domingo, 26 de octubre de 2014

Ladrillo sobre ladrillo

LA MEMORIA
26.10.2014 : ESCRIBE STELLA MARIS GIL
        

Luces tenues, poco tránsito.
Casas señoriales, sin torres de departamentos, hoteles, negocios, colegios. Casas nuevas, otras desaparecidas, tiempos que se confunden, vecinos que se quedan o se han ido, del empedrado al asfalto.
Breve presentación de las primeras cuadras de la calle Chacabuco de Tres Arroyos.
Arrancó a poblarse frente a la estación del ferrocarril. De un lado de la vía estaban varias casas de ferroviarios, parte del barrio de los leoneses y para muchos lejos del centro como escribí en mi libro "Recuperar la memoria". Ahora esa memoria me lleva a transitar el otro lado, las cuadras que van de Rivadavia hasta Ituzaingó.
Por allí se hospedaron el príncipe Bernardo, en el lujoso Plaza Hotel, el mejor de mediados del siglo XX y Gardel en una de sus tantas venidas.
El clásico hotel La Catalana sigue en pie.
En 50 años ha cambiado el paisaje urbano y muchos ladrillos se vinieron abajo y se colocaron otros con nuevas fachadas.

Todo cambia
Debe costar esfuerzo a la muchachada de hoy sentir que tras las puertas hubo otras resguardando sentimientos, ansiedades, ilusiones. También debe costar imaginar que nada se hizo de repente, ahora y al instante.
Chacabuco, denominación sanmartiniana, se inicia en Rivadavia. Rara confluencia entre el Libertador y el gobernante que fue remiso a colaborar económicamente en la campaña tras los Andes.
Hay lugares que aún están presentes como la estación de servicio que perteneció a Bonjour y la casona de María Inés Di Salvo. En la vereda de enfrente ya no está la entrada al templo Masón, que según los niños de ayer les provocaba cierta sensación de magia cuando pasaban por el Nº 18. Fue una verdadera reliquia, en cuanto a sus contenidos, con todos los atributos exigidos por las logias, un archivo y sus símbolos rodeados por un cielorraso azul estrellado. La masonería tuvo importancia en el desarrollo de la ciudad, ya desde 1910 las logias formaban parte de algunas actividades en la región, entre ellas la Hiram. El templo se fue, la piqueta dio paso a otros edificios y perdimos algo vital de nuestro patrimonio.
En esa cuadra estuvo una de las primeras veterinarias de Tres Arroyos: Rouede y cerquita la florería Gastaldi. Quedan en la memoria imágenes tales como los dos gallegos que trabajaban de serenos en Casa Galli, hoy el Banco Creedicoop, que solían verse en la vereda todas las tardes, frente a la torre de la fotografía La Moderna de A. Valsangiácomo.
El sólido edificio construido por Samuel Lombardi preside el encuentro con Betolaza; en la planta baja atendía su farmacia después Gagliardi.
Llama la atención la existencia de tres farmacias en pocas cuadras, puesto que más allá funcionó la de Sutric, luego Schena, y cuadras más adelante la Franco Argentina, que en una época dirigió la farmacéutica Elvira Simonetti.

Los tiempos se mezclan
En el 200 estaba la casa Fichman. Muy atrás en el tiempo vivió el doctor Posse Querejeta, quien luego lo vendió a los Fichman que allí instalaron su depósito, hasta que compraron el predio del bar Marín, al lado. "Ahí pusimos el local de ventas". Saúl narra un hecho curioso que sucedió en este último local, "cierta vez vino una mujer y pidió recorrer la casa y dijo: yo soy nieta de Sebastián Costa". Efectivamente, en el vitraux de la puerta cancel estaban las iniciales de su antepasado.
Fichman cerró su local en el nuevo milenio.
Se perdieron las gruesas mayólicas, los vitraux de los interiores y algún mensaje al futuro, enterrado por una de las muchachas del Marín aferrada a la historia de ese lugar.
Quedó en el imaginario aquello de que "Todo lo que no se encontraba seguro estaba en lo de Fichman. Había de todo, golosinas, bazar, papelería lo que buscaras".
Dice Marta: "El barrio extrañó mucho el cierre, te quedabas sin algo"
Imaginar a Ignacio Rucci en bicicleta repartiendo diarios y atendiendo su pequeño negocio de armado de cuadros hasta que pudo trasladarse al 300.
Sentir a los hermanos Conese en el 500, Alfredo y Chocha con cortes y peinados frente al último cambio de la vidriería Eveleens y la frase clásica entre ambos: "A ver cómo quedó!!!".
La señora Asef, con El Gaucho, en esa esquina hoy derrumbada conociendo el gusto de cada cliente.
Y el Bar El Ombú, donde se hacían los inigualables sandwichs daneses. Don Teodoro Sahagún se lo compró a Larsen y su clientela varió, tenía ocupada constantemente las mesas, entre ellos dinamarqueses. También tenía parada en el lugar la empresa Río Paraná con servicio de almuerzo y cena. Pasado el tiempo se hizo cargo su hija y su yerno Miralles, que siguieron la tradición de calidad.
En esas pocas cuadras había de todo, en diferentes época, los mellizos Rodera, uno con florería otro con bicicletería; los Altieri y su electricidad, el Bar Chacabuco de Barrientos, el negocio de Shell con su encargada Irma Monedero.

