eran el piso de la entrada; las butacas fueron recicladas”.
En la etapa del empedrado o del asfalto el cine fue y es para muchos una PASIÓN.
(FRAGMENTO)












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