Si las veredas hablaran
Chacabuco se destacó por sus centros educativos, como fue la Escuela Profesional de Mujeres que en su momento dirigió la señora del diputado Regot. Y en el 138 el Colegio Nacional formó a infinidad de jóvenes desde 1930. Al trasladarse a su actual destino le siguió el colegio primario Manuel Belgrano.
Los sastres vistieron a los masculinos como Cordisco o Poteca.
Y un inmigrante italiano Ravella casado con una Perusín tuvo su tintorería a quien sucedió su hija.

El crimen de la calle Chacabuco
Hubo en el barrio momentos conmocionantes.
Fue en la madrugada del 18 de enero de 1959, 5 de la mañana, Bar Marín en Chacabuco 254. Era la hora de la llegada del carro del lechero. Al ver la persiana levantada penetran dos de sus parroquianos para pedir una copa de la leche fresquita.
Venían mal, con enfrentamiento callejero por viejas cuestiones personales. Sus oponentes ven que hay luz, levantan la persiana y se prolongan los empujones e insultos. Salen a relucir revólveres. Humberto Alfredo Tersano fue el más rápido y parten dos tiros de su calibre .38 largo uno de los cuales entra en la parte lumbar de Ramón Salgueiro que muere poco después.
Tiempo después el homicida es absuelto de acuerdo al artículo 383 del Código Penal. Durante el juicio se había realizado un amplio interrogatorio a los testigos convocados entre ellos "al dueño del lugar, a Roberto Oscar Rivera, a Larroca, a Osvaldo Alfonso Sommax, a Domingo Blas Messi y a José Guillermo Gauthier". (Diario La Voz del Pueblo 7 de abril de 1959).
Lo demás fue leyenda.
El bar siguió siendo parada de ómnibus y espacio de distracción hasta que cerró definitivamente.
No todos andaban a los tiros, fue un hecho ocasional, mientras tanto muchos vecinos buscaban embellecer y hacer más confortable la vida del barrio.

Amigos de la calle Chacabuco
Así fue como algunos vecinos "concretaron y llevaron adelante el propósito de dotar a la misma de luces en base a mercurio" y que "tras una reunión que tuvo nutrida concurrencia" (archivo de la audición "De todo un poco" de Ricardo Fernández, 17 de julio de 1978) convinieron en organizarse incluso con la redacción de estatutos.
¿Qué se proponían?: el nuevo arbolado con plantas del árbol de judea "que han de colocarse en lugar de los existentes actualmente, teniendo la ventaja aquellos, según se dice, por su tipo, de no ofrecer los inconvenientes de los actuales que, con su ramaje, obstaculizan la buena visión de los letreros luminosos colocados y a colocarse".
Además proyectaban "reforzar la iluminación existente mediante la colocación de más columnas, hacer más uniforme la conformación de las veredas, colocar recipientes que dotados de cierta elegancia, sirvan como papeleros; también macetas adecuadas con determinadas plantas y hasta conversar con propietarios frentistas, en aquellos casos que los edificios no ofrezcan buen aspecto exterior", como ornamentar vidrieras y "en síntesis, impulsar el progreso general y particular, sin dejar de lado la feliz circunstancia de que después de muchos años, abierto el paso a nivel existente poco más allá del cruce con Pedro N. Carrera ha de incrementarse sensiblemente el tránsito de vehículos".

La comisión
La comisión era presidida por Rubén Darío Latorre, acompañado por el vice José Pequeño, el secretario Juan Barrionuevo y Magdalena González como tesorera.
Como un eco de aquellos deseos, entrado el nuevo milenio, la Comisión Municipal de Patrimonio destacó a varias familias de la ciudad por la conservación de las fachadas de sus edificios. Uno de ellos estaba en la calle Chacabuco y 9 de julio. Me refiero al Bazar El Mundial.
Los nombres se mezclan, también las épocas, mis disculpas por omisiones provocadas por el espacio, pero en síntesis Chacabuco sigue siendo una auténtica calle tresarroyense.







 

1 comentario:

  1. Hace mucho tiempo que falto de la ciudad. Me fui a estudiar en 1960 y no han sido frecuentes mis regresos. Sin embargo, la memoria de la niñez y la adolescencia, al ser la que permanece más viva cuando uno llega cierta edad, hace que sus imágenes estén relacionadas a la ciudad donde nací. Me llama la atención las pocas referencias a la cuadra del 100. En la esquina con Betolaza estaba La Pampa que inicialmente antes de ser cooperativa ya en el siglo pasado fue un almacén de ramos generales propiedad de mi bisabuelo, Marcos González, en sociedad con Sebastián Costa y Manuel Hurtado (también eran propietarios de los almacenes de Aparicio, El Perdido y Coronel Dorrego; mi abuelo Baltasar Hurtado, lo fue del de Vázquez). En esa misma vereda vivía la Tía Rosario, hija de Don Sebastián Costa y casada con Hurtado. El edificio contiguo donde funcionaba el Colegio Nacional, era de su propiedad. En la acera de enfrente estaba la casa de la Tía Otilia Marolle de Hurtado; en esa cuadra vivieron otros parientes (entre ellos mis padres, a fines de la década del ’30, en una casa de dos plantas que estaba llegando a Hipólito Yrigoyen). Formaban parte de una manzana con presencia familiar (a la vuelta, por Betolaza, los Barrós Hurtado en la esquina con 25 de Mayo, seguían los Ruiz Hurtado y luego, en el 256, mi abuela, Elvira González de Hurtado, que en 1959 a las 75 años de la fundación de la ciudad, fue homenajeada como la vecina más antigua: ya estaban en Tres Arroyos antes de la fundación). Tal vez sean historias un poco más viejas pero también merecen ser recordadas.
    Atentamente, Ing. Alberto Ford Hurtado

